César Román, a la izquierda, recoge un galardón - ABC/ VÍDEO: ABC

Así coló su timo gastronómico el «rey del cachopo»

César Román se autoproclamó ganador de concursos que él mismo inventaba

MADRIDActualizado:

«El mejor cachopo de España se sirve en un restaurante de Embajadores». César Román nunca tuvo ningún pudor en vender, a bombo y platillo, que de unas modestas cocinas de un bar situado en la calle de Alonso del Barco salía la mejor versión de este plato asturiano de moda. Sus machaconas campañas de «marketing» sirvieron, durante un tiempo, para desatar en la capital el furor por una elaboración que no es, a jucio de los gastrónomos expertos, un referente culinario en Asturias.

El local en cuestión se llamaba A Cañada Delic Experience. Y el premio, un fraude a todas luces. Así lo denunció Nacho Gancedo, director de La Guía del Cachopo, la única oficial reconocida que organiza los Campeonatos de Cachopo de Asturias. Fuentes del sector cuentan cómo Román organizaba y se autoproclamaba después ganador de los concursos. La polémica fue aún mayor cuando Gancedo demostró que la «Academia Española de Amigos del Cachopo», que supuestamente avalaba el galardón, ni siquiera aparecía en el Registro Nacional de Asociaciones. «Era un grupo de amigos que se reúne para comer y entrega galardones simbólicos, sin convocatoria pública ni notario», criticó entonces. Todo ello no impidió que Román se autoproclamara «rey del cachopo».

El hostelero detenido no se amilanó y continuó vendiendo a los medios de comunicación sus virtudes culinarias y empresariales (entre ellas, la extravagante creación de «Telecachopo» para repartir a domicilio, en moto, su plato estrella). Su afán de protagonismo era máximo. En 2015, cuando regentaba la sidrería matriz A Cañada, ganó el premio al Mejor Pulpo A Feira de la Comunidad de Madrid. Esa distinción fue entregada por la supuesta Real Cofradía de Amigos del Pulpo Gallego, que teóricamente dependía del concello de O Carballiño. Sin embargo, este organismo aseguró a varios medios no tener noticia ni de la cofradía ni del certamen.

A ello se suman otro tipo de acusaciones de proveedores a los que, antes de desaparecer, habría dejado cantidades importantes a deber.