Toni Roldan ayer durante la rueda de prensa en el Congreso - EFE | V´ieo: Villegas habla sobre la crisis de Ciudadanos (ATLAS)

PerfilToni Roldán y la frustración de Ciudadanos

El exportavoz económico era probablemente el mejor exponente de eso que Cs bautizó como «liberalismo progresista»

MadridActualizado:

La calurosa acogida que ayer recibió por parte de los partidos de izquierda es muestra de la gravedad de su adiós para un partido que durante años ha hecho gala de su unidad interna. Pero Toni Roldán no es una persona de izquierdas. Tampoco de derechas, aunque de esto último difieran quienes ayer tanto le aplaudían. Toni Roldán era probablemente el mejor exponente de eso que Ciudadanos bautizó como «Liberalismo progresista». Un convencido del cambio de paradigma político basado en la superación de los marcos clásicos. Si a él le preguntasen diría que se consideraba un reformista. Y que lo que no era, desde luego, era un conservador.

No hace tanto él mismo y su padrino, Luis Garicano, el que lo convenció para enrolarse en esta aventura, eran sinónimo de lo contrario: de la derechización del partido frente a sus orígenes centroizquierdistas en Cataluña. Hoy los dos son visualizados como el sector progresista del partido. Roldán ya desde fuera, Garicano todavía como uno de sus rostros más visibles: «Seguiré luchando por esas ideas», le despidió ayer. Tanto él como Roldán asumieron tras las generales que la estrategia de Rivera de vetar a Sánchez para superar al PP había salido fortalecida. Pero el actual bloqueo y la sensación contraria que dejaron las municipales les sirvieron para seguir insistiendo en que un veto general al PSOE no era pertinente. Una duda que se extendía también a la investidura de Sánchez. Fue la idea fuerza de su intervención ayer: «El coste para España de la estrategia de Ciudadanos es demasiado alto».

Su marcha es un símbolo de muchas cosas. Un símbolo de que Ciudadanos se hace mayor. Y de que empiezan a operar en él las dinámicas de las organizaciones clásicas: corrientes ideológicas, críticos internos y diferencias estratégicas. El pan nuestro de cada día en un partido político, pero que hasta hace bien poco eran ciencia ficción en el partido de Albert Rivera. Con Inés Arrimadas asumiendo completamente la estrategia del partido, de la que es principal portavoz, no existe una alternativa real al liderazgo del presidente de Ciudadanos. Pero por primera vez sus decisiones directas son cuestionadas de un modo que no puede considerarse aislado. Quizás Garicano, Roldán, Igea o Nart sean menores en número. No tan escasos como se demostró ayer. Pero su discrepancia es en términos cualitativos mucho más potente que lo que pueden representar numéricamente. Asesores, diputados o simplemente simpatizantes del proyecto expresaban ayer un fuerte sentimiento de orfandad.

La marcha de Roldán es también un símbolo en clave ideológica. Roldán era un convencido de un proyecto transversal y no escorado a uno de los dos lados del tablero político. Aplaudido ahora por la izquierda y encuadrado en un sector progresista, que él entendía de un modo diferente a lo que considera la izquierda clásica, Roldán fue uno de los principales negociadores del partido, en su calidad de portavoz económico, durante los meses en los que Mariano Rajoy gobernó gracias al entendimiento de PP y Ciudadanos. Su relación con Fátima Báñez y con su equipo en el Ministerio de Empleo era excelente. Llegando a comparecer juntos para presentar la puesta en marcha del complemento salarial.

Y es que en su implantación como partido nacional, la aparición de Garicano y posteriormente de Roldán son fundamentales para entender el posicionamiento de la formación como un partido reformista en el área institucional y liberal en el ámbito económico. El hasta ayer portavoz adjunto en el Congreso era miembro del comité permanente, el reducido sanedrín que dirige el partido por encima de la Ejecutiva. Tanto él como Garicano fueron los coordinadores de los últimos programas electorales. Aunque quizás careciese de proyección mediática para el público general, esa es la dimensión de la pérdida, la de uno de los dirigentes con más peso del partido. Y con más futuro.

Eso es Toni Roldán. Un político obsesionado con las políticas públicas, las «policies» que decía él en su cada vez más corregida incontinencia a hablar en inglés. En su adiós también operan cuestiones profesionales. Mientras Garicano se zambulló en la arena política tras una dilatada trayectoria académica, la carrera de Toni Roldán estaba poco más que empezando. Una carrera académica que le llevó a la London School of Economics para preparar su doctorado. Roldán es máster en Política Económica (MPA) por la Universidad de Columbia (Nueva York, Estados Unidos) y máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Sussex (Reino Unido). Una carrera profesional que lo llevó antes a trabajar en la Dirección General de Economía y Finanzas de la Comisión Europea y a ser asesor en temas económicos en el parlamento Europeo para el grupo socialdemócrata. Fue analista de riesgo político en la consultora Eurasia Group.

Todo eso quedó pospuesto cuando Luis Garicano lo convenció. En medio de un equipo en el que abundaba la bisoñez y la inexperiencia, Roldán rápidamente destacó. Rivera vio en él un diamante en bruto y lo aupó a la dirección del partido, tanto a nivel orgánico como en el grupo parlamentario. Poco antes de cumplir los 33 años se estaba sentando como negociador de Ciudadanos en una mesa con el PSOE para negociar un pacto de legislatura. Allí coincidió con José Enrique Serrano, eminente fontanero del PSOE quien tiempo atrás había sido jefe de su madre, María Antonia Monés, en la última etapa de Felipe González en Moncloa, y también compañero de su padre, Santiago «Curri» Roldán, que fue asesor económico del PSOE en los 80 y que dirigió el plan de infraestructuras de la Barcelona Olímpica en 1982.

Esa tradición vive en él y en su cultura política. Aunque, insistimos, Roldán no es una persona de izquierdas. Sus planteamientos de flexibilidad en el mercado laboral o para reformar el sistema de pensiones causan alarma en esos sectores. Pero su apuesta por el debate en torno a políticas públicas le permitió, en igual término, alcanzar acuerdos tanto con el PP como con el PSOE. Ese es el escenario que sigue defendiendo a día de hoy dada la aritmética política en España.

Esa carrera académica y profesional que Roldán cortó cuando empezaba a despuntar explica también muchas cosas. Explica la frustración de Ciudadanos. Un partido que hasta hace poco más de un año se imaginaba en el Gobierno de España y dictando la agenda política del país. Roldán siempre encontró satisfacción en ver cómo sus ideas tomaban forma en el debate público. En unos Presupuestos Generales del Estado. La perspectiva de una travesía en el desierto con el partido enfrascado en el choque directo con el PSOE, sin influencia en la elaboración de políticas públicas, ha sido definitiva a la hora de tomar su decisión. «Abandoné mi trabajo con el convencimiento de que en España era necesario construir un nuevo proyecto político que superara el frentismo estéril de la izquierda y la derecha que bloqueaba las reformas necesarias para España». La crudeza de sus palabras en el día de ayer expresan la sensación de un coste personal y profesional que no está dispuesto a asumir. En privado él manifestaba esa sensación. Hasta hace poco manifestaba que todavía había esperanza. Ayer dijo adiós con la sensación de que abandona Ciudadanos mucho más que un diputado, sino que más bien Ciudadanos dice adiós a una parte de lo que pretendió ser.