Los 10 mejores discos nacionales de 2018, según ABC

Música urbana, folk, garage, blues... estos son los álbumes seleccionados por nuestros críticos y melómanos este año

MadridActualizado:

Como cada año, los críticos y melómanos de ABC eligen sus diez discos favoritos nacionales de 2018. El mejor valorado entre los álbumes internacionales ha sido «Twin fantasy» de Car Seat Headrest, la banda de Virginia liderada por el joven prodigio Will Toledo [ consulta la lista completa de los mejores discos internacionales de 2018]. En este ranking hay música urbana, folk, garage, blues... Disfruten.

[ Los diez mejores discos nacionales de 2017]

[ Los diez mejores discos nacionales de 2016]

[ Los diez mejores discos nacionales de 2015]

[ Los diez mejores discos nacionales de 2014]

1. Rosalía: «El mal querer» (Sony)

Rosalía
Rosalía - Guillermo Navarro

Más allá de la calculadísima e hiperefectiva campaña de márketing que la ha llevado del Sónar a los Grammy latinos pasando por Times Square; más allá también las absurdas acusaciones de apropiación cultural en un terreno, el de la música popular, nacido del saqueo y el pillaje indiscriminado, lo que queda con «El mal querer» es la abrumadora rotundidad con la que Rosalía ha plantado bandera en la cima el pop contemporáneo. Sí, pop. De popular. Y en el sentido más amplio del término.

Cubierta de «El mal querer»
Cubierta de «El mal querer»- ABC

Porque en «El mal querer», con su jaleo de palmas y coros, sus injertos electrónicos, sus capas de Autotune y su romanticismo oscuro, abre una nueva vía de diálogo entre tradición y modernidad, entre ortodoxia flamenca e himnos vibrantes vestidos de R&B. Vale que tanta unanimidad puede resultar sospechosa, pero lo cierto es que la catalana ha conseguido con su segundo disco trascender lo obvio, dinamitar cualquier expectativa y entregar una obra que crece a cada escucha. Un disco de excesos y contrastes que centrifuga estilos y tendencias, alterna el minimalismo sonoro con frondosos tapices rítmicos y mantiene el equilibrio entre lo orgánico y lo sintético, entre lo humano y lo místico. Un disco que, en fin, va camino de convertirse en el «Omega» de la generación milenial aunque con un éxito mucho más instantáneo y efectivo.

Por David Morán

2. Nacho Vegas: «Violética» (Marxophone)

Este es también el año del regreso de Nacho Vegas. El asturiano resitúa escenarios geográficos y sentimentales, así pongamos que hablo de Madrid en un vals llamado «Desborde», ese puntito Aute enamorado en «Las palabras mágicas», Tom Waits en «Bajo el puente de L´Ará», la Habana de los indianos de La Pereda subiendo desde Llanes en «La voz tomada», o una tuna entre culines de sidra como es «Todo o nada». Hay folk rock sureño, en «Un ejemplo de discreción», y hasta híbridos imposibles como el cruce Calexico-Pimpinela de una de sus canciones de éxito, «La última atrocidad». Hay variedad, hasta una cumbia de feriante, «Todos contra el cielo», junto a momentos naif que son de lo mejor, como «Soy un árbol». Y, mientras tanto, las rimas, que como siempre en Vegas, son el plato de fabes. Que para dulzuras, los postres.

Por Álvaro Alonso

3. La Estrella de David: «Consagración» (Sonido Muchacho)

David Eodriguez soltando lastre
David Eodriguez soltando lastre

Con una proverbial capacidad para no estar ni siquiera en las inmediaciones del sitio adecuado en el momento más oportuno, la trayectoria artística de David Rodríguez podría servir como hilo conductor de esa historia dispersa que es el pop independiente nacional de las tres últimas décadas. Bach is Dead, Beef, Telefilme, su trabajo con La Bien Querida… Una figura referencial, seguramente a su pesar, que siempre fue capaz de apuntar hacia donde otros ni siquiera intuían que se podía mirar. Al sitio en el que el foco aún no se había encendido. Instalado en la periferia mediática, no parece que el título del tercer trabajo de su guadianesco proyecto en solitario vaya a ser profético, pero contiene la colección de canciones más asequible de toda su carrera y sublima su capacidad para conjugar prácticamente en el mismo renglón ironía y ternura, melancolía y chascarrillo. Romanticismo en zapatillas de andar por casa y canciones de autoayuda para sardónicos enamorados que pellizcan el corazón mientras aún conservas la media sonrisa. Y que igual combinan folk con ribetes electrónicos que cruzan krautrock y canción romántica, se marcan un rumba o hacen cabalgar a los New Order sobre guitarras planetarias… Y todo encaja y parece en su sitio, como si fuera la cosa más sencilla del mundo. Si esto no alumbra la consagración, si no acaba convirtiéndose en una merecida victoria principal, al menos será uno de los mejores disparos al larguero del año.

