Colau saluda al comisario jefe de los Mossos, Eduard Sallent, en la reunión
Colau saluda al comisario jefe de los Mossos, Eduard Sallent, en la reunión - EFE

Colau, forzada a rectificar ante la crisis de seguridad en Barcelona

Consistorio y Govern dejan de lado sus rencillas y se conjuran para frenar los delitos

BarcelonaActualizado:

«Vamos a lanzar el mensaje de que no va a salir a cuenta venir a robar a Barcelona». Con estas palabras, la alcaldesa Ada Colau concluyó ayer la rueda de prensa posterior a la Junta Local de Seguridad de Barcelona convocada con urgencia para intentar cortar de raíz el auge de la inseguridad que vive la capital catalana y que en las últimas semanas ha despertado una preocupante alerta: agresiones en la vía pública, aumento de los robos con violencia o sucesos como peleas o incluso tiroteos, como el sucedido esta misma semana en el barrio del Poblenou, cuya víctima falleció ayer en un hospital de la ciudad.

Como si se estrenara ahora al frente de la alcaldía y sin reconocer los errores acumulados en el anterior mandato -en el que el gobierno municipal, entre otros aspectos, ha dejado que fenómenos como los narcopisos o el top manta se acomoden en el centro de la ciudad y ha vivido desencuentros constantes con la plantilla de la Guardia Urbana-, Colau mostró ayer un tono beligerante contra la inseguridad, casi antagónico con el de su anterior mandato. Aunque rehusó usar el concepto de «mano dura» que tantas veces la oposición le había exigido, la alcaldesa sí avisó de que ha llegado la hora de implantar «políticas que sean eficaces». Y prometió un «refuerzo» y un «reimpulso» del modelo policial barcelonés, aunque hasta ahora, aseguró, «se ha hecho muy buen trabajo en unas condiciones muy difíciles».

Todo ello al lado del consejero catalán de Interior, Miquel Buch, de quien varias veces había renegado por su poca colaboración. De hecho, la reunión de ayer que ambos presidieron supone, a priori, un antes y un después en las tensas relaciones que arrastran del anterior mandato. Entonces, Colau no dejó de reclamarle más mossos -aduciendo que el problema de seguridad en Barcelona era culpa del número de efectivos- e incluso durante la campaña electoral, la alcaldesa llegó a insinuar que la Generalitat no estaba actuando con más contundencia «por fines electorales».

Sea porque Colau pudiera tener algo de razón entonces o por la acentuación de los episodios de violencia en la capital catalana, ambas administraciones parece que ahora sí se han tomado en serio el coger las riendas de la situación y la reunión de ayer, celebrada 72 horas después de que el cartapacio municipal quedara aprobado, es buena prueba de ello. Tanto es así que cualquier rendija que pudiera quedar abierta para la controversia, se minimizó: ayer mismo Buch apuntó al top manta o a las okupaciones como algunos de los causantes de la inseguridad en Barcelona, unas acusaciones que Colau -que siempre ha estado al lado del colectivo mantero- aguantó como pudo.

631 delitos al día

Los últimos datos delincuenciales obligan, de hecho, a repensar y activar una nueva estrategia de seguridad. Tras seis años a la baja, desde 2016 en Barcelona no han parado de crecer los delitos, hasta llegar al extremo actual. Según cifras facilitadas ayer, los hechos delictivos han crecido un 9% durante el primer semestre de 2019 en Barcelona, hasta un total de 115.014. Son 631 al día. Más datos: los robos violentos o con intimidación en la calle se han disparado en un 35%: se han producido 4.207, 23 al día. Los robos violentos de relojes de lujo, una de las últimas tendencias de los delincuentes, también están contabilizados: 261 casos en medio año. Aquellos que defienden que Barcelona se ha convertido en una ciudad sin ley tienen algunas cifras a las que agarrarse.

Sobre este complicado contexto, Buch, Colau y el resto de mandos policiales hicieron patente su preocupación especial por los robos con violencia o intimidación en el espacio público, los hurtos y los robos con fuerza en establecimientos comerciales, que son los delitos que más crecen, y se conjuraron para revertir la situación.

Culpa del Código Penal

Más presencia policial visible en la calle, políticas más eficientes y la exigencia de un endurecimiento del Código Penal para castigar la multirreincidencia son las claves que ayer pusieron sobre la mesa y que esperan poner en práctica a partir de ahora. «A los ladrones profesionales les sale a cuenta venir a Barcelona porque tras ser detenidos pagan la multa y salen a la calle de nuevo», ejemplificó la alcaldesa Colau sobre una situación de la que, a su parecer, muchos delincuentes se están beneficiando en las calles de la capital catalana.

Por eso, exigió «acabar con esa sensación de impunidad». Para combatir este extremo, además de insistir en la necesidad de un endurecimiento penal, Generalitat ha prometido 320 nuevos efectivos a partir de octubre y además ambas administraciones han acordado reabrir la oficina de atención ciudadana de plaza Cataluña para atender mejor a las víctimas de los delitos

Los Mossos quieren potenciar también la investigación policial para mejorar la efectividad ante determinados delitos en Barcelona a menudo cometidos por grupos criminales organizados: plantean así un refuerzo especial en Ciutat Vella pero también con los hurtos, los narcopisos, la delincuencia en zonas turísticas, las agresiones sexuales y los tirones.

La puesta de las pilas de Govern y Ayuntamiento sorprendió a sindicatos policiales y a los grupos de la oposición como PP y Ciudadanos, que creen que este impulso llega demasiado tarde y que además se plantea a largo plazo, cuando lo que requiere Barcelona es un plan de choque de manera urgente. Los datos cantan. La capital catalana, ante una crisis de inseguridad que ya no se puede esconder.