China S.A., la dictadura capitalista
Una empleada ajusta los precios en un supermercado de Wuhan, en la provincia de Hubei - reuters

China S.A., la dictadura capitalista

Sin oposición ni medios independientes, la corrupción corroe al régimen de Pekín, que dirige el país como si fuera una corporación empresarial

CORRESPONSAL EN PEKÍN Actualizado:

«La corrupción podría hundir al Estado». La advertencia la lanzaba esta semana el presidente chino, Hu Jintao, durante la apertura del XVIII Congreso del Partido Comunista, que el jueves renovará su cúpula y aupará al vicepresidente Xi Jinping como su sucesor.

Como nuevo secretario general, este burócrata eficiente y «neoliberal» heredará una gigantesca organización que poco se parece a aquel grupúsculo marxista-leninista fundado clandestinamente en 1921 por una pandilla de idealistas revolucionarios, entre ellos un jovencísimo Mao Zedong.

Desde la política de apertura y reforma alumbrada por DengXiaoping a finales de los 70, el Partido Comunista ha abrazado el capitalismo de Estado, sacado a cientos de millones de la pobreza y convertido a la atrasada China campesina en la segunda potencia mundial tras Estados Unidos.

Desigualdades y corrupción

Pero sus éxitos son tan notables como sus fracasos. Entre ellos destacan las crecientes desigualdades entre ricos y pobres, y una corrupción generalizada entre las autoridades que no puede ser extirpada por la propia naturaleza de este régimen autoritario.

Sin oposición política ni medios independientes que denuncien sus abusos, el Partido Comunista dirige este pujante país como si fuera una corporación y es imposible hacer negocios sin «guanxi» (contactos) porque el poder político y el económico van unidos.

En lugar de combatirla, la corrupción se usa como un arma política entre las facciones del Partido. Su última víctima es Bo Xilai, el popular dirigente cuya caída en desgracia ha desatado una enconada lucha interna. Hijo de un héroe revolucionario, el «principito» Bo Xilai será juzgado por aceptar sobornos y encubrir el crimen cometido por su esposa, Gu Kailai, condenada a muerte por envenenar a Neil Heywood, el socio británico que les ayudaba a evadir su fortuna ilegal.

Al ser un protegido del expresidente Jiang Zemin, su purga le ha servido a Hu Jintao para reforzarse a la hora de colocar a sus aliados en el todopoderoso Comité Permanente del Politburó, que renovará a siete de sus nueve miembros y es el máximo órgano de poder en China.

Precisamente, lo mismo ocurrió con otro acólito de Jiang Zemin en el anterior Congreso del Partido, celebrado en 2007. Un año antes, el entonces secretario en Shanghái, Chen Liangyu, fue defenestrado en otro escándalo de corrupción por el que acabó entre rejas.

¿Se trata de casos aislados en el régimen? Parece que no. Según una investigación del diario «The New York Times», probablemente filtrada por sus adversarios dentro del partido, la familia del primer ministro, Wen Jiabao, atesora una fortuna valorada en más de 2.000 millones de euros.

«Reina de los diamantes»

Aunque no constan suntuosas propiedades a su nombre, su esposa, Zhang Beili, es conocida como la «reina de los diamantes» por el éxito de su empresa de joyería, mientras que su hijo, «Winston» Wen Yunsong, es otro adinerado hombre de negocios que se codea con magnates de Hong Kong y Singapur.

A tenor de Bloomberg, el patrimonio familiar del próximo presidente, Xi Jinping, asciende a 310 millones de euros y al 18% de una compañía de minerales raros valorada en 1.340 millones de euros. Ninguna de estas noticias fue recogida por los medios chinos y, además, resultaron bloqueadas por la censura en internet.

A pesar de sus discursos moralistas, el presidente Hu Jintao tampoco se ha librado de las sospechas por culpa de su hijo, Hu Haifeng. Antes de dejarla en 2008, su compañía tecnológica, Nuctech, ganó el concurso para instalar todos los escáneres de seguridad en los 147 aeropuertos de China y en metros como el de Pekín. Además, dos de sus directivos se han visto implicados en sobornos en Namibia, también ocultados por el régimen.

«A distintos niveles, cada cuadro del partido es corrupto», resume para ABC I-Chung Lai, experto del Taiwan Think Tank, mientras que Jin Zhong, editor de la revista «Open» en Hong Kong, cree que «hace falta más transparencia porque el régimen es demasiado opaco».

Incluso cuando han dejado el poder, los jerarcas del partido y sus parientes siguen beneficiándose de su influencia. Li Xiaolin, el hijo del exprimer ministro Li Peng, «el carnicero de Tiananmen», dirige una eléctrica estatal, mientras que Jiang Mianheng, el vástago del expresidente Jiang Zemin, ha trabajado en compañías de telecomunicaciones e internet.

De comunismo atroz a capitalismo salvaje, los jerarcas se han forrado con las empresas estatales

Desde que éste se sacara de la manga la «teoría de la triple representatividad» en 2002, los empresarios pueden formar parte del partido, que cuenta ya con más de 82 millones de miembros. En este paso del comunismo atroz al capitalismo salvaje, los jerarcas del régimen se han forrado gracias a las empresas estatales que controlan el mercado más dinámico del mundo. Según un informe de la revista «Hurun», que cada año elabora una lista de multimillonarios, el 90 por ciento de los 1.000 chinos más ricos pertenece al partido.

Gracias a las fortunas que atesoran figuras como Zhong Qinghou, presidente del grupo de bebidas Wahaha; Wu Yajun, responsable de la inmobiliaria Longfor; o Lu Guanqiu, magnate de la industria de la automoción, los 70 diputados más ricos de China ganaron 8.616 millones de euros en 2010, 3.000 más que los 535 representantes del Congreso de Estados Unidos, el presidente Obama y su Gobierno y los jueces del Tribunal Supremo.

Con tanto poder y tanto dinero, entre 16.000 y 18.000 funcionarios y cuadros corruptos del Partido Comunista se han apropiado de más de 83.000 millones de euros desde mediados de los 90 hasta 2008, según desveló el año pasado el Banco Central de China. En una de las mayores evasiones de divisas de la historia, huyeron con sus fortunas a EE.UU., Canadá, Australia y Holanda, donde efectuaron grandes inversiones que, en ocasiones, les han reportado un visado con el que eludir la Justicia china.