Marián García, más conocida como «Boticaria García» ofrece en «El jamón de York no existe» una guía para hacer una compra saludable
Marián García, más conocida como «Boticaria García» ofrece en «El jamón de York no existe» una guía para hacer una compra saludable

La guía de Boticaria García para «desencriptar» las etiquetas de los alimentos

Con «El jamón de York no existe», Marían García, doctora en Farmacia y graduada en Nutrición y Dietética, ofrece un manual para hacer una compra más saludable en el supermercado

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A Marián García (más conocida como Boticaria García) le envían a diario a través de Instagram fotos de «El jamón de York no existe» (Ed. La Esfera de los Libros) desde el supermercado, entre los fogones, junto a los cubiertos cuando están a punto de cenar o incluso sobre la mesilla de noche. Su «guía para comprar saludable y descubrir los secretos del supermercado» comparte protagonismo en los hogares españoles con un clásico como el de las recetas de Simone Ortega. Ha sido uno de los libros de no ficción más vendidos en la Feria del Libro de Madrid y ya va por la tercera edición. La clave del éxito reside, como explica Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres, en el prólogo del libro; en que la autora «usa el sentido común para enseñarnos a leer las etiquetas de los productos y que no nos dejemos llevar por las apariencias y aprendamos a comer mejor sin arruinarnos».

En las páginas de su libro uno puede aprender por qué el jamón de York no existe, por qué encontrar algo de cangrejo en los palitos de cangrejo es más difícil que buscar a Wally y por qué los «superalimentos» los carga el diablo. Los alimentos analizados pertenecen al grupo de los lácteos, cereales, las legumbres y pseudocereales, las frutas y verduras, carnes, huevos, pescados; aceites, mantequillas y margarinas; azúcar y edulcorantes y aperitivos. Sin embargo, una de las cuestiones que más ha sorprendido a la autora es que aún perduran mitos en torno a las frutas y las verduras como si las preguntas sobre si es tóxico o no el gas que viene en las bolsas de las ensaladas o si engorda comer la fruta después de las comidas.

Boticaria García ha hecho de la divulgación su medio de vida y, aunque confiesa que sacrifica parte de su tiempo personal y se organiza «malamente, tra tra» (como diría Rosalía) debido a los constantes viajes, sus publicaciones tanto en prensa, como en su blog o en Instagram y sus colaboraciones en medios («No es un día cualquiera» y «El gallo que no cesa», en RNE; «Órbita Laika» en la 2 de TVE, «Ya es mediodía» en Telecinco y recientemente «Zapeando» en La Sexta...), cuando ve que sus mensajes resultan útiles y calan en el público siente que el compensa el esfuerzo. Confiesa que disfruta dando a conocer lo que ayuda a comer y vivir mejor y que sería un sueño que investigadores, científicos, divulgadores en las redes sociales, profesores, profesionales de la nutrición, farmacéuticos, industria alimentaria, cadenas de distribución y periodistas trabajasen juntos por ese «bien común».

Mensajes que calan hondo

Habla claro, con argumentos contundentes, sencillos y directos sobre algo tan cotidiano como es el comer. Y los mensajes de esta manchega (originaria de Belmonte) llegan. Y calan. Prueba de ello es que su legión de seguidores ya tiene nombre: adscritancia. Los adscritos y adscritas comentan a diario sus post y sus stories de instagram (116.000 seguidores), retuitean sus comentarios en Twitter (33.000 seguidores) y son fieles seguidores de sus intervenciones en la radio, la televisión, prensa, artículos de internet o incluso a través de su propio blog. Y por eso, porque son adscritos, saben que «comer Portugal» es comer como la bandera del país vecino (priorizando vegetales, hortalizas y frutas rojas y verdes), que las «bandejas Boticaria» son combinaciones de alimentos sanos presentados de una forma creativa y original, que el «pollo lento» es delicioso además de saludable y saben identificar a la legua si algo es o no un «zorromostro» nutricional (léase palitos de mar y salchichas empaquetadas).

Cuenta que durante mucho tiempo pensó que lo mejor que podía hacer era frenar bulos, pues pensó que si el bulo interesaba y se viralizaba, ¿por qué no se iba a viralizar el contrabulo? «Algunos estudios revelan que los bulos se comparten 70 veces más que las verdades. Por ejemplo, cuando alguien dice que el limón en ayunas depura y yo digo que no, que no depura, la primera afirmación tiene más interés que la segunda, que también lo tiene, pero en menor grado pues se cuenta y se comparte menos», comenta. Por eso afirma que lo realmente efectivo para llegar al público es despertar su espíritu crítico para que cuando lean algo que sea un bulo que sea mentira es aportar la información necesaria para que tengan criterio y sepan decidir si lo que les están contando está basado en una evidencia científica o es un engaño para que compren un producto.

Lo cierto es que la industria alimentaria, como dice Boticaria, no nos engaña, pero conoce al dedillo la legislación y «la estira como un chicle para poner en el mercado muchos productos que son verdaderos lobos con piel de cordero». Por eso, a la hora de llenar el carro de la compra afirma que nos encontramos con estos problemas: que las etiquetas de los alimentos son jeroglíficos, que nos pretenden vender los alimentos como los nuevos medicamentos, que lo «natural» parece haberse convertido en una religión y que los llamados «superalimentos» se han convertido en un reclamo para aliñar otras cosas poco saludables.

¿Etiquetas o jeroglíficos?

¿Sabes distinguir un producto «bajo en azúcares» de otro «sin azúcares» o de otro «sin azúcares añadidos»? ¿Entiendes la diferencia entre «alto en fibra» o «fuente de fibra»? Unas cosas nos suenan mejor que otras pero no sabemos distinguir lo que es mejor de lo que es peor. «Vivimos totalmente sugestionados por el marketing de la industria. Estamos en manos de la letra grande y de los eslogan publicitarios. Y a eso hay que sumar que en este tema la legislación es más bien «blandita» por lo que a la hora hablar de alimentos, ¿por qué no aprovechar esas técnicas de marketing y de publicidad para contar lo que sí que es bueno para la salud y lo que no?», propone la doctora en Farmacia y graduada en Nutrición y Dietética.

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