Salman Abedi (izda), en una imagen publicada hoy por el diario «The sun». A la dcha, varias de las víctimas - THE SUN

El terrorista de Mánchester se radicalizó hace dos años y era conocido por la Policía

Tras el ataque contra una sala abarrotada de niños y familias, May advierte: «Nuestros valores prevalecerán»

Corresponsal en LondresActualizado:

Un paso más en la escalada del terror. Tras la ola de atentados en París, Niza, Bruselas, Londres, Berlín, San Petersburgo y Estocolmo, parecía que el terrorismo islámico no podía cometer espantos mayores en Europa. Pero ayer dio otro paso: un atentado suicida en una sala de conciertos de Mánchester, que tuvo como objetivo a un público formado mayormente por adolescentes, niños y familias. Daesh reivindicó el atentado en su cuenta de Telegram -inexplicablemente los gigantes informáticos continúan ofreciendo cobertura al terrorismo-; responde así de manera crudelísima a sus serios reveses militares en Irak y Siria.

Un varón identificado como Salman Abedi, de 22 años, de origen libio y nacido en Mánchester, hizo explotar una bomba casera de metralla, tuercas y clavos a la salida de un concierto de la joven cantante estadounidense Ariana Grande, un ídolo adolescente. La brutal explosión en el vestíbulo del Manchester Arena dejó 22 muertos y 59 heridos, algunos gravísimos. Una de las primeras víctimas identificadas tiene solo ocho años. La segunda que trascendió fue una joven fan de 18. El tercer identificado es otro asistente de 26 años.

El atentado se produce solo dos meses después del de Khalid Masood en Westminster, que dejó seis muertos, y cuando faltan dos semanas y media para las elecciones generales. Es el primer ataque con bomba en el Reino Unido desde el de los transportes en Londres en 2005, que dejó 56 muertos.

No hubo uso partidista

La campaña quedó suspendida de inmediato hasta nuevo aviso. Los líderes políticos se limitaron a expresar sus condolencias y solidaridad con las víctimas y los efectivos policiales y médicos. Nadie hizo un uso partidista de la tragedia, pese a que algunos asistentes denuncian fallos clamorosos en la seguridad, sin que ni siquiera se revisaran los bolsos y mochilas de los 21.000 asistentes al concierto.

Ariana Grande, cantante de Florida de ancestros italianos, tiene 23 años y triunfa entre el público adolescente con un pop y un R&B que entona con registro similar al de Mariah Carey. De gira por Inglaterra, logró poner el cartel de no hay billetes en el Manchester Arena, que con 21.000 espectadores de aforo es una de las mayores salas de conciertos del Reino Unido.

La actuación comenzó con los teloneros a las siete y media de la tarde del lunes. A las diez y media, Ariana cerró su espectáculo con su canción «Dangerous Woman». Las luces se apagaron y casi al instante se escuchó una fuerte deflagración. Eran las 22.32 horas. Un suicida había hecho estallar su bomba casera, cebada con tornillos, tuercas, clavos y metralla. La detonación se produjo en el vestíbulo de salida, donde el público hacía cola para tomar el transporte público en la vecina estación ferroviaria de Victoria.

En el interior los asistentes gritaron «¡una bomba, una bomba!», mientras intentaban salir atropelladamente con gran nerviosismo. Por fortuna no se produjo ninguna avalancha. La escena era dantesca, brutal, «solo se veían cuerpos tirados y sangre, había humo y olía mucho a quemado». De inmediato hubo 240 llamadas a emergencias y acudieron 400 policías y 60 ambulancias. Se trasladó a los 59 heridos a ocho hospitales y se habilitó un centro de asistencia en un estadio. Los vecinos de Mánchester dieron una muestra de calidad humana y muchos abrieron sus casas a asistentes al concierto que huían asustados e incluso heridos.

El relato de los testigos plasma la tensión y dureza del momento. «Todo el edificio tembló y había muertos por todas partes», cuentan. «La gente intentaba ponerse de pie como podía para escapar». «Se veía a personas caminando heridas de metralla y algunos buscaban desesperadamente a sus amigos o familiares». Enfermeros, médicos y policías ayudaban a salir a chicas con heridas abiertas y vestidos rotos, desencajadas, perplejas.

Algunos padres acudieron al concierto con sus hijos. Otros les permitieron ir por vez primera solos a un espectáculo. La desesperación entre los progenitores la resume el testimonio de una madre, Charlotte Campbell, incapaz de contactar con su hija Olivia, de 15 años: «Me dijo que lo estaba pasando de maravilla y me dio las gracias por haberla dejado ir. Estaba con su amigo Adam, que apareció a la media hora en un hospital, pero ella aún no ha aparecido. He telefoneado a todo el mundo: hospitales, Policía, centros de niños… Su padre está allí buscándola y también algunos amigos. La llamo a su teléfono, pero está muerto».

La Policía de Mánchester habilitó dos números de información: 0800 096 0095 y 0161 856 9400. En Twitter la etiqueta #MissingManchester también recopila las últimas novedades. A la una y veinte de la madrugada de ayer se procedió a una detonación controlada en los jardines de la catedral. Por la mañana hubo un breve desalojo en la estación londinense de Victoria ante un objeto sospechoso.

Gabinete de crisis

Tras reunir a primera hora de la mañana a su gabinete de emergencias, llamado Cobra, Theresa May compareció a la puerta de Downing Street. Recordó que «nuestros valores, nuestro país y nuestro modo de vida prevalecerán».

La primera ministra recibió la condolencia de los principales líderes mundiales, con una significativa declaración de Angela Merkel, que pese a las tiranteces por el Brexit recalcó rápidamente que «colaboraremos hombro con hombro con nuestros amigos británicos». Desde Israel, Donald Trump llamó «fracasados» a los terroristas islámicos y enfatizó que «esa ideología debe de ser borrada».

En la mañana de ayer hubo varias redadas en Mánchester y se detuvo a un posible cómplice, de 23 años. Desde el atentado de hace dos meses en Londres, la Policía y los servicios del espionaje del MI5 llevan a cabo una labor frenética, con una media de un detenido al día por sospechas de actividad terrorista. El nivel de alerta se ha mantenido en el segundo más alto, «severa», lo que significa que «un atentado es altamente probable».