Newt Gingrich, el ego de un conservador en apuros

Arquitecto del llamado «Contrato con América» en 1994, regresa a primera línea política para liderar de nuevo a los republicanos

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Newt Gingrich lideró la «revolución» con la que los conservadores retomaron el control de la Cámara de Representantes en 1994 por primera vez en cuatro décadas. Un vuelco que no les sirvió para derrotar al demócrata Bill Clinton. Y ahora, considerándose indispensable, aspira a la presidencia de EE.UU.

Arquitecto del llamado «Contrato con América», el ambicioso plan reformista de 1994, ha visto cómo su popularidad, que le ha mantenido en los más alto de las encuestas durante el último mes, ha caído en picado conforme se acercaba la cita de Iowa.

Nació el 17 de junio de 1943 en el seno de una familia humilde en Harrisburg (Pensilvania). Tras el divorcio de sus padres, Gingrich viajó con su madre y su padrastro, el coronel Robert Gingrich, a varios estados y países antes de anclarse en Georgia.

Fue así como pasó parte de sus años formativos en el sur profundo de EE.UU., donde asimiló los valores conservadores de la región e incluso expresó simpatías por la otrora Confederación de estados sureños que se separaron de la Unión americana pero perdieron la Guerra de Secesión (1861-1865).

Obtuvo una licenciatura de la Universidad de Emory y un doctorado de la Universidad de Tulane, donde el deseo de dejar huella en un campus decididamente «hippie» lo impulsó a trabajar en 1968 en la campaña del republicano Nelson Rockefeller.

Profesor de historia durante la década de 1970, Gingrich encontró su verdadero yo y su vocación en 1978 en los pasillos del Congreso donde llegaría a presidente de la Cámara Baja (enero 1995-enero 1999).

Delicada vida personal

Su larga carrera política y la aparente incoherencia entre sus valores conservadores y su vida personal marcada por infidelidades matrimoniales -se casó en terceras nupcias con la que fue su amante-, han dado munición a sus críticos.

Se le reprocha haber actuado como «lobbista» a sueldo del gigante hipotecario Freddie Mac, uno de los desencadenantes de la crisis financiera de 2008. En una de sus pifias recientes, que incluso le valió la repulsa de varios republicanos, Gingrich dijo en una entrevista con un canal judío que los palestinos son «un pueblo inventado» y criticó la política exterior de Obama en la región.

Pero Gingrich, acostumbrado a caer y a levantarse, ha logrado fama, poder y fortuna. En su «egoteca» sólo falta la Presidencia. Según varios observadores, Gingrich es el que más «hambre» tiene de victoria, tanta que está dispuesto a seguir causando tormentas, como ha hecho toda su vida.