Los Picasso, retrato de familia
Bernard Ruiz-Picasso durante la inauguración de la exposición de su abuelo ayer en Málaga - francis silva

Los Picasso, retrato de familia

El museo del artista en Málaga reúne préstamos de todos sus herederos en su nueva exposición: 44 retratos y 73 fotos evocan su entorno más íntimo

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«Mi pintura es el libro de mi vida», decía Picasso. Y así es. Si hay un artista que no supo poner barreras entre su vida privada y su trabajo, cuya obra es su propia autobiografía, ése es Picasso. Se aprecia en todas sus exposiciones. Pero muy especialmente en ésta: aparte de la calidad de las obras expuestas, la muestra tiene un componente sentimental añadido.

El Museo Picasso Málagaabre de par en par el álbum familiar del maestro. Quiere con ello reconocer y agradecer la colaboración de los herederos de Picasso con esta institución en estos diez años. Ahora su apoyo ha sido más especial si cabe: todos los herederos han cedido préstamos.

Por un lado, 44 retratos salidos de las colecciones familiares, que abarcan 75 años de creación (1896-1971); por otro, 73 fotografías sacadas literalmente del álbum familiar, muchas de ellas inéditas. Tanto las obras como las instantáneas permiten reconstruir el complejo puzle picassiano: su vida y su obra.

Robar el alma

En las paredes del museo cuelgan fantásticos retratos familiares que demuestran «su audacia creativa, su continua reinvención del género y su constante experimentación durante siete décadas» –explica José Lebrero, director del museo y comisario de la exposición–. Picasso trabajaba con lo más cercano: un plato, un trozo de hierro o las personas que vivían con él. Él las va desnaturalizando. ¿No sería un fuerte deseo de robar el alma del otro para fortalecer la imagen, el retrato, la idea de sí mismo?»

Ahí están sus mujeres (musas, amantes, esposas, madres): Eva Gouel, Fernande Olivier, Olga Khokhlova, Marie-Thérèse Walter, Dora Maar, Françoise Gilot, Jacqueline Roque... «A medida que conquistaba nuevos espacios físicos parecería que Picasso los transformaba en nuevos escenarios para nuevos capítulos de su vida afectiva, que traducía en fabulosas invenciones estéticas –dice el comisario–. Así, las lágrimas de Dora Maar, la sonrisa nacarada de Marie-Thérèse, la ceja quebrada de Françoise Gilot, o la mirada melancólica de Jacqueline, las quería solo para él y hoy están para siempre en sus cuadros».

Polémica olvidada

Todas ellas –hoy convertidas en iconos culturales– están presentes en la exposición, que permanecerá abierta hasta el 6 de octubre. Pero también sus hijos. Hay una ternura especial en las obras que pintó de Paul («Niño comiendo», «Paulo sobre un asno»), de Maya («Maya con delantal rojo», «Maya con sombrero de papel»), de Claude y de Paloma... A estos los retrata jugando en un maravilloso lienzo («Los juegos»), con su madre, Françoise Gilot («Maternidad sobre fondo blanco»), los pinta en preciosos recortables para que jueguen... A todo ello se suman las numerosas fotografías en las que Picasso aparece ejerciendo de padre ejemplar.

Christine Ruiz-Picasso, nuera del artista, no ocultaba ayer el plus sentimental de esta exposición para ella: «Me toca muy estrechamente. Tuve el placer de conocer a todos los miembros de esta familia excepcional, muchos ya no están». Preguntada sobre el rifirrafe que tuvo hace ya meses con el museo (lo acusó de utilización política de la figura de Picasso), confiesa: «Estoy avergonzada. Fue algo excesivo por mi parte, me impliqué demasiado. El director del museo tiene mi admiración y respeto».

La eternidad

La familia siempre fue lo primero para Picasso. Su nieto Olivier, hijo de Maya Picasso, se refiere a «la otra sagrada familia»: «Se sentía unido a esa familia que había creado. ¡Su sagrada familia! Siempre prestó apoyo a todas las mujeres que compartieron su vida y a sus hijos. Consideraba un deber ocuparse de sus seres cercanos. Se sintió satisfecho de estar a la cabeza de una tribu. Es el amor reflejado en el lienzo lo que confiere eternidad a los hijos de Pablo y a sus madres. Le dio a esta familia un valor superior a lo que le legó».

Como complemento de la exposición se ha producido un documental, dirigido por Thierry Spitzzer: en él se ofrecen valiosos testimonios de personas que le conocieron muy bien: su hijo Claude, que habla de la fascinación que su padre sentía por los niños y el mundo infantil –fascinación que perdía cuando crecían–; la que fuera su esposa Françoise Gilot, que confiesa que no fue «ni la mujer ideal ni una arpía»; su nuera Christine, su biógrafo John Richardson... Además de Christine y Bernard Ruiz-Picasso asistieron ayer a la inauguración Olivier y Diana Widmaier Picasso, nietos del artista.