[ La Estrella de David: «Con el tiempo me he dado cuenta de que hay gente a la que le toqué la fibra»]

Por Fernando Pérez

4. Guadalupe Plata: «Guadalupe Plata» (Everlasting)

Grabado y mezclado a lo largo de tres semanas y media entre abril y julio en La Mina (Sevilla), que hizo las veces de local de ensayo y de estudio, el quinto trabajo del trío de Úbeda marca un nuevo hito involutivo al estilo del «Gris-Gris» de Dr. John, pero con la España profunda como paisaje sonoro. Botellas de anís, bandurrias destartaladas y un barreño como guía de la sección rítmica dejan entrever el sonido clásico de Guadalupe Plata, pero añadiendo nuevos ingredientes en forma de corraleras, cuecas, valses y otros ritmos en un maravilloso e incómodo ritual de regresión primitivista.

[ Guadalupe Plata «Nos inspiramos en la España más profunda»]

Por Nacho Serrano

5. Los hermanos Cubero: «Quique dibuja la tristeza» (El Segell del Primavera)

Los Hermanos Cubero
Los Hermanos Cubero - ABC

El luto, la pena y la música como poderoso instrumento de sanación se dan la mano en este álbum de belleza desarmante con el que Los Hermanos Cubero llevan su mezcla de bluegrass y folk alcarreño a las puertas del duelo.

«Quique dibuja la tristeza»
«Quique dibuja la tristeza»- ABC

De hecho, el título no podía ser más literal, ya que con «Quique dibuja la tristeza» Enrique Cubero, acompañado por su hermano Roberto, se despide de su mujer, fallecida de cáncer hace dos años, con un puñado de canciones dolorosamente hermosas. Canciones que pugnan por deshacer el nudo en el estómago y tratan de explicar lo inexplicable entre mandolinas, violines y contrabajos que viajan del llanto inconsolable de «No veo donde repasar» al optimismo resignado de «Me quedo con lo bueno». Una maravilla de disco para aliviar el sobrepeso del dolor.

[ Los Hermanos Cubero: «Ahora nuestras letras son más comprometidas y actuales»]

Por David Morán

6. El Petit del Cal Eril: «∆» (Bankrobber)

El Petit de Cal Eril redondeando su particular cuadratura del círculo
El Petit de Cal Eril redondeando su particular cuadratura del círculo

Los de Joan Pons bajan de su nave de pop galáctico para reflexionar sobre lo marciano y lo divino en torno a tres muertes, tres situaciones y tres EP's ensamblados en uno, en un disco que no podría tener otro título más plástico que «∆». El trío es una excusa para tejer su caractéristica órbita de teclados acuosos y susurros lisérgicos que van saltando de las luminosas guitarras de «Com puc saber el que penses» a la introspección de «Les lletres no fan les paraules». Y que deja tras de sí una fascinante costelación de imágenes psicodélicas en torno a la muerte, con «Pedres al ulls» como ensoñador colofón final.

[ El Petit de Cal Eril: el grupo que el pop le robó al jazz]

Por Javier Tahiri

7. Morgan: «Air» (Goodbye)

Sin aliento, tras debutar Morgan el año pasado se metieron en el estudio en febrero de este año en un «ahora o nunca» que representa su compromiso con lo que es formar un grupo y tocar sin descanso. A nadie se le escapa que Nina, la cantante, tiene «ángel». No son pocos los que han querido raptarla. Ella lo tiene claro: está aquí por Morgan. Y así va a seguir, componiendo al piano o incorporando ideas del resto y tocándolas en círculo, para asombro del heterogéneo público, que corea en cada vez mayor número sus pequeños himnos recientes, «Sargento de Hierro», «Another Road» o «Marry You». Mucho góspel, aunque también Jamiroquai, en nueve canciones pensadas «como un viaje, con sus valles y sus montañas».

Por Álvaro Alonso

8. Yung Beef: «Adromicfms 4» (La Vendición)

«Adromicfs 4» se inicia con declaración de intenciones: «Antes de empezar ya estoy llorando», grazna Yung Beef marcando así el tono dolorido y vulnerable del disco desde su primera frase. En la misma intro, cortesía instrumental de Steve Lean, también canta: «Mi mamá me dijo el alma no la vendas, por tu mama el alma no la vendas». Aprovechamos para felicitar a su madre por tan inusual consejo viniendo de un progenitor, y que entronca, además, con el debate del año entre C. Tangana, que quiere reformar la industria desde dentro, como Ciudadanos, y el propio Beef, que prefiere hacer las cosas a la contra o a su manera. El granaíno parece una mezcla de Jim Morrison y Camarón, por el salvajismo y la sexualidad que desprendía el primero y el retraimiento y la vanguardia con los que se movía el segundo. Porque no hace «mierdas comerciales», suelta en «Infierno», teniendo razón porque es un álbum bastante largo, murmura cosas en jerga cascada que se entienden a duras penas y las estupendas bases y el conjunto, en general, componen una música avanzada y rara más allá de hits como «Me perdí en Madrid». Y con todo, ha alcanzado un gran éxito de público... Así que como diría el Dalai Lama: me congratula.

