¿Buscas pareja? El amor no es cuestión de algoritmos, ni tampoco de química

El «matchmaking» o aplicación de las técnicas de los cazatalentos al ámbito sentimental pretende dar respuesta a las necesidades de los que están descontentos con el uso del las apps de «dating» on line

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En un contexto en el que estamos cada día más «conectados» pero, paradójicamente, también más solos, las apps de dating se han convertido en ese lugar con «barra libre de citas». Pero, como sucede con casi todo, la cantidad no reemplaza la calidad y en ellas es fácil encontrar perfiles falsos, gente que miente (Tinder reconoció recientemente que casi la mitad de sus usuarios tiene pareja) o personas que desaparecen sin más tras la primera cita (el llamado «ghosting») o incluso llegan a mostrar faltas de respeto o insultos.

A este posible desencanto hay que sumar el hecho de que, a través de redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram se aumenta la sobreexposición, muchas veces de forma inconsciente. Compartimos lo que comemos, dónde viajamos, con quién viajamos, cómo vestimos, cuándo vamos al gimnasio y hasta cuál es nuestra situación sentimental... Frente a este contexto de sobreexposición en el que además las citas se suceden a velocidad de vértigo debido al consumo de las app de dating on line, la empresa española MatchMaking Corporation, dirigida por Verónica Alcanda y Raquel Magdalena, ha lanzado una iniciativa de búsqueda de pareja que pretende profesionalizar el sector y que está basada en el «matchmaking». «Es un negocio en pleno apogeo, pero que está poco regulado. Existen agencias matrimoniales, 'coach lovers', asesores sentimentales... Pero hemos identificado que muchos no tienen formación, ni tampoco una metodología contrastada, lo que nos ha llevado a crear esta iniciativa para formar y certificar a las personas que se quieran dedicar a esta actividad», comenta.

Pero, ¿qué es el «matchmaking»?

Los «matchmakers» son profesionales que aplican las técnicas de los cazadores de talentos (headhunters) al «dating». Su metodología no tiene en cuenta, como en el caso de las app de dating, los llamados «algoritmos de emparejamientos estables», sino la aplicación de filtros profesionales para ajustar la búsqueda a la realidad tanto del «cliente» como del «candidato o candidata». «El factor humano es imprescindible. El problema de los algoritmos que se aplican en las apps de dating es que no funcionan desde premisas erróneas, es decir, que si tú mientes o transmites un perfil mejor o peor de lo que eres en realidad, es posible que no llegue a darte un resultado correcto o una propuesta que encaje realmente con lo que buscas», explica Raquel Magdalena, que ha trabajando en el ámbito de la consultoría y el marketing durante años y que además es matemática. Además, como añade Verónica Alcanda, una persona va a ser capaz de valorar otros muchos aspectos de componente emocional que nunca podría valorar un algoritmo. Por eso insisten en la necesidad de dar respuestas «humanas y personales» a una cuestión tan humana y personal como es la búsqueda del amor.

Pero en la búsqueda de pareja y «por mucho que alguien pague una gran cantidad de dinero por los servicios de un «matchmaker» a una empresa» lo cierto es que no todo vale. Así, Verónica Alcanda explica que si durante las entrevistas para conocer al cliente (sea hombre o mujer) éste pide «la carta a los Reyes Magos» o pretenden que se fabrique a la persona perfecta con la varita mágica o buscan un catálogo de «señoritas o guaperas a la carta» les comunican que no es posible continuar con el proceso del matchmaking. «Deben estar disponibles emocionalmente para encontrar una pareja estable, deben mostrar objetivos realistas y alcanzables y además deben aclarar en qué nivel socio-cultural quieren moverse», aclara.

Así se organizan las citas de pareja

Una vez que se ha hecho una entrevista (primero telefónica y después presencial para conocer en profundidad lo que está buscando esa persona, se elabora un perfil ideal de candidato (o candidata) y se garantiza por contrato (recordemos que este es un servicio de pago) que los «matchs» que se le van a ofrecer cumplen las características que han pedido. Es entonces cuando comienza la búsqueda de los posibles candidatos. De hecho los «matchmakers» son algo así como ojeadores o cazadores sentimentales. Tras la búsqueda, la selección y los descartes se plantea al cliente el perfil elegido (sin foto y sin nombre ni datos que puedan identificar a esa persona). Y a partir de ahí se organiza la cita, pero ellos en ningún caso tienen los contactos el uno del otro.

Además del lugar y la hora de la cita el «matchmaker» da tanto al cliente como al candidato unas premisas en forma de «reglas de oro» que no pueden saltarse durante el encuentro: deben apagar el móvil o al menos no estar pendiente de él todo el rato, no deben hablar ni de dinero ni de los ex, no deben hablar en exceso del trabajo, deben comportarse con educación y no es recomendable ni besarse, ni mantener relaciones sexuales ni darse los teléfonos, no deben hablar del proceso de búsqueda ni de cuántas citas llevan y tampoco deben beber en exceso. «Quizá choquen estas reglas o incluso a algunas personas les pueden llegar a parecer algo retrógradas, pero la experiencia nos dice que es fundamental que se cumplan para que esa primera cita prospere», explica Alcanda.

Tras el encuentro se mantiene una entrevista con ambos, cliente y candidato, y si el «feedback» por parte de ambos ha sido positivo, se facilitan los contactos para que continúen la experiencia. En el caso de que no hayan contectado, se iniciaría de nuevo el proceso de búsqueda.

Pero, ¿es una práctica habitual esto de pagar por servicios de dating? Según los datos de Statista Digital Market Outlook, el porcentaje de adultos que invierte en la búsqueda del amor en España es del 15% (En Estados Unidos, que es un mercado más maduro en este sentido, es del 26%). Y según esta misma fuente, este sector crecerá en facturación en los próximos años en mayor medida que el dating on line.

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