Iustración sobre uno de los crímenes de Jack el Destripador - Leemage/Corbis / Vídeo: Así era Jack «El Destripador»

El último y sorprendente descubrimiento sobre cómo Jack el Destripador asesinó a sus víctimas

La historiadora londinense Hallie Rubenhold asegura que la mayoría de ellas dormían profundamente cuando se produjeron los crímenes

MadridActualizado:

El nuevo libro de Hallie Rubenhold, «The Five: The Untold Lives of the Women Killed by Jack the Ripper» (Random House, 2019), ha revelado uno de los detalles más sorprendentes de todos cuantos se han descubierto sobre el asesino en serie más famoso de la historia: no forcejeó con ninguna de sus cinco víctimas confirmadas, sino que las asesinó mientras dormían. La historiadora londinense, especializada en el siglo XVIII, asegura que la mayoría de ellas, además, lo hacían profundamente, por lo que su sufrimiento fue muy inferior del que se pudiera suponer.

Es el segundo dato adelantado de su obra antes de que se publique el próximo 28 de febrero. En ella, el objetivo de Renhold es «resaltar la humanidad de esas mujeres y reclamar la narrativa de Jack el Destripador a favor de sus víctimas», defendía en « Sunday Telegraph» hace cuatro meses. Fue ese el momento escogido por la historiadora para revelar la primera de las supuestas exclusivas: no todas las víctimas eran prostitutas ni se puede dar por hecho que, en el momento de ser asesinadas, estuvieran ejerciendo de meretrices, aunque la mentira se haya perpetuado a lo largo de estos 130 años por las actitudes «sexistas» e interesadas de los investigadores.

Un error que se ha producido, en opinión de la historiadora, porque estos se han centrado siempre en estudiar la figura de Jack, pero nunca se han preocupado por averiguar la identidad real de sus víctimas: Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. «Glorificamos al Destripador, tenemos una gran fascinación por él y por un misterio que no ha podido resolverse en 130 años, pero nunca nos hemos cuestionado quiénes eran aquellas chicas», explicaba la autora en el mismo diario hace cuatro meses.

Las vidas de las víctimas de Jack

Según Rubenhold, una de ellas se había mudado desde Suecia y regentaba una cafetería con su marido. Otra, en cambio, vivía en la residencia de un amigo del Príncipe de Gales. Al menos tres, insistía la experta en septiembre, no eran más que chicas de clase baja. Criadas, trabajadoras y lavanderas que no se habían prostituido jamás, lo que ha contribuido a «desfigurar» su imagen histórica y ser tratadas como ciudadanas de segunda clase cuando no lo eran. «Las historias de estas mujeres son extraordinarias y únicas, y durante casi 130 años los medios las han simplificado en exceso. Las cinco siempre han sido consideradas como el desperdicio de la sociedad: sucias, arruinadas y lamentables zorras empapadas en alcohol, pero ninguna de ellas comenzó su vida de esta manera. Sus padres y maridos eran impresores, carpinteros, ayudantes de caballeros, cocheros y soldados de la Reina. Sus hijas asistían a escuelas de pago, sus suegros eran promotores inmobiliarios. Se codeaban con la reina Victoria y con Charles Dickens», aseguraba.

La otra dos víctimas, sin embargo (Mary Jane Kelly y Elizabeth Stride), sí que habían ejercido la prostitución en algún momento de su vida, aunque resultaba imposible averiguar si la noche en que Jack el Destripador acabó con sus vidas se habían ido con él para obtener dinero a cambio de mantener relaciones sexuales. «Eran mujeres pobres, de clase trabajadora. Una de ellas era más de clase media. Estas mujeres se casaron y tuvieron hijos, eran madres y esposas. Cuando pasaban por tiempos difíciles, podían trabajar en una lavandería o como sirvientas, pero la narrativa aceptada es que las cinco eran prostitutas y que él era un asesino de prostitutas», señalaba.

Últimos descubrimientos

Desde que apareció el primer cadáver el 31 de agosto de 1888, los crímenes de Jack el Destripador han estado de actualidad. Tanto que aún hoy alumnos de Criminología dedican una buena parte del curso a estudiar la forma en que este acabó con sus vidas y cómo logró eludir a las autoridades. Fue, casi desde el mismo momento en que cometió sus atrocidades, una estrella sobre la que se han rodado películas, montado obras de teatro y publicado infinidad de libros. Y no pasa un año sin que aparezcan en los medios de comunicación varias informaciones nuevas.

Para llegara a esta último conclusión, Rubenhold investigó en profundidad el Archivo Metropolitano de Londres y visitó un convento de monjas protestantes para descubrir los registros de un centro de rehabilitación al que había asistido la segunda víctima: Annie Chapman. En ambos sitios, los forenses correspondientes concluyeron que las mujeres fueron asesinadas en una posición reclinada y que ninguna de ellas había forcejeado con su agresor ni proferido grito alguno, lo que avalaría que fueron asesinadas mientras dormían. «No tiene sentido que si hubieran pedido ayuda ante la agresión, no gritaran. Es sorprendente que este hecho no se haya descubierto antes, porque hay muchas más evidencias que sugieren que las cinco mujeres fueron asesinadas así que el hecho de que el crimen se hubiera producido mientras se prostituían, aunque la narrativa posterior de los hechos siempre ha