«El violonchelista», de Modigliani, junto a su dibujo preparatorio (a la izquierda)
«El violonchelista», de Modigliani, junto a su dibujo preparatorio (a la izquierda) - ISABEL PERMUY

La Colección Abelló deslumbra en Madrid

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Hay coleccionistas de arte y gente que compra cuadros, por muchos y muy caros que sean. Entre estos últimos, magnates rusos, jeques árabes, empresarios de la música y los casinos, que, a golpe de talón, adquieren obras de arte sin ton ni son. Solo tienen una consigna: que sean de nombres muy conocidos. El empresario español Juan Abelló y su esposa, Anna Gamazo Hohenlohe, pertenecen al primer grupo. Y, dentro de este, a la Primera Liga. Aquí solo «juegan» los mejores. Y eso no significa ser los más ricos, sino los que más aman el arte. Codician piezas muy selectas que enriquezcan sus colecciones. La de Abelló es una de las mejores del mundo. No es enorme (medio millar de piezas, atesoradas por el matrimonio durante las últimas cuatro décadas y repartidas entre su casa de Madrid, la oficina del empresario en la capital y sus fincas), pero la calidad es excepcional.

Hasta ahora habíamos visto préstamos aislados en exposiciones y algunas selecciones en Santander y en el Museo Thyssen. Pero nunca habían salido a la luz todos sus tesoros. La sala CentroCentro del Ayuntamiento de Madrid, que ya ha mostrado otras colecciones españolas de primerísimo nivel (Casa de Alba, Masaveu, Helga de Alvear), exhibirá 160 joyas de la Colección Abelló. De la puesta en marcha de esta estupenda exposición se ha ocupado un equipo capitaneado por el comisario, el exdirector del Prado Felipe Garín, del que también forman parte Enrique Gutiérrez de Calderón, director del proyecto; y Almudena Ros de Barbero, comisaria adjunta y conservadora de la Colección Abelló. Esta cuenta hasta con restauradora propia. Se nota el mimo con que se cuidan estos fondos. Todas las obras están en perfecto estado de revista: su estado de conservación es impecable. Su belleza queda realzada gracias al elegante montaje que firman Francisco Bocanegra y sus colaboradores.

Homenajes y guiños

El recorrido arranca con dos homenajes: uno a Madrid, en una sala con vistas de la ciudad; y otro al Greco, en su 400 aniversario. Cuelga «La estigmatización de san Francisco», del cretense. En uno de los guiños que hay por toda la muestra vemos a lo lejos un tríptico de Bacon. El británico mira al Greco. Lo hizo en vida, vampirizando lo mejor de su estilo. Pero hay más guiños: un retrato de Felipe II, de Jorge de la Rúa, frente a una «Mujer sentada», de Juan Gris.

El espacio dedicado al Gótico es impresionante. Hay joyas por cada rincón: una tabla de Berruguete, otra de Juan de Flandes, junto a una exquisitez: la «Virgen de la Leche», de Lucas Cranach el Viejo. Es uno de los artistas favoritos de Abelló. Y, si hablamos de sus preferencias, en esta sala cuelga «Salvator Mundi entre san Pedro y san Juan», de Fernando Yáñez de la Almedina. Es uno de los tesoros del patrimonio español que salieron del país y que Abelló ha recuperado importándolos. Otros destacados son: «El Olfato», de Ribera; «El joven gallero», de Murillo, y «La familia de la Virgen», de Zurbarán.

Un coleccionista generoso

Explica el comisario que Abelló ha sido muy generoso con los préstamos: no hay ninguna obra que no haya querido ceder para la ocasión. Además, donará los posibles beneficios a Cáritas Madrid. En 2015, una selección de maestros andaluces de la Colección Abelló se verá en Sevilla y parte de sus fondos irán al Meadows Museum de Dallas para celebrar su 50 aniversario. Recorriendo la exposición, salta a la vista su debilidad por el dibujo. Hay una selección estupenda tanto de artistas españoles (Berruguete, Murillo, Alonso Cano, Goya, Sorolla, Picasso, Juan Gris, Dalí), como extranjeros (Tiepolo, Van Gogh, Klimt, Schiele, Matisse, Grosz, Balthus).

Una de las pasiones de Abelló son los dibujos. Se muestra una gran selecciónResulta difícil recomendar piezas entre tanta obra maestra. Cuelgan cuadros heredados por Anna Gamazo de su familia (dos cestas de flores de Arellano y dos esculturas de José de Mora); espléndidas vedute italianas (Canaletto, Guardi, Joli); los retratos que Goya hizo a sus consuegros... Hay dos joyas que lucen con sus dibujos preparatorios: «Después del baño», un bellísimo pastel de Degas; y el célebre «Violonchelista», de Modigliani. En el reverso pintó un retrato de Brancusi. Abelló consiguió hacerse con los bocetos del anverso y del reverso. Ello da una idea de su manera de coleccionar. Junto a ellos luce una de las codiciadas esculturas del artista italiano.

Y más momentos emocionantes: un Rothko muy stendhaliano, en rojo y negro, frente a una pared con cinco grandes Mirós. Se exhiben hasta 14 Picassos. Abelló siente debilidad por este artista y, especialmente, por «Desnudo sentado», que procede de la familia Picasso. La muestra se cierra con un importante grupo de Bacon. Comenta el comisario que Abelló está «entusiasmado» con esta exposición: «Se ha involucrado mucho en la selección de las obras y ha estado varias veces en el montaje. Recorre una y otra vez las salas. Se le ve feliz».