La pregunta de quién es Jack el Destripador lleva más de 130 años sin respuesta
La pregunta de quién es Jack el Destripador lleva más de 130 años sin respuesta

¿Por qué resulta imposible descubrir la identidad de Jack el Destripador?

Una nuevo estudio genético asegura que el asesino en serie más famosos de la historia era un peluquero polaco de 23 años. Otras teorías dicen que fue un zapatero judío, un abogado, un perturbado pobre y hasta un complot de la Casa Real

MadridActualizado:

¿ Quién es Jack el Destripador? La pregunta lleva más de 130 años trayendo de cabeza a un montón de investigadores de todo el mundo. Ni científicos, ni médicos, ni historiadores ni los detectives más prestigiosos de Scotland Yard han conseguido dar con la respuesta en todo este tiempo. Es uno de los grandes misterios policiales de los siglos XIX, XX y XXI, que ha gozado de teorías de toda índole: que si Jack era un zapatero judío, que si un abogado e, incluso, un pobre perturbado. Otra hipótesis aseguraba que los asesinatos fueron parte de un complot de la Casa Real… ahí es nada.

La última teoría sobre la identidad de Jack el Destripador fue publicada por la revista « Journal of Forensics Sciences» el pasado 12 de marzo. Sus autores –Jari Louhelainen, profesor titular de Biología Molecular en la Universidad John Moores de Liverpool, y David Miller, experto en Reproducción de la Universidad de Leeds–, creen que el asesino en serie más famoso de la historia era un peluquero polaco. Una conclusión a la que han llegado tras realizar un análisis de ADN a un chal que perteneció a una de las víctimas, Catherine Eddowes, que fue asesinada durante la madrugada del 30 de septiembre de 1888.

El famoso homicida mató, desfiguró y mutiló a cinco mujeres entre abril de 1888 y febrero de 1891. Algunas teorías le atribuyen decenas de crímenes más, pero ese es otro de los datos que nunca ha conseguido demostrarse. Durante años también se dijo que todas eran prostitutas, pero en el último libro publicado por Hallie Rubenhold, « The Five: The Untold Lives of the Women Killed by Jack the Ripper» (Random House, 2019), esa teoría también se echa abajo.

Según la historiadora británica no todas las víctimas lo eran ni puede darse por hecho que, en el momento de ser asesinadas, estuvieran ejerciendo de meretrices. Una mentira que, explica, se ha perpetuado a lo largo de estos 130 años por las actitudes «sexistas» e interesadas de los investigadores. «Glorificamos al Destripador, tenemos una gran fascinación por él y por un misterio que no ha podido resolverse en 130 años, pero nunca nos hemos cuestionado quiénes eran aquellas chicas», cuestionaba la autora en « The Telegraph» hace ocho meses.

El chal

Estas víctimas eran Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Mary Jane Kelly y la mencionada Catherine Eddowes. Según Rubenhold, al menos tres de ellas eran simplemente chicas de clase baja. Criadas, trabajadoras y lavanderas que no se habían prostituido jamás, lo que ha contribuido a «desfigurar» su imagen histórica y ser tratadas como ciudadanas de segunda cuando no lo eran. «Las historias de estas mujeres son extraordinarias y únicas, y durante 130 años los medios las han simplificado en exceso. Las cinco siempre han sido consideradas como el desperdicio de la sociedad: sucias, arruinadas y lamentables zorras empapadas en alcohol, pero ninguna de ellas comenzó su vida de esta manera. Sus padres y maridos eran impresores, carpinteros, ayudantes de caballeros, cocheros y soldados de la Reina. Sus hijas asistían a escuelas de pago, sus suegros eran promotores inmobiliarios. Se codeaban con la reina Victoria y con Charles Dickens», aseguraba la historiadora, que en el mismo libro también defendió la teoría de que Jack el Destripador no forcejeó con ninguna de ellas, sino que las mató mientras dormían.

El último estudio de Louhelainen y Miller se ha basado en las nuevas técnicas de análisis de ADN hechas al viejo chal manchado que se encontró al lado de Eddowes, la segunda víctima. Esta prenda contendría, al parecer, restos genéticos del que fue uno de los principales sospechosos de la investigación a finales del siglo XIX: Aaron Kosminski, un barbero polaco con desórdenes mentales de 23 años. Según los responsables, el mantón de 2,4 metros de largo fue cogido de la escena del crimen por el sargento en funciones del caso de Scotland Yard, Amos Simpson. Y de ahí pasó por su familia durante generaciones hasta que fue vendido en 2007 a Russell Edwards.