[ Yung Beef «incendia» el popular «Dinoseto» vigués para atacar al alcalde y al festival que lo expulsó]

Por Javier Villuendas.

9. Aliment: «Brother» (La Castanya)

Los de gerona se han colado por mérito propio en el puesto número nueve de los discos nacionales de 2018 y, si existiera (y debería), se habrían llevado de calle el ranking a las mejores portadas. La de Aliment es la más singular y con más personalidad de todas cuantas he visto este año (Foto: Alex Sardà. Diseño: Marc Monguilod). Extraña y con tanto nervio como para querer descubrir lo que hay dentro, incluso, sin conocer al grupo. Hablamos de arte y todo cuenta. Más en la era digital. Sobre todo, en una obra donde el continente y el contenido han colocado, en perfecta sintonía, el listón de la banda en un lugar muy alto. Y eso que con sus dos anteriores discos ya nos habían dado un par de buenas bofetadas con temazos como « Till Night Ends», « Holy Slap», « 10.000 Hexes» o « True Story».

Con «Brother», Aliment vuelven a cogernos por la solapa desde el primer minuto. Desde el contundente bajo distorsionado que abre el álbum con « Snake Bite», para no soltarnos hasta el último de los diez temas en menos de media hora que han tardado facturar tres años. El resultado está ahí. Todo suena más cuidado, pero más intenso, que no significa más rápido. También más oscuro, más misterioso y más original. Todo, en definitiva, suena mejor. Desde el punteo que te atraviesa en « Flesh and Gold», la melodía de « Maze» y « Sacred Secret», los enérgicos y alucinantes arreglos de la guitarra en « Dystopia» o los gritos a lo Guy Picciotto en « New Human». Porque oyes a Fugazi, sí. Pero también oyes a Joy Division, y eso no es fácil de casar. Veintipocos minutos de música arrebatadora y sin apenas descanso, con la que agradecemos que los catalanes nos zarandeen sin parar con esta maravilla del punk que aún conserva su corazoncito pop.

Por Israel Viana

10. Fernando Rubio: «Cheap chinese guitar» (Perdición)

Es sinónimo de blues, folk y rock americano. Suena a Tennessee pero está regado desde Cartagena. El disco de este artista murciano destila música americana por los cuatro costados. Sonidos arrancados desde la raíz pero con mucho estilo en donde las melodías, sinuosas y preciosistas, es parte fundamental en la interpretación.

Es un arquitecto del buen gusto. Es curioso pero este rock suave que extrae no es la única corriente que se encuentra en el álbum, dado que coquetea, en ocasiones, con ritmos de corte folk y pasajes algo más funk. Su sonido conquista no solo a los puristas del género, sino que puede sobrevolar sobre la cabeza del oyente menos exigente.

Porque en sus doce áridos y luminosos cortes, por los que desfilan guitarras acústicas en «Meteor Showers», espléndidas armonías vocales como en «It Ain't an Easy Thing» o «Carry on blues», eslide guitar y pedal steel bien desarollados en «Winter Sun», se encontrará con un billete directo a la pradera en la que campan Buffalo Springfield o The Band. Seguro que The Jayhawks estarían orgullosos.

Por José Manuel Sánchez

11. Resto de la lista

11. Za! – Pachinko Plex

12. Los Vinagres - Los Volcanes

13. Sr. Chinarro – Asunción

14. María Rodés – Eclíptica

15. Cuello – Regalo doble

16. Jonston – Los sentimientos

17. Blood quarter – Until my darkness goes

18. Andrés Calamaro - Cargar la suerte

19. Papaya – Corazón Abierto

20. J. Verben – Recopilatorio

21. Sex Museum - Musseexum

22. Tórtel - Las Tres Tormentas

23. Autoescuela – Quattro

24. Los Reyes Magos - Guay!

25. Fernando Alfaro – Sangre en los Surcos

26. Negro-Clase Media

27. Samuel López - El darrer moviment

28. Tirana – Una vida apartada

29. Javier Álvarez - 10

30. Rata Negra - Justicia cósmica

31. PUTOCHINOMARICÓN – Corazón de cerdo con ginseng al vapor

32. Sabrina Palau – Demo

33. Athom Rumba - Cosmic Lexicon

34. Yung Beef – El plug

35. Conde - El deshielo

36. Cecilio G – Yonosoytupadre

37. Moses Rubin - Leeds (EP)

38. Disco Las Palmeras - Cálida

39. Tom Boyle – Vuelve a empezar