Pedro Sánchez saluda en el patio del Palacio de Lorenzana, sede del Paraninfo de la Universidad de Castilla-La Mancha
Pedro Sánchez saluda en el patio del Palacio de Lorenzana, sede del Paraninfo de la Universidad de Castilla-La Mancha - Huertas Fraile

Sánchez, en Toledo: «Es muy importante que no demos por hecho las cosas»

En el último día de campaña, el presidente del Gobierno previene a los socialistas de la euforia por las favorables encuestas

ToledoActualizado:

A la una menos cinco de la tarde, un coche de la Policía Local se abría paso este viernes por la empinada y estrecha toledana calle de la Plata, tocando una estridente sirena. Detrás, un convoy con una decena más de vehículos.

«¿Quién viene, jodeeer?», se quejó un viandante, visiblemente molesto. «Creo que hay algo en el Círculo de Arte», le contestó su acompañante. No exactamente. El lugar elegido para ese «hay algo» estaba cerca y era el patio del Palacio de Lorenzana, sede del Paraninfo de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), en el corazón del Casco Histórico. A las puertas, protestas de los agricultores ecológicos y de los funcionarios de prisiones. Dentro, un auténtico jolgorio.

Un millennial agarrado a un micrófono entonaba aquello de «Carolina trátame bien, no te rías de mí, no me arranques la piel», la más famosa de las canciones de M-Clan, mientras un grupo de veinteañeros coreaban este himno verbenero en un pequeño escenario.

Se diría que era una de esas fiestas universitarias que tanto abundan en primavera si no fuera por la falta de alcohol. También, claro, porque nadie imagina en un sarao así a incontables altos cargos de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha con sus chaquetitas de entretiempo.

Apenas 23 meses

Ese «hay algo», efectivamente, era un mitín del PSOE. El antepenúltimo de la campaña electoral, dos días antes de las elecciones generales, y con la presencia estelar del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Sí, Sánchez arropado por la tropa al completo del Ejecutivo castellano-manchego. Quién lo hubiera dicho hace no tanto, apenas 23 meses, cuando nadie del aparato se significó con él en el mitin que ofreció en el hotel Beatriz, en plenas primarias socialistas.

«Los tiempos han cambiado», dirán los politólogos para explicar una obviedad. Lo sabe bien Sánchez. En menos de dos años, ha pasado de ser un proscrito para la mayoría de dirigentes socialistas a liderar sin (aparente) oposición su partido y, de paso, tumbar al Gobierno de Rajoy con una moción de censura exprés.

Ahora todas las encuestas aseguran que el PSOE es el favorito para seguir mandando en este país. Desde luego así lo creen sus fieles, que ayer recibieron a Sánchez alborozados cuando apareció por el Palacio de Lorenzana. Otro millennial le dio la bienvenida interpretando el himno socialista con un saxofón. Definitivamente, la vida moderna se ha instalado entre los partidos políticos.

A decir verdad, la alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón, ha sido una de las que siempre han apoyado al presi. Tolón, la primera en hablar, recordó que Sánchez ha visitado la ciudad imperial hasta tres veces durante estos 10 meses. «Ha sido el primer presidente del Gobierno que ha venido al polígono industrial», dijo con orgullo.

Y pasó a atacar a la derecha. «Yo la llamo la España de las tres ces: la de la crispación, la corrupción y el enfrentamiento, que no vamos a dejar que pase», gritó, dejándose una de las ces por el camino. Después, Omar Anguita, líder nacional de las Juventudes Socialistas, hizo de telonero a Emiliano García-Page y a Sánchez.

Al presidente de Castilla-La Mancha hay que reconocerle el dominio de la retranca, imprescindible entre tantos políticos empeñados en ganar el premio Óscar al mejor actor dramático. «Estoy un poco más contento que vosotros por tener al presidente del Gobierno a 20 metros de donde nací; seguro que mi madre nos está escuchando... aunque tiene claro el voto», contó.

Que venga Suárez Illana

Page explicó que la universidad era un lugar «simbólico» porque allí había dado clases Julián Besteiro, histórico líder de los socialistas hace casi 100 años, que contemplaba a los presentes desde su estatua en el patio de Lorenzana.

Y, a continuación, soltó un chiste con el que hasta Besteiro habría esbozado una sonrisa. Empezó diciendo que había llegado muy cansado al final de la campaña electoral; que los alcaldes le han tranquilizado asegurándole que si no va a su pueblo no pasa nada... y añadió: «Pero, eso sí, me dicen que en su lugar les lleve a Adolfo Suárez Illana, ‘que nos da más votos’».

Cuando Sánchez subió al estrado, la concurrencia, unas 300 personas, ya había alcanzado el punto G. En sus primeros cinco minutos de intervención, no hubo frase que el presidente del Gobierno no comenzara con uno de los eslóganes del PSOE: «Estamos más cerca de...». Lo repitió tantas veces que llegó a resultar inquietante.

Sin embargo, igual que a 48 horas de las urnas «estamos muy cerca», lo mismo después de que estas se abran se puede estar muy lejos, por lo que Sánchez previno de la euforia. «Es muy importante que no demos por hecho las cosas», dijo, y recordó cómo «nadie pensaba» que Trump, Bolsonaro o la derecha en Andalucía iban a lograr el poder.

¿Y qué no es un mitin, sino dar caña al contrario para exaltar a la masa? «La ultraderecha siempre ha existido, fuera o dentro del PP. El reproche al PP y a Ciudadanos es que han abrazado sus mentiras sin ningún tipo de rubor», comentó el líder socialista, para quien en estas elecciones hay que elegir entre «el trío de Colón» o «la España del 8 de marzo». Se supone que, en esta última, cabe Podemos porque Sánchez no les dedicó ni una sola crítica. Cosas de las alianzas.