Los 10 mejores discos internacionales de 2018, según ABC

Jazz, indie, shoegaze, pop, post-hardcore... estos son los álbumes seleccionados por nuestros críticos y melómanos este año

MADRID Actualizado: Guardar
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Como cada año, los críticos y melómanos de ABC han elegido y votado sus diez discos favoritos de 2018. El resultado de la suma de las puntuaciones es este ranking de lo más variado donde encontramos pop, folk, jazz, shoegaze, post-hardcore...

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1. Car Seat Headrest: «Twin Fantasy (Face to Face)» (Matador)

Will Toledo se reencuentra con la postal de Navidad que dibujó su yo de hace siete años, Willy Toledo
Will Toledo se reencuentra con la postal de Navidad que dibujó su yo de hace siete años, Willy Toledo

Como broche para acabar un 2018 jalonado por el drama de las «fake news» –desde las represalias de Trump hasta el polígrafo de Makoke–, se puede desconfiar de «Twin Fantasy» como uno de los grandes referentes sonoros de este año: ni en su origen fue un disco ni pertenece a este curso, ya que se basa en una maqueta malgrabada en 2011 por un Will Toledo de 19 años en su ordenador, que ahora ha decidido rehacer y publicar fuera de las redes de Bandcamp. Pero lo que antes era una amalgama de dudas sexuales, romanticismo e incontenida rabia adolescente, ahora se ofrece como un compacto espejo que refleja las obsesiones de años pasados con socarronería, en el que el Ikea se erige como nueva magdalena de Proust del amor añorado. Porque «Twin Fantasy» es un disco conceptual que observa los anhelos adolescentes asociados a encontrar a la media naranja, sin Tinder que valga y con un prisma enriquecido por siete años de distancia. El sentimiento permanece y, con cambios sutiles en los temas, Toledo consigue que el disco mejore y sea sustancialmente distinto a la grabación original, salpimentando el sonido lo-fi marca de la casa con himnos que son carne de festival sazonados de letras plañideras. Toda una montaña rusa emocional que parte de deliciosas canciones como «Sober to Death» o «Stop Smoking (We love you)» y atraviesa el tour de force de «Beach-life-in-death» hasta la bailable «Nervous Young Humans», el tema que más ha mutado con los años. Toledo invoca el espíritu de Pavement, Songs: Ohia y The Strokes y ofrece un álbum que, siendo un «autoremake», está lejos de ser más de lo mismo. ¿Puede haber algo más representativo del «zeitgeist» de 2018?

Por Javier Tahiri

2. Janelle Monáe: «Dirty Computer» (Atlantic)

Janelle Monáe
Janelle Monáe - Lev Radin

Centrada en los últimos años en una carrera cinematográfica coronada por títulos como «Moonlight» y «Figuras ocultas», Janelle Monáe ha regresado a la música a lo grande, con un monumento al pop negro y a la condición femenina repleto de estribillos adhesivos y melodías memorables.

[ Janelle Monáe tiene su Día]

Un fogoso tapiz de soul sintetizado y funk despendolado que celebra el poder del amor y el sexo y evoca lo mejor del pop de los ochenta. La sombra de Prince, del mejor Prince, sobrevuela un «Dirty Computer» por el que desfilan también Grimes y Pharrell Williams y que la estadounidense corona con himnos de impacto como «Make Me Feel», «Screwed» o esa soberbia «Americans» que cierra el álbum entre guiños al góspel y firmes pasos hacia el futuro.

Por David Morán

3. Parquet Courts: «Wide Awaaaaake!» (Rough Trade)

Parquet Courts, partiendo la pista
Parquet Courts, partiendo la pista

Danger Mouse salta al campo y afila el sonido punk de Parquet Courts sin hacerles perder una brizna de frescura: mantienen su encanto de banda de pub con ideas más ordenadas y, eso sí, lo mismo despotrican contra el quaterback Tom Brady en la espídica «Total Football» como bailan y disparan a la diana de la psique moderna en «Extinction». Los neoyorquinos hunden rápidos navajazos políticos a la sociedad norteamericana, pero sin perder la sensación de estar en una fiesta en la que suenan desde Pavement en «Mardi Gras Beads», Talking Heads en «Wide Awake» o The Beta Band en la hipnótica «Before the water gets too high». Y como en toda parranda que se precie, el pogo se desencandena con la estupenda «Almost had to start a fight» para acabar la velada cerveza (y voz) en alto en «Tenderness», al más puro estilo The Kinks.

Por Javier Tahiri

4. U.S. Girls: «In a Poem Unlimited» (4AD)

«In a poem unlimited» es un disco de pop refrescante y refinado lleno de jits de estilo variado. La elegantona y discotequera «M.A.H.», la delicada electrónica de la orquestal «Rosebud», la recomendable para un anuncio de colonia «L-Over» por su clásica sofisticación o la bailoteable «Pearly Gates», posible cima, y que va de un encuentro sexual con San Pedro para intentar entrar en el cielo, son algunas de las perlas que contiene este álbum de la productora Meghan Remy. Preciosa portada de la susodicha pintada y con reminiscencia facial a la Dolera... llorando.

