EFE

Covite exige «la derrota final de ETA» y advierte de que su proyecto político «está más vivo que nunca»

Consuelo Ordóñez afirma que el colectivo todavía debe ganar la «batalla del relato» a la izquierda radical

San SebastiánActualizado:

Aunque con el paso de los minutos fue recuperando su vigor habitual, a Consuelo Ordóñez le costó iniciar el discurso con el que este sábado conmemoró los 20 años de historia de Covite. La fuerte carga emotiva de la jornada hizo mella en la presidenta del colectivo, que recordó el momento en el que su vida quedó unida de forma dramática a las de Cristina Cuesta y Teresa Díaz. Tres mujeres víctimas de la violencia etarra que en noviembre de 1998 se asociaron para formar una organización que plantara cara al nacionalismo radical. Dos décadas después, ETA ya no mata, pero para Ordóñez la entidad sigue siendo igual de necesaria: «Porque el proyecto político de la banda está más vivo que nunca», advirtió.

Decenas de víctimas, amigos y compañeros arroparon este sábado a las tres fundadoras de Covite en el palacio Miramar de San Sebastián, donde coincidieron también personalidades como el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez, la eurodiputada por UPyD Maite Pagazaurtundúa; y el teniente coronel del Servicio de Información de la Guardia Civil, Gabriel Ordad. Fue este último quien advirtió el pasado viernes, en el marco de unas jornadas organizadas por el colectivo, de que ETA todavía «no ha desaparecido totalmente», pues mantiene activa su estructura.

«Esas palabras nos sorprendieron, aunque ya lo sabíamos», reconoció esta mañana la hermana de Gregorio Ordóñez, quien explicó que a Covite todavía le quedan dos tareas por cumplir. La primera es ganar la llamada «batalla del relato» a la izquierda radical, obcecada en blanquear la historia de ETA y enmarcar sus crímenes dentro de un «conflicto» entre dos bandos. El segundo objetivo es «deslegitimar el proyecto político» de la banda, que a su parecer «está más que vivo que nunca en las instituciones y en la sociedad».

El acto de Covite se celebró, de hecho, en pleno debate sobre el acercamiento de los presos a las cárceles del País Vasco y sobre el programa «Herenegun!», la unidad didáctica con la que el Gobierno vasco trata de explicar a los alumnos de 4º de la ESO y 2º de Bachiller la historia de ETA. Un material didáctico que fue duramente criticado tanto por los partidos de la oposición como por varios colectivos por otorgar el mismo número de voces a víctimas y a verdugos y por su supuesto «blanqueamiento» de la actuación de la banda.

Ordóñez se volvió a mostrar muy crítica con la actuación de los últimos Gobiernos, a los que acusó de permitir que los terroristas llevaran a cabo su hoja de ruta. A las víctimas, añadió, ni siquiera se les concedió la «foto del final de la violencia de ETA», un reclamo que volvió a «exigir» al Ejecutivo central: «Queremos la derrota final de ETA protagonizada por las Fuerzas de Seguridad —manifestó—. Que detengan hasta el último etarra».

Finalmente, la presidenta de Covite hizo hincapié en que tanto la izquierda radical como «gran parte de la sociedad vasca y navarra» siguen justificando la actuación de la banda terrorista, a la que ya no le sale «rentable» matar. «Lo de Alsasua fue el resumen de lo que hemos vivido durante 40 años sistemáticos de terror —aseveró—. Es la dosis de violencia que pretendían seguir ejerciendo sobre las sociedades para tener secuestrada nuestra libertad».

El «perdón» de Gómez Bermúdez

En el palacio Miramar se escucharon relatos desgarradores como el de Joaquín Echeverría, padre de Ignacio Echeverría, que fue asesinado en 2017 tras enfrentarse a uno de los yihadistas que perpetraron el atentado de Londres. Visiblemente emocionado, el padre del llamado «héroe del monopatín» logró poner en pie a los presentes.

No menos emotivas fueron las palabras del juez Gómez Bermúdez, que utilizó su breve discurso para pedir «perdón por no haber podido juzgar y esclarecer» todos los atentados terroristas: «Perdón por la falta de capacidad para ser compasivos con la víctima y por no haber hecho todo nuestro trabajo correctamente», manifestó el magistrado, que el viernes admitió que alberga pocas esperanzas de que se resuelvan los asesinatos de la banda que permanecen sin culpables.

También intervinieron Teresa Díaz y Cristina Cuesta, que pusieron en valor la labor de unas víctimas que a pesar del dolor y de los riesgos que suponían el hecho de aparecer en público para denunciar las atrocidades de ETA: «Todo ello a pesar del desamparo institucional y la falta de compasión que la ciudadanía mostraba», destacó la hija del teniente coronel de la Ertzaintza Carlos Díaz.

«Las víctimas no mienten, construyen el relato desde su experiencia de padecimiento y soledad», afirmó Teresa Díaz, que insistió en que una parte de la sociedad vasca «miró para otro lado» y alentó y disculpó a los asesinos y sus cómplices.