Cuba sigue en la miseria pese a la década reformista de Raúl Castro

La isla ha salido de su aislamiento, pero el cambio está lastrado por el dogmatismo

MadridActualizado:

En Cuba subsiste una dictadura desde hace más de 57 años, pero hoy no es el mismo país que Fidel Castro –nonagenario desde este sábado– se vio obligado a dejar en manos de su hermano Raúl hace una década por padecer una grave enfermedad intestinal. El régimen comunista no está aislado del mundo: en política exterior ha tomado velocidad de crucero, sobre todo tras el deshielo con EE.UU. Sin embargo, las reformas económicas lanzadas en 2008 por el menor de los Castro, de 85 años, no van al ritmo y con la profundidad que requiere un país que tiene las finanzas en cuidados intensivos. A la par, La Habana recrudece la represión contra la disidencia (hay un centenar de presos políticos) y se niega a reconocer los más elementales derechos civiles y políticos de sus ciudadanos.

La crisis en el convulso aliado venezolano ha puesto las pilas al castrismo, que teme volver a los tiempos del «periodo especial» de los años 90, cuando perdió los subsidios de la extinta URSS. La vida diaria de los cubanos no llega a la precariedad de la etapa postsoviética, pero se aproxima. Siguen recibiendo una cartilla de racionamiento al mes –menguada por Raúl Castro– que no cubre las necesidades básicas, soportan un transporte destartalado, servicios sanitarios deficientes y restricciones eléctricas que se anuncia que irán en aumento.

A principios de 2008, cuando Raúl se hizo con la presidencia, emprendió una serie de reformas para «actualizar el modelo socialista» y eliminar «prohibiciones absurdas», pero que sigue sin reconocer el derecho a la propiedad privada. Desde ese año, los cubanos pueden comprar móviles o electrodomésticos que hasta entonces solo se encontraban en el mercado negro. Se autorizó la compra-venta de casas y vehículos, y el hospedaje en hoteles de lujo si el bolsillo lo permite.

El año pasado, un millón de cubanos se alojaron en estos establecimientos y pagaron la factura en pesos convertibles (equivalentes al dólar), asegura Omar Everleny Pérez Villanueva, durante 32 años profesor de la Universidad de La Habana hasta que en abril fue «separado» del Centro de Estudios de la Economía Cubana de esa institución por sus «opiniones críticas». El economista entraba en su casa de La Habana, procedente de Varadero, cuando recibió la llamada telefónica de ABC y explicó que en esa localidad ha podido disfrutar del fin de la prohibición.

Pérez Villanueva considera que en los últimos años el Gobierno ha realizado «bastantes transformaciones, pero insuficientes porque la economía no crece lo suficiente para que haya una mejoría en el nivel de vida de la población». Este año se prevé un crecimiento del 1% y para 2017 el pronóstico es menos alentador. El profesor, «en standby» según sus palabras, afirma que «el 29% del empleo en Cuba es no estatal» y destaca el papel de Raúl Castro en la tímida apertura al sector privado. Con el llamado «cuentapropismo» se permiten unas 200 actividades económicas, más bien oficios.

El economista Pavel Vidal –exprofesor de la Universidad de La Habana, hoy en la Javeriana de Cali– lamenta que las actividades permitidas sean de «bajo valor agregado» y no se incluya a los profesionales. «En Cuba existen muchos informáticos graduados que no pueden tener su propia empresa», como les ocurre a abogados, médicos, ingenieros... Vidal, que fue analista del Banco Central de Cuba, apunta también que las transformaciones en el sector agrícola –como la entrega de tierra ociosa en usufructo– «no han dado los resultados esperados para frenar la alta dependencia en la importación de alimentos, entre el 70 y 80% de los productos que se consumen».

Faltan inversiones

Pavel Vidal destaca además que el interés mundial en invertir en la isla «no se ha materializado». Omar Pérez Villanueva fue uno de los expertos que en 2014 revisaron la Ley de Inversión Extranjera. «Es supernecesaria –subraya–, se necesitan entre 2.000 y 2.500 millones de dólares al año para sacar a flote la economía y hasta ahora no sobrepasan los 100 millones de dólares en la Zona Especial del Mariel».

Tras una esperada y popular reforma migratoria, cubanos con recursos para viajar han podido salir de la isla y abrir los ojos. La realidad cubana y los ciudadanos han cambiado más en la última década que el régimen castrista, «cuya única voluntad es mantener el poder», afirma Karina Gálvez, economista de la revista digital Convivencia. La periodista independiente Miriam Leiva escribía recientemente que sus compatriotas se preguntan «por qué Raúl Castro ha perdido tanto tiempo, a pesar de saber que Venezuela se consumía, y dilapidaba la avalancha de poderosos interesados en realizar negocios e inversiones impulsados por los pasos de Obama». La respuesta, concluía la exdiplomática cubana, «posiblemente esté en el lastre de la mentalidad obsoleta, el miedo a perder el poder absoluto».