La expansión militar de China eleva la tensión en Asia
Miembros del Ejército chino asisten a una exhibición aérea en Zhuhai, este martes - afp

La expansión militar de China eleva la tensión en Asia

Con su nuevo portaaviones y un caza invisible al radar, el Ejército se moderniza para hacer frente a las disputas territoriales con Japón y otros países vecinos

corresponsal en pekín Actualizado:

Como no podía ser de otra manera en un país fundado por un guerrillero revolucionario como Mao Zedong, abundan los uniformes en el XVIII Congreso del Partido Comunista chino, que el jueves designará a la cúpula que pilotará el país durante la próxima década. Consciente de que una superpotencia también necesita fuerza militar por muy robusta que sea su economía, el autoritario régimen de Pekín se ha embarcado en la modernización de su Ejército al amparo de su extraordinario crecimiento. Durante las dos últimas décadas, su presupuesto militar ha aumentado cada año a un ritmo de dos dígitos hasta alcanzar los 670.270 millones de yuanes (84.000 millones de euros). Aunque Estados Unidos sospecha que dicha cifra podría ser el doble, está lejos de los 740.000 millones de dólares (580.000 millones de euros) gastados por el Pentágono, que se enfrenta a un nuevo reto en Asia.

Y es que China insiste en su «ascenso pacífico», pero la modernización del Ejército Popular de Liberación –el más numeroso del mundo con 2,2 millones de soldados y 800.000 reservistas– ha elevado la tensión en el Pacífico. En los últimos meses, se han prodigado las disputas territoriales con Japón y otros vecinos del Sureste Asiático a cuenta de islotes deshabitados, pero ricos en recursos naturales como bancos de pesca, gas y petróleo. Entre ellas destacan el archipiélago de las Senkaku (Diaoyu, en mandarín), controladas por Tokio y reclamadas por Pekín, y las islas Paracelso y Spratly, que suponen un foco constante de fricciones con otros países de la zona, como Taiwán, Filipinas, Malasia y Brunei.

«Derechos de soberanía indisputables»

«China tiene derechos de soberanía indisputables sobre las islas del Mar del Sur y sus aguas adyacentes, así que nos oponemos a cualquier intervención militar del exterior en esa región», advirtió el pasado verano el portavoz del Ministerio de Defensa, Geng Yansheng, con motivo del 85 aniversario del Ejército. Con el fin de reforzar su presencia en la zona, el régimen chino ha fundado un pueblo, Sansha, en la isla de Yongxing, cercana a Hainan, donde ha destinado un destacamento militar que ha levantado ampollas entre sus vecinos al considerarlo una provocación.

El programa espacial chino ya ha probado su capacidad para destruir satélites en órbita

Para «ganar guerras locales», como señaló el primer ministro, Wen Jiabao, durante la reunión en marzo de la Asamblea Nacional, China cuenta ya con su primer portaaviones, ha desarrollado el caza J-31 invisible al radar y dispone de una flota de submarinos atómicos. Además, su programa espacial ha efectuado ya cuatro misiones tripuladas desde 2003 y ha probado su capacidad para destruir satélites en órbita.

Con 300 metros de eslora y 55.000 toneladas de peso, el portaaviones «Varyag», rebautizado como «Liaoning» por la Armada china, fue empezado a construir en Ucrania durante la época de la extinta Unión Soviética. Pero el colapso de los regímenes comunistas lo dejó varado y a medio terminar en los astilleros hasta que una empresa china lo compró por 20 millones de dólares en 1998. En aquella época, era sólo un casco oxidado y sin motor adquirido a precio de saldo para, en teoría, albergar un casino flotante en Macao. Algo similar a lo ocurrido con el «Kiev», otro portaaviones ruso que supone una de las atracciones más curiosas de un parque de atracciones de Tianjin y acaba de abrir un hotel de lujo en su interior.

Pero, en lugar de acabar entre las ruletas de la excolonia portuguesa, el «Varyag» fue dirigido al puerto de Dalian, al noreste del país en la provincia de Liaoning, para su reforma y posterior adaptación como embarcación de guerra. Durante cuatro años, los técnicos del Ejército Popular de Liberación trabajaron en su restauración e instalación de sistemas internos para volverlo totalmente operativo, convirtiéndose además en un excelente laboratorio de prácticas para la construcción de nuevos portaaviones en el futuro. Según han informado durante los últimos tiempos distintos medios chinos y asiáticos, como la revista militar de Hong Kong «Kanwa», la rehabilitación incluyó todos los camarotes y salas para la tripulación, equipos de navegación, motores y sistemas de propulsión.

El «Liaoning», sobre el que aterrizarán y despegarán cazas rusos Su-33 y los propios modelos chinos J-11, es bastante más pequeño que el portaaviones estadounidense «USS George Washington», uno de los once que tiene la Armada americana y que patrulla por el Océano Pacífico desde su base en Japón. Pero sus primeras travesías de pruebas ya han elevado la tensión en Asia, donde los vecinos de China contemplan con temor su ascenso militar. Junto a dicho buque, el Pentágono teme que los misiles chinos Dong Feng 21D, capaces de hundir sus portaaviones a 1.500 kilómetros de distancia, contrarresten su hegemonía en el Pacífico.

Ciberguerra

Tal y como sospecha la Casa Blanca, Pekín también ha reclutado una legión de «hackers» (piratas informáticos) para la «ciberguerra» del futuro y mantiene desplegados más de un millar de misiles apuntando a Taiwán, la isla que permanece separada desde el final de la contienda civil en 1949.

Controladas por la Comisión Central Militar del Partido Comunista, al mando del presidente Hu Jintao, las Fuerzas Armadas chinas también se ha visto salpicadas por graves escándalos. A principios de año, el general Gu Junshan, subdirector del Departamento de Logística del Ejército, fue detenido por corrupción y permanece a la espera de ser juzgado por un tribunal militar.

Aunque éste fue quien descubrió el caso, su caída en desgracia ha minado las posibilidades de promoción del general Liu Yuan, comisario político del Departamento de Logística e hijo del expresidente Liu Shaoqi, quien murió en prisión purgado por Mao durante la «Revolución Cultural» (1966-76).

En octubre, el presidente Hu Jintao remodeló la cúpula militar con vistas al Congreso del Partido Comunista. Así, el general Ma Xiaotian, de 63 años, fue nombrado comandante de las Fuerzas Armadas en sustitución del general Xu Qiliang, de 62, quien podría ascender a una de las dos vicepresidencias de la Comisión Militar Central. En la actualidad, la otra la ocupa Xi Jinping, quien el jueves relevará a Hu Jintao como secretario general del Partido y en marzo del próximo año le sucederá como presidente de China. Lo que aún no está claro es si, durante este proceso de transición, Hu Jintao retendrá la presidencia de la Comisión Militar Central, como hizo en su momento el expresidente Jiang Zemin, quien se mantuvo en el cargo durante dos años más tras dejar el poder. Como no podía ser de otra manera en un país fundado por un guerrillero revolucionario como Mao Zedong, las pugnas internas del Partido también se libran en el Ejército.