Por Javier Villuendas.

5. Courtney Barnett: «Tell me how you really feel» (Mom + Pop)

Australia, igual que Canadá, lleva unos cuantos lustros compitiendo a muy buen nivel en las listas globales de lo mejor del año. Este 2018, uno de los productos nacionales que sin duda merece posición alta en la tabla es «Tell me how you really feel», el nuevo álbum de esta rockera de Sidney que, quién lo diría escuchándola, debutó hace sólo cinco años tras una breve experiencia en par de bandas de garage. Se trata de su segundo elepé solista, y por tanto su frescura de ideas aún goza de esa naturalidad que no se busca, se deja brotar. Pero por solidez, suena como si fuera el décimo.

[ Courtney Barnett, candidata a ídolo indie]

Más personal e introspectiva que en su primer largo, Courtney Barnett disecciona sus propias miserias, inseguridades y temores en diez canciones que gravitan en torno a su ansiedad social («I never feel as stupid as when I’m around you», confiesa en un corte en el que colabora Kim Deal), agravada por su reciente ascenso a la fama («friends treat you like a stranger and strangers treat you like their best friend», canta en otro), en las que brilla un rock personal, audaz, cándido y vigoroso a la vez, del que uno sólo puede desear ser cómplice.

La creatividad de Barnett ha respondido al éxito con más oscuridad y melancolía, llevando estas nuevas melodías hacia unas cotas más profundas de abstracción en las que su voz parece jugar al sarcasmo para generar un contraste protector que de algún modo suena a pura honestidad. La vulnerable belleza que ha cincelado en canciones como «Hopefulness», «City looks pretty», «Need a little time», «Nameless, faceless» o «I'm not your mother, i'm not your bitch» (un terrorífico «¡a por ellos!» para cantar en manifestaciones feministas) hace de este «Tell me how you really feel» un disco merecedor del más clamoroso sobresaliente.

Por Nacho Serrano

6. Hot Snakes: «Jericho Sirens» (Sub Pop)

Curtidos en la colosal San Diego, esta ya veterana banda estadounidense casi de culto se ha sacado de la chistera, tras un largo silencio, un álbum excepcional de ritmos marcados, afilados rasgeos de guitarra y un constante coqueteo con varios géneros musicales que van desde el post-hardcore, el punk-rock y el garage rock.

[ Hot Snakes: «No pensamos mucho en si hemos sido una banda influyente»]

El dúo formado entre Rick Froberg y John Reis ha plasmado un decálogo de estridencias y vivencias de la sociedad.

Enérgicos cortes de la talla de «Death Camp Fantasy», «I Need a Doctor» o «Six Wave Hold-Down» constatan su puesta en escena. Su regreso bien ha valido la pena.

Por José Manuel Sánchez

7. Marc Ribot: «YRU Still Here?» (Northern Spy)

«¡Me llamas ilegal, pero trabajas para un criminal!», «Tengo derecho a decir: ¡jódete!». Resulta complicado imaginarse que el hombre que rebuscaba cables y revolvía partituras arrugadas durante su entrevista con ABC en mayo, entre apático, perezoso y despistado, sea el mismo que grita esas letras poseído, lleno de energía, en «YRU Still Here?». Pero nada nuevo en el horizonte. Con este disco, Marc Ribot ha vuelto a demostrar que, a sus 64 años, es uno de los músicos con más nervio, vitalidad, inquietud y creatividad del panorama actual.

[ Marc Ribot: «La distinción entre tocar por dinero y por arte es estúpida»]

Once canciones en las que el reputado guitarrista de Nueva Jersey –responsable de que Tom Waits redefiniera su sonido en los 80 con «Rain Dogs», eclipsando, incluso, la aportación de Keith Richard en el mismo álbum– ha plasmado a la perfección la ira e indignación que provocan en una parte de la sociedad la corrupción, el odio a los inmigrantes, la tiranía y la falta de solidaridad de Trump y otras elites dominantes. Y lo hace con la misma actitud camaleónica que en el pasado le llevó a dejar su sello en los trabajos de figuras tan dispares como Elvis Costello, Marianne Faithful, Norah Jones, Caetano Veloso, Arto Lindsay, John Zorn o The Black Keys. Como dijo en 1984 el crítico de «Jazz Times», Fred Bouchard, sobre una de sus primeras bandas, The Lounge Lizards: «No es jazz y tampoco es rock, pero tiene una franqueza inocente que trasciende todos los prejuicios estilísticos». Es esa la misma bendita sensación que se repite hoy al escuchar el sonido cubano de « Pennsylvania 6 6666», el aire africano de « Yru Still Here», el barniz de los Beastie Boys en « Muslim Jewish Resistance», el poderoso rock instrumental de « Shut That Kid Up», el funk de « Freak Freak Freak on the Peripherique» y hasta las reminiscencias orientales de « Orthodoxy». ¿Se puede pedir más sin dejar de sonar a uno mismo?

