Morir de éxito

El tirón de As Catedrais supone un «grave riesgo» para la playa

En los picos de mayor afluencia, la cifra de visitantes puede pasar de los 20.000 para una playa de 1 kilómetro. Los expertos alertan de que más allá de los dos o los tres mil visitantes, el impacto puede ser «irreparable»

Turistas de todas las nacionalidades se dan cita cada fin de semana en la pintoresca playa de As Catedrais
Turistas de todas las nacionalidades se dan cita cada fin de semana en la pintoresca playa de As Catedrais - m. muñiz
PATRICIA ABET - Lugo - Actualizado: Guardado en: Galicia

Echando la vista atrás, unos veinte años en el tiempo, pocos eran los afortunados que conocían la playa de Augas Santas. La silueta de las grutas que el mar labró durante miles de años en sus piedras le otorgó a este arenal lucense el sobrenombre de As Catedrais y, también, una fama que le llegó de golpe y por sorpresa. Fueron las publicaciones en algunos medios especializados de carácter internacional y, posteriormente, en portales de viajes como Tripadvisor las causantes del conocido ya como fenómeno de As Catedrais. Y es que de ser un enclave tranquilo que solo era visitado por foráneos y por los venareantes más asiduos a la Mariña, la ancestral Augas Santas pasó a ser un auténtico templo de peregrinaciones. El fenómeno generado por el interés que conocer este monumento natural despierta en turistas nacionales e internacionales es bien conocido por el alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez, que no albergas dudas a la hora de sentenciar que quienes ahora viajan a Galicia lo hacen para conocer la Catedral de Santiago y As Catedrais de Ribadeo.

De ahí que las colas para acceder a esta pequeña playa, de poco más de un kilómetro y medio de longitud, se dilatasen la pasada Semana Santa durante más de dos kilómetros. La estampa, inusual hace tan solo un lustro, se convierte ahora en una advertencia en toda regla de cara al verano. De entrada, aseguran desde el concello de la localidad de Ribadeo, porque los servicios de vigilancia no serán suficientes para canalizar la cantidad de público que un fin de semana del mes de agosto puede llegar a recalar en este punto de la costa. Además, los accesos podrían colapsarse tal y como ocurrió el pasado puente festivo, lo que además de complicar la circulación a propios y ajenos da una imagen de masificación que en Ribadeo tratan de evitar a toda costa.

«Si la entrada al público a la cuevas de Altamira, cuando están abiertas, no es indiscriminada, aquí tampoco puede serlo», advierte el regidor del municipio. Como primer paso para frenar una saturación que en quince años podría deteriorar de manera irreversible el arenal, desde el concello proponen realizar un estudio de campo que determine el número de personas que As Catedrais puede albergar al cabo de un día sin que el medio natural se vea perjudicado. Por lo de ahora, más de 20.000 personas han llegado a visitar sus grutas y acantilados en un período de 24 horas. Una estadística que asusta a los protectores de este paraje declarado Lugar de Interés Cultural. «Nos da mucho miedo que lo que la naturaleza tardó miles de años en perfilar en pulir se estropee ahora por la degradación de las pisadas de la gente, que podrían incluso acabar con el entorno», sostiene el alcalde.

Siempre generamos impacto

Consultado acerca de esta inusitada invasión de público, Rubén Lois, catedrático de Análisis Geográfico Regional, insiste en que lo más importante es tomar medidas de protección que estén muy vinculadas al concepto de capacidad de acogida. Y es que, según el experto, «las personas que llegan, solo por el hecho de llegar, provocan dos efectos en el arenal». El primero de ellos —ejemplifica— es que están pisando el entorno y produciendo alteraciones y desplazamientos dentro del arenal y modificando un proceso de formación geomorfológica natural con miles de años.

El segundo, comenta Lois, es que la gente se desplaza normalmente en vehículos a motor y los coches son contaminantes y emiten sustancias químicas que afectan a la formación rocosa. De ahí que lo normal sea evaluar el número de personas que pueden visitar este paraje, teniendo en cuenta que los seres humanos «siempre van a generar impacto». «Lo recomendable es medir el máximo permitido y a partir de ahí regularizar el uso. Además hay unas metodologías que compañeros de ciencias ambientales tienen muy trabajadas y que probablemente indiquen que a partir de dos o tres mil personas no puede llegar más gente porque el impacto que se puede generar si esto no se cumple es irreparable», enfatiza Rubén Lois. Las particularidades de As Catedrais también juegan en su contra. Si fuese una playa al uso, su mantenimiento sería más sencillo pese al elevado número de visitas. El problema en este caso es que los seres humanos no pueden estar en espacios o en monumentos naturales como este enclave de forma incontrolada.

Una postal abarrotada

Los profesionales del sector también aconsejan que se inicie una campaña de sensibilización porque «la playa de As Catedrais es muy bonita y es de lo mejor que podemos ver en Galicia. Pero de lo mejor que podemos ver cuando hay poca gente, porque si no al final es una peregrinación que para eso puedes ir a cualquier otra playa», anota Lois consciente de los problemas de la masificación en el turismo. «Tenemos ante nosotros una postal muy bonita, pero que tiene sentido cuando no está abarrotada de gente. Además, si la limitamos le vamos a dar más valor de cara al visitante».

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