Rosalía, durante una entrevista con ABC
Rosalía, durante una entrevista con ABC - GUILLERMO NAVARRO

«Flamenca», la novela del siglo XIII que inspiró el nuevo disco de Rosalía

«El mal querer» está basado en un libro occitano de autor desconocido que la artista descubrió gracias a Pedro G. Romero

MadridActualizado:

Dicen quienes se hacen llamar expertos que en «El mal querer» (Sony), el último disco de Rosalía, hay pop, flamenco, rap y hasta trap. Un poco de todo y un mucho de talento, más allá de discusiones estériles sobre apropiacionismo y pureza (¡ay!). Pero lo que pocos saben, descartando unas cuantas citas descontextualizadas de la propia artista y algún acertado artículo de opinión, es que el germen del álbum se remonta al siglo XIII. Y, en concreto, a la literatura medieval. Para ser exactos, a una novela occitana escrita alrededor de 1270. «Flamenca» se tenía que llamar la obra de un autor desconocido que le arrebató el corazón a Rosalía cuando a ella le rondaba hacer algo sobre los malos amoríos, tras el éxito de su primer álbum.

Pero, teniendo en cuenta cómo está el patio editorial en nuestro país, ¿cómo llega una joven de 25 años a una novela medieval prácticamente desconocida? La curiosidad, motor de toda su asombrosa carrera, tuvo mucho que ver. Aunque el artífice de que «Flamenca» y Rosalía se conocieran fue el artista Pedro G. Romero. La relación entre ambos se remonta a los comienzos de la trayectoria de ella. «Cuando estaba empezando, Álex Sánchez, de Universal, me mandó unas cosas increíbles, diciéndome que quería ser una artista flamenca. Yo les conocía de haber trabajado con Rocío Márquez, y Rosalía me pareció increíble. Si quería ser flamenca, pues yo les ayudaría». Por aquel entonces, Romero acababa de estrenar, bajo su dirección, la obra «JRT», sobre Julio Romero de Torres, y decidió invitar a Rosalía a las primeras representaciones. De allí salieron tres o cuatro canciones de su primer disco, entre ellas esa «Catalina» con influjo de Chavela.

Amor cortés

Con la amistad creativa fraguada, un día Romero y Rosalía quedaron a comer en Barcelona. Ella andaba dándole vueltas, ya, al siguiente disco. «Quería incorporar la danza. Empezamos a hablar de la idea de que el amor es una construcción cultural y, curiosamente, lo que hoy todo el mundo entiende como amor tiene un momento de aparición, que es la época provenzal: el amor cortés». Entonces, Romero se acordó de «Flamenca», una novela escrita, supuestamente, entre 1240 y 1270 en Rouergue, condado occitano al norte de Albi, de la que sólo se conserva un manuscrito incompleto (faltan el arranque y el final), de 8.095 versos, en la Biblioteca de Carcasona (Francia), y un fragmento, de ocho versos, en Palma de Mallorca. En España, existen dos ediciones: una en catalán, traducida por Antonio María Espadaler y publicada por la Universidad de Barcelona (2015), y otra en castellano, de manos de Jaime Covarsí, en la Universidad de Murcia (2010).

Espadaler, experto en literatura medieval, apunta a la posibilidad de que el autor de «Flamenca», desconocido, «debió ser un clérigo, con formación universitaria y filosófica, y gran conocimiento de la literatura trovadoresca y de los textos eclesiásticos». De hecho, su calidad literaria, que bebe del «Ars Amandi» de Ovidio, es comparable a la de las principales obras de todos los tiempos y su influencia se deja notar en Boccaccio. «Es una joya de la literatura universal, lo que pasa es que la literatura medieval ha dejado una herencia difícil de digerir donde sólo se ha salvado lo artúrico. “Madame Bovary” está bien, pero hay un precedente que le hace sombra».

La acción transcurre entre 1223 y 1227, con personajes reales: Flamenca (así llamada por proceder de Flandes y porque significa brillante, luminosa, ardiente), hija del conde Guido de Nemours, se casa, por consejo de su padre (ella acepta la proposición, no es un matrimonio impuesto, según se explicita en la novela) con Archimbaud de Borbón, que la encierra en una torre por celos. El dios Amor inspira al bello Guillermo de Nevers para que acuda a rescatarla, pero ella sólo puede salir para ir a misa, por lo que él se traviste de clérigo y consigue verla. Cada domingo, al darle la eucaristía, Guillermo le susurra una palabra, hasta conformar una declaración de amor.

Durante un tiempo, mantienen amores clandestinos en los baños públicos (con escenas bastante subidas de tono) y son felices... hasta que el marido, de repente, deja de ser celoso y todo vuelve a su sitio: con el fin de los celos, acaba el adulterio, porque el esposo ya no merece el castigo. Incluso amante y marido terminan siendo amigos, aunque, al faltar el final (es posible que las lagunas del texto no sean fortuitas, sino fruto de la censura), no sabemos lo que el destino le deparó a Flamenca.

Libre espíritu

Un argumento que condensa, a juicio de Espadaler, «una crítica a los celos, una defensa de las letras, del amor en libertad y en ausencia de pecado, y una defensa de la cultura trovadoresca frente a la severidad de la postura de la Inquisición y la Iglesia». La reivindicación, en definitiva, de la igualdad plena entre hombre y mujer ¡en el siglo XIII! Ideas, todas ellas, vinculadas a ciertos ambientes universitarios parisinos de la época que remiten a los partidarios de la herejía del Libre Espíritu. Tanto es así que hay quien dice que es la «novela escándalo del Medievo».

No es extraño, por tanto, que, volviendo a aquella conversación entre Romero y Rosalía , la artista se quedara prendada de la historia. «Le dije –recuerda Romero– que ahí está la construcción del amor cortés y empezamos a hablar de la secularización del amor a Dios, que los poetas terminan convirtiendo en el amor sublime de un hombre por una mujer, de los celos, de la posesión...». Ella acababa de sacar «Aunque es de noche», su particular homenaje a Enrique Morente y San Juan de la Cruz y hasta terminaron hablando de «Carmina Burana». «Decía:“Claro, es verdad, es una construcción cultural, podemos salir de este estadio que tenemos del amor, se seguirá caminando”».

A los pocos días, Rosalía se compró la novela y «vio que ahí estaba esa estructura mitológica, y que tenía mucho que ver con lo que intentaba construir». Todo ello le llevó al disco. «Fue imbuyendo a todo el equipo de esas constantes (incluso le recomendó la novela a El Guincho, productor del álbum, según él mismo reconoce a ABC), de los diversos pasos que se suceden en la novela, y cada capítulo (Augurio, Boda, Celos, Disputa, Lamento, Clausura, Liturgia, Éxtasis, Concepción, Cordura y Poder) expresa, alegóricamente, un momento de la relación». El resultado es que la hija de Romero, de quince años, ha empezado a leer «Flamenca». ¡Bendito apropiacionismo!