Algunas parejas se replantean su relación en fechas señaladas.
Algunas parejas se replantean su relación en fechas señaladas.

Cómo conseguir que las «segundas partes» en el amor sean buenas

El psicólogo y terapeuta Antoni Bolinches aconseja resolver los conflictos amorosos por la vía de «qué puedo aportar yo» y no por el camino de «qué puedo pedir al otro»

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¿Qué está pasando entre nosotros? ¿Por qué me molesta lo que antes tanto me gustaba de mi pareja? ¿Por qué ya no me presta tanta atención? El día a día, la rutina y el desgaste lleva a pensar que el arte de convivir es aún más complejo que el arte de enamorar. De hecho, tal como explica Antoni Bolinches, psicólogo y terapeuta sexual, precisamente por este motivo no existe mejor marco para la maduración personal que el que facilita la convivencia en pareja.

«Convivir ayuda a madurar, y madurar ayuda a convivir». Este es el punto de partida de su obra «Amor al segundo intento», donde propone un original sistema de resolución de conflictos basado en la autocrítica y la superación personal, que permite convertir el sufrimiento en energía.

Para reconstruir una relación en crisis existen, a su juicio, tres premisas. La primera consiste en que la pareja logre detectar qué es lo que no funciona entre ambos. La segunda supone que cada uno de ellos intente resolver el conflicto por la vía de «qué puedo aportar yo» y no por la exigencia de «qué puedo pedir al otro». Y la tercera implica que, al intentar solucionar el problema, esa persona haga su aportación, pero «sin dejar de ser ella misma». Esto quiere decir que si entra en conflicto con su propio ser solo para no perder al otro, lo más probable es que esa acción no le beneficie, ni tampoco a la otra persona. Así, según explica Antoni Bolinches, el secreto de una buena relación es «estar con el otro sin dejar de ser tú».

Las cuatro patas de la estabilidad

Para el terapeuta, sin madurez personal no puede existir armonía. Pero para madurar hay que aprender a convivir. Y esa convivencia debe sostenerse sobre lo que él denomina «las cuatro patas de la estabilidad»: acomplamiento sexual, compatibilida de caracteres, escala de valores y proyecto de vida.

Estas cuatro patas de una mesa, como metáfora de algo sólido que sea capaz de soportar el peso de todo lo que una pareja vive en el día de la convivencia es también el origen de lo que Bolinches llama «las matemáticas de los sentimientos». Así, el experto explica que «en una pareja, todo lo que no suma, resta». Y aquí es donde pueden surgir los problemas pues mientras que los hombres creen que algunas cosas no son importantes, las mujeres tienen una mayor expectativa y hacen una mayor inversión emocional en la relación de pareja. «El hombre, mientras no esté mal, ya está bien. La mujer, si no está suficientemente bien, ya está mal», aclara.

Acoplamiento sexual

Aunque en la fase inicial, más pasional, puede parecer fácil la «pata» de la estabilidad emocional, lo cierto es que no lo es. Como explica Antoni Bolinches en otra de sus obras, «Sexo sabio», el buen acoplamiento sexual depende de cuatro parámetros: iniciativa, frecuencia, rituales y resolución.

Así, el terapeuta explica que si siempre toma la iniciativa uno de ellos, el que la toma se siente no deseado y el otro puede sentirse acosado. Por tanto, lo que conviene es que ambos tomen la iniciativa de manera aleatoria y que a los dos les apetezca tomarla en determinado momento.

En cuanto a la frecuencia, Bolinches explica que, tanto si te apetece hacer el amor todos los días como si te apetece hacerlo solo una vez a la semana eres perfectamente normal. Pero que si esa frecuencia no coincide con la de tu pareja, estaríamos hablando de «normalidades» poco sintónicas. En este sentido, invita a ajustar la frecuencia a quien tiene menos deseo y no a la del que tienen más deseo pues eso hará que el que tiene menos deseo se sienta respetado en su ritmo y aumenten las posibilidades de disfrutar del sexo y mejorar la frecuencia.

El tercer parámetro, el de los rituales, puede ser quizá el más complejo, según revela el experto, pues hace referencia a «lo que nos gusta hacer y cómo nos gusta hacerlo» y es ahí donde se expresa la personalidad sexual de cada uno. «No todas las parejas son compatibles sexualmente y eso no quiere decir que alguno de los dos tenga alguna disfunción sexual, sino que simplemente su manera de hacer y reaccionar en el ámbito sexual no es sintónica y no logran disfrutar haciendo disfrutar», revela.

Compatibilidad de caracteres

Esta variable está directamente relacionada con la madurez pues cuanto más madura es una persona, más compatible es, o más flexible es con el otro y mejor puede aceptar que el carácter de su pareja es diferente al suyo, pues piensa que puede enriquecerse en la diferencia, en lugar de juzgar que son incompatibles. «No necesita transculturalizarle ni intentar convencerle de que «lo suyo» es lo que está equivocado», aclara.

Las personas inmaduras dependen en este sentido de su grado de autoestima. De hecho, el terapeuta afirma que pueden radicalizar la lectura de las causas que provocan el conflicto.

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección
Antoine de Saint-Exupéry

Escala de valores

Este pilar cobra más o menos trascendencia, al igual que sucede con la compatibilidad de caracteres, en función del grado de madurez de las personas. Las diferencias políticas, religiosas, culturales o incluso las relacionadas con las aficiones o preferencias (distintos equipos de fútbol, distintos gustos en cuanto al ocio y el tiempo libre...) pueden o no suponer un problema para la pareja, en función de si son lo suficientemente maduros como para aceptar la divergencia y evitar intentar transculturalizar al otro. La idea de que lo que no suma, resta en la pareja, también está aquí presente.

Proyecto de vida

Para explicar lo que implica en una pareja tener un proyecto de vida convergente, el autor de «Amor al segundo intento» hace una referencia a la ilustrativa frase de Antoine de Saint-Exupéry: «Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección». En este sentido alerta sobre una posibilidad que puede darse en la pareja. Y es el hecho de que, en ocasiones, se disfrace como divergencia en el «proyecto de vida» lo que en realidad es una excusa para acabar la relación de un modo menos traumático (un cambio de ciudad, un tiempo para reflexionar para «buscarse a uno mismo», o una etapa para viajar en solitario o con otras personas...).

Curiosamente, eso sí, puede suceder que, cuando hay amor, quede algo difuminada o minimizada la divergencia en el proyecto de vida. La clave está simplemente en que ese modelo sea válido para ambos. «He tenido casos, por ejemplo, de parejas de la tercera edad que tienen suficiente con verse los fines de semana porque tienen otros intereses como la realización personal o incluso el cuidado de los nietos», comenta. A su juicio, el hecho de que exista una divergencia en el proyecto de vida no tiene por qué condenar una relación. «Lo importante es que esa divergencia no encubra otras motivaciones como la saturación convivencial o el desenamoramiento», aclara.

Sobre este punto, el experto comenta que, cuando intenta ayudar a una pareja en crisis y debe hacer un pronóstico para saber si la relación se puede resolver adaptativamente, les consulta: «¿Os veis paseando juntitos de la mano con 80 años? Si la respuesta es afirmativa, aventuro un mejor pronóstico».

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