Por Israel Viana

8. Spiritualized: «And Nothing Hurts» (Bella Union)

Jason Pierce, el hombre del espacio interior
Jason Pierce, el hombre del espacio interior

Menos es infinito; el universo encerrado en un portátil y explorado a fondo con la funcional nave Pro Tools. La falta de presupuesto con la que Jason Pierce se ha visto obligado a plasmar en esta ocasión las fantasías siderales que cruzan por su cerebro no le ha sentado nada mal a su música. Encerrado en la fortaleza de la soledad de su cuarto y sin renunciar a su obsesivo cuidado por cada detalle, el Brian Wilson de las estrellas mantiene intacta su habilidad para aunar las odiseas cósmicas y las epopeyas íntimas, pero de la necesidad nacen también las virtudes de la concreción y de algo parecido a la contención.

[ Spiritualized, inspiración y locura]

Un viaje a las esencias anunciado como un adiós definitivo y que, acabe colgando o no el casco, suena efectivamente a epílogo esperanzado, al testamento de un hombre que flotó en el espacio, se paseó por el vacío y regresó de los agujeros más negros de la enfermedad y la adicción para contar que, después de todo, no estuvo tan mal, apenas dolió…

Por Fernando Pérez

9. Mitski: «Be The Cowboy» (Dead Oceans)

Aún es posible encontrar «algo nuevo bajo el sol». La joven artista mitad japonesa mitad americana Mitski Miyawaki ha creado en este su quinto disco desde coordenadas pop de paleta amplia, el más preciso, cerebral y emocionalmente inteligente compendio de canciones de este año que termina. Escúchese para empezar la muy Pixies «Remember my Name». Con una milimétrica estructura compositiva, Mitski ha tejido una colección de paños deslumbrante, donde las frases son hilos dorados llenos de ironía regeneradora con los que captar todas nuestras contradicciones. Puede uno dejarse llevar por la introspectiva de «A Horse Named Cold Air» sola al piano, danzar sin compañía en el salón con «Nobody» o probar a soltar lastre innecesario con «Washing Machine Heart». Un decálogo de cómo ser valiente para desprenderse de lo que nos impide ser ligeros y con los pies alados. «Lonesome Love» es cien veces más efectivo que un estand entero de libros de autoayuda.

Por Alvaro Alonso

10. Kamasi Washington: «Heaven and Earth» (Shoto Music)

Los caminos del jazz son insospechados. El saxo neoyorquino deslumbra con un disco doble que se monta a lomos del Bitches Brew de Miles Davis. La tradición del bop a la Hubbard se abre a capas de ritmos afrolatinos, aromas de fantasmagórico soul y especias de lo más variado para una obra que se sitúa en la punta de lanza del movimiento de renovación del jazz. Exuberantes y arriesgados planteamientos que recorren los surcos como corrientes salidas de infernales teclados que se funden con percusiones de barrio, mientras el ardor del saxo de Washington serpentea y se esfuma por la escalera de incendios. Lucha de contrarios que se resuelve en una dialéctica compleja dada la amalgama de elementos ejecutantes. Carnalidad de una épica que abandona en el segundo disco la tierra, para flotar en un paraíso que va de lo onírico a lo futurista.

[ Kamasi Washington, la última leyenda del jazz]

Por Álvaro Alonso

11. Resto de la lista

11. Van Morrison – «You're driving me crazy

12. J. Mascis – Elastic Days

13. Thee Oh Sees – Smote Reverser

14. Father John Misty – Father John Misty

15. MGMT – Little dark ages

16. Insecure Men – Insecure Men

17. Hollow Hand – Star Chamber

18. Jonathan Wilson – Rare Birds

19. R. W. Hedges – The Hunter is the Snow

20. Buffalo Tom – Quiet and Peace

21. King Tuff – The Other

22. Gruff Rhys – Babelsberg

23. E – Negative work

24. Las Ligas Menores – Fuego Artificial

25. Boygenius – Boygenius

26. Wand – Parfume

27. Elza Soares – Deus é Mulher

28. Shame – Song of praise

29. Young Fathers – Cocoa Sugar

30. Idles – Joy as an Act of Resistance

31. All The Witches – "ATW"

32. Rolling Blackouts Coastal Fever – Hope Downs

33. Kurt Vile – Bottle it in

34. Stanley Brinks – Peanuts

35. The Decemberist – I'll be your girl

36. Ases Falsos – Mala Fama

37. Daniel Romano – Finally Free

38. Snail Mail – Lush

39. Blackberry Smoke – Find a light

40. Gaye su Akyol – Istikrarli Hayal Hakikattir

41. The Chills – Snow bound

42. The Wave Pictures – Brushes with happiness

43. Ry Cooder – Prodigal son

44. Herman Dune – Sweet Thursday

45. Molly Burch – First flower

46. Thalia Zedek Band – Fighting Season

47. Pusha T – Daytona

48. The Jayhawks – Black Roads and Abandoned Motels

49. Kacey Musgraves – Golden hour

50. John Maus – Addendum

51. Lucy Dacus – Historian

52. Gaz Coombes – World Strongest Man