Fue este conocido detective y el escritor británico quien lo puso a disposición de los científicos. «Describimos por primera vez un análisis sistemático a nivel molecular de la única evidencia física existente relacionada con los asesinatos de Jack el Destripador», escriben Louhelainen y Miller. Estos recuperaron una muestra del pañuelo con la que determinaron, en 2014, que en la prenda había restos sangre y semen de Eddowes y de Kosminski. «A nuestro entender, este es el estudio más avanzado hasta la fecha con respecto a este caso», explican.

«Un estudio con agujeros»

¿Fue Jack el Destripador finalmente ese peluquero polaco del que ya se sospechó en la época de los asesinatos? ¿Qué hay de los otros sospechosos apuntados en los últimos años? Es difícil dar por cierto un nombre cuando sobre este asesino han circulado ya demasiadas teorías a lo largo del último siglo y medio. Puede que ya nunca podamos saberlo a ciencia cierta. De hecho, pocos días después de publicarse el estudio de Louhelainen y Miller, ya surgieron las primeras voces críticas con sus resultados.

«Tiene tantos agujeros, incluidas la procedencia del mantón, la contaminación del material genético que se extrajo de él y los métodos utilizados para analizar el material genético, que es una maravilla que se haya publicado», declaró un profesor de la Universidad de Leicester Turi King a la revista « Live Science». Para este experto, el análisis no proporciona ni una pista sola pista importante sobre la identidad de Jack el Destripador, aunque ya se adelantó hace cinco años en el libro de Russell Edwards, «Naming Jack the Ripper» (Lyons Press, 2014).

En primer lugar, porque es dudoso que el chal perteneciera a Eddowes, defiende King. Y, en segundo, porque no está claro que el chal que pasó de generación en generación en la familia del sargento de Scotland Yard hubiera sido cogido de la escena del crimen de una de las víctimas. ¿Por qué? Porque en Londres había entonces dos fuerzas policiales y la mayoría de los asesinatos de Jack el Destripador es cierto que se produjeron bajo la jurisdicción del Servicio de Policía Metropolitana, de Scotland Yard, donde trabajaba Simpsons. Sin embargo, el crimen de Eddowes se produjo justamente en un área supervisada por la Policía de Londres, a la que no pertenecía este sargento. Eso quiere decir que no podría haber estado trabajando en el caso.

¿Quién es Jack el Destripador?

La identidad del Destripador parece, una vez más, imposible de averiguar. La que decía que era Kosminski fue ya defendida por el director del Departamento de Investigación Criminal (CID) durante los crímenes, Robert Anderson. Una teoría que muchos quisieron confirmar en 2014 con las coincidencias de ADN mitocondrial entre familiares vivos de Kosminski y el que contenía el mencionado chal. Pero ya hemos visto que no está tan claro de demostrar.

Otros apuntaron a un prestigioso abogado de 31 años que perteneciente a una buena familia: Montague John Druitt. Las pruebas las aportó el investigador de la Policía de Londres Melville Macnaghten, que lo calificócomo «sexualmente enfermo», es decir, homosexual. Pero nunca se pudo probar, porque este se suicidó arrojandose al Tamesis semanas despues del asesinato de Kelly. Y, además, el inspector responsable del caso, Frederick Abberline, aseguró que no existía ninguna prueba seria contra él.

Una tercera hipótesis apuntó al famoso pintor Walter Sickert, del que también se halló una coincidencia en su ADN mitocondrial con el del asesino en una serie de cartas, una de ellas supuestamente firmada por el Destripador. Sin embargo, un 10% de la población comparte ese mismo tipo de ADN. La acusación fue hecha por la escritora Patricia Cornwell, que vio rasgos de psicópata en el. Quizá se debía también a que el artista, que tenía entonces 28 años, estaba interesado en el caso e, incluso, le dedicó uno de sus óleos, titulado «El dormitorio de Jack el Destripador».

También dijeron que el asesino en serie era John Pizer, un zapatero judío detenido dos días después de la muerte de una de las víctimas. Fue acusado por una mujer de blandir un cuchillo contra ella esa madrugada. Además, este ya habia protagonizado altercados con prostitutas, lo que le hacía sospechoso, pero contaba con sólidas coartadas y fue desestimada rápidamente. Fue entonces cuando cogió fuerza la descabellada teoría del complot de la Casa Real en la que estaban implicados el duque de Clarence, Alberto Víctor y el médico personal de la Reina Victoria I de Inglaterra, William Gull. Esta última tesis fue defendida en 1976 por el escritor británico Stephen Knight en su libro «Jack el Destripador: la solución final». En ella mantenía que los asesinatos de Whitechapel fueron el resultado de una conspiración orquestada desde la monarquía para acabar con el chantaje que sufría el primero por haber tenido una hija con una prostituta.

Otra teoría que ha sido desacreditada por los expertos, pero que todavía hoy goza de amplio reconocimiento por los interesados en el tema. ¿Cuál será la siguiente?