Ada Colau gobierna en Barcelona con el apoyo del PSC - Marta Dias / Vídeo: Cuando Colau pensó en dejar la política

Colau, más cerca de las élites que tanto había criticado

Las decisiones tras pactar con el PSC contradicen sus posiciones ideológicas

Barcelona Actualizado: Guardar
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«Llegamos con el mandato clarísimo de que hace falta un cambio en las formas de hacer política, hacen falta unas instituciones abiertas donde sea la ciudadanía la que realmente mande y en las que se acabe con los privilegios, la corrupción y las malas prácticas». Con estas palabras y asumiendo también que necesitaría «amplitud de miras y valentía para hacer frente a los retos y a los poderes fácticos», Ada Colau dejó claro a los ciudadanos, hace cuatro años, que entraba en el Ayuntamiento para removerlo y cambiar las formas. «No dejéis nunca que nos desviemos», clamó ese 13 de junio de 2015 a quienes se habían congregado a las puertas del Ayuntamiento para celebrar la llegada al poder de la activista.

Lejos quedan aquellos tiempos. Cuatro años después, y a pesar de no ser la fuerza municipal más votada, Colau sigue en el Ayuntamiento, casi como aquel que quiere aferrarse. Todo ello, gracias al acuerdo que cerró con aquellos que ella y sus socios de Podemos tantas veces habían considerado «la casta»: el PSC y, todavía peor, los votos de Manuel Valls -el candidato al que no han dejado de señalar por ser «de las élites»-. Seguramente su programa de campaña encajaba mejor con ERC, ganadora de las elecciones, pero pactar con ellos era perder la alcaldía.

«Es el todo se vale»

Las bases de los comunes, quienes podrían haber puesto peros a estos socios preferentes, no se lo han reprochado: avalaron con el 71,4% de los votos el pacto con los socialistas, y con el 80%, la repartición del gobierno con ellos. Por el contrario, sí que se lo han recriminado las formaciones independentistas, en parte por despecho pero también por el aturdimiento de ver que la alcaldesa no ha tenido reparos en cogerse de la mano de los grupos a los que tanto había criticado. Para ERC y Junts per Catalunya (JpC), Colau ha hecho una «derechización» y ha demostrado que «todo vale para gobernar», cuentan abiertamente sus responsables.

Sus argumentos van mucho más allá de la elección de socios -por la que el día de la investidura, tras semanas defendiendo que quería conseguir un pacto de izquierdas para la ciudad, le abuchearon con gritos de «Frau Colau» (Fraude Colau)-. También de la intencionada renovación de la lista municipal, de la que se han caído las caras más críticas en cuestiones calientes como la seguridad o el proceso independentista.

Ejemplo de estas bajas son los ahora diputados en el Congreso Jaume Asens -enérgico especialmente con la defensa de las libertades y el 1-O- o Gerardo Pisarello -controvertido por sus formas y malas relaciones con la oposición-, la también exedil Gala Pin -que estuvo al frente de Ciutat Vella y que a finales de mandato llegó a reconocer que había «aprendido que la Policía es imprescindible en Barcelona»-, así como Manu Simarro, jefe de gabinete de la alcaldía. Ellos son solo algunos de los que han salido del gobierno y han dejado paso a perfiles más moderados -curiosamente, exsocialistas- como Jordi Martí, que es concejal de Presidencia, y Alex Masllorens, nuevo jefe de gabinete. Ambos tienen un papel crucial en el proyecto de Colau para Barcelona.

Una presidencia para Valls

Más ejemplos de su mayor tolerancia con las fuerzas constitucionalistas, aunque sea por necesidad. La aprobación del cartapacio, que históricamente era una fuente de problemas, acabó esta vez con los votos a favor de todos los grupos, excepto JpC -que lo hizo en contra- y Ciudadanos -que se abstuvo-. Un concejal que ya no repite en el Ayuntamiento comentaba recientemente a ABC que resulta paradójico que se pusieran tan pocas trabas a la propuesta municipal, cuando el acuerdo ha mermado sustancialmente el número de asesores de los grupos de la oposición.

Sobre el cartapacio, por cierto,a nadie se le escapa el regalo de Colau a Valls, que dijo cederle sus dos votos para la investidura a cambio de nada. El pasado jueves se confirmó que Eva Parera, que acompaña al ex primer ministro francés en BCN pel Canvi, presidirá el distrito de Sarriá-San Gervasio. El cargo tenía que ser para JpC pero un cambio de posición de Cs sumado a los votos de los comunes facilitaron que el empequeñecido grupo de Valls -con solo dos de los seis concejales que consiguió el 26-M tras la separación de la formación naranja- tenga esta responsabilidad institucional. «Constatamos que Valls continúa siendo socio prioritario» para Colau, lamentó el edil de JpC, Jordi Martí.

También fue una excusa para que las formaciones soberanistas remarcaran la «derechización» de la alcaldesa el pleno extraordinario celebrado el pasado martes para hablar de la seguridad -el gran problema de la ciudad-, una sesión que acabó con plácidas resoluciones, de formas y no tanto de fondo, en las que Cs, Valls y PP dieron su apoyo a la gestión municipal. «Tenemos la sensación de que usted es alcaldesa, pero que es el PSC el que gestiona y a las órdenes del señor Valls», le espetó el portavoz de ERC, Jordi Coronas, a Colau.

Áreas calientes para el PSC

«Cuando la derecha le tiende tanto la mano, yo estaría preocupado...», añadió el concejal tras ver que los tres grupos constitucionalistas se mostraban empáticos con el nuevo concejal de Seguridad, Albert Batlle (PSC-Units). De hecho, Colau ha derivado cuestiones puntillosas como la seguridad o la economía a los socialistas, como si quisiera evitar tener que mostrar posturas diferentes a las de hace cuatro años. En este sentido, que Batlle haya planteado fomentar el «retorno asistido» de los menas que viven en las calles de Barcelona fue visto por ERC y JpC como la mejor señal de que el gobierno municipal se pasa a las viejas formas y a la mano dura en seguridad.

La oposición, sin embargo, no ha cargado mucho, por el momento, contra la alcaldesa por el aumento de sueldo que los comunes han apañado internamente, algo por lo que la que fue activista hace unos años hubiera hecho una sonada crítica. Solo JpC ha metido el dedo en la llaga con esto: «Ya se han caído todas las máscaras», remarcó Martí, que añadió que «lo hacen en el “summum” del postureo, justificándolo con la necesidad de conciliar la vida familiar con el cargo».