El abrazo en el que se han fundido Don Juan Carlos y Don Felipe, un gesto entre «Reyes»
El abrazo en el que se han fundido Don Juan Carlos y Don Felipe, un gesto entre «Reyes»
Sanciona su propia abdicación

La España moderna vive un cambio de trono: Juan Carlos I pasa a la Historia

Con 76 años, el joven que juró el 22 de noviembre de 1975 servir al pueblo español echa su última rúbrica para lo que considera otro gesto en pro de su país: ceder la Corona a su Heredero, a quien definió como «el mejor preparado» para ser Monarca

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Aletean en el retrovisor motivos de abdicación como la avanzada edad y el «averiado» estado de salud de Don Juan Carlos y la instrucción a punto de concluir del juez José Castro del «caso Nóos» con la imputación de la Infanta Cristina y su esposo y yerno del Monarca, Iñaki Urdangarín. También han cifrado como clave de la decisión tomada por el Rey de España el único argumento que él mismo mentó en su mensaje de comunicación al pueblo de su voluntad de abdicar, el pasado 2 de junio: el anhelo de ceder «el protagonismo a una nueva generación» representada por Don Felipe y la buena imagen de la institución monárquica que proyecta. Felipe VI será el nuevo Rey cuando las manitas del reloj marquen las doce de la medianoche del 18 al 19 de junio y el BOE publique la Ley Orgánica de Abdicación, auspiciada por Juan Carlos I con su anuncio, refrendada por las Cortes españolas y que ha sancionado el propio Don Juan Carlos esta tarde a las 18.00 horas. Echa su última rúbrica para lo que considera otro gesto de servicio al país: delegar la Corona en su vástago, al que definió como «el mejor preparado» para ser Monarca y él pasa a la Historia. [ Así hemos contado en ABC.es en directo esta ceremonia]

La ceremonia de sanción y promulgación de la ley se ha vivido desde la llegada al Palacio Real de Juan Carlos I a las 17.45 horas de esta tarde, recibido con el himno nacional, 21 salvas de honor y los aplausos de la ciudadanía congregada a las puertas de la Plaza de Oriente. Este acto ha hecho efectiva la renuncia del que ha sido Rey de España desde su juramento y proclamación el 22 de noviembre de 1975, 48 horas después de expirar Francisco Franco, hasta esta otra fecha histórica, 18 de junio de 2014. Serán esas datas las que se especifiquen desde hoy en los libros de Historia como apéndice del nombre de quien fue una figura clave de la Transición hacia un sistema plenamente democrático, junto a otros, como su amigo ya fallecido y primer presidente en régimen de completas libertades Adolfo Suárez. Los amantes de esos almanaques, retazos de la Historia contemporánea, escribirán Juan Carlos I Rey de España (1975, 2014) y abrirán el paréntesis preceptivo para Felipe VI (2014,-).

A la ceremonia de hoy han asistido en calidad de invitados institucionales unas 200 personas, entre representantes del Estado, los tres padres vivos de la Carta Magna, los ponentes de esa Constitución de 1978 y todos los presidentes autonómicos con la salvedad del catalán Artur Mas y el vasco Iñigo Urkullu. Ha sido notoria la ausencia de la hija de Juan Carlos I, Doña Cristina, por los motivos citados, pero han arropado al Rey su mujer, Doña Sofía, su nuera Doña Letizia, y sus dos nietas, las Infantas Leonor y Sofía, al cargo de Doña Elena.

Don Juan Carlos todavía como soberano ha dejado visible su emoción momentos antes de firmar el final de su reinado, 39 años después. En el abarrotado Salón de Columnas del Palacio Real, Gabriel Sistiaga, jefe adjunto de Protocolo de la Casa del Rey, ha introducido la ley de una sucesión monárquica por primera vez en democracia, una norma a la que ha dado lectura Jaime Pérez Renovales, subsecretario del Ministerio de Presidencia del Gobierno de Mariano Rajoy. Don Juan Carlos ha escuchado con atención, salvo un momento en que ha tenido una conversación cómplice con Don Felipe, sus propias palabras de abdicación del pasado 2 de junio en boca de Pérez Renovales. En ese mensaje vindicaba que su hijo «encarna la estabilidad» del país y alegaba que él ha querido, durante casi cuatro décadas, ser siempre «el Rey de todos los españoles». El Rey abraza a su hijo la concluir el acto y le cede la silla que corresponde al Monarca

Acabada la lectura de la normativa y con todos los presentes de pie, Don Juan Carlos ha sancionado la norma que pone fin a su reinado y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha rubricado el documento de manera solemne. El abrazo con su hijo, Don Felipe, a quien ha cedido el lugar protocolario que correspondía al Rey tras la firma como símbolo del traspaso, el beso de agradecimiento a Doña Sofía, y el himno nacional que han sonado en la sala, han sellado el breve pero emotivo acto.

Ceremonia, fórmula y hechos excepcionales

A diferencia de países como Holanda y Luxemburgo, España no es un país habituado a procedimientos de abdicación; es un hecho y una fórmula absolutamente excepcionales, ya que solamente se cuentan seis casos en los últimos siglos y el último fue el de Alfonso XIII en 1941. El abuelo del Rey legó el trono a su hijo Don Juan de Borbón, conde de Barcelona, padre del Rey, aunque como se sabe solo reinó en el exilio, no en España, donde también dejó la Corona a su descendiente. El nuestro tampoco es un país que haya asistido embelesado alguna vez a fastos de entronización o coronación como los solemnes que legitima la opinión pública en otros, como en Reino Unido. La Constitución de 1978, ésa ante la cual por primera vez mañana un Rey español jurará su cargo, solo contempla la fórmula de la proclamación. El nuevo soberano asumirá la Jefatura del Estado con una ceremonia austera y poco ostentosa, con una prolongación de no mucho más de cinco horas.

«No es incompatible la filosofía de los actos con la solemnidad y la dignidad que requieren unos acontecimientos históricos con la cercanía y la decisión de celebrar la proclamación del nuevo Rey con los ciudadanos que asistan a los actos en las calles de Madrid, engalanadas para la ocasión», considera Moncloa y lo ha puesto en boga la alcaldesa de la capital, Ana Botella, que ha llamado a participar en la fiesta de la transición monárquica en numerosas ocasiones durante los últimos 16 días en que España ha vivido un cambio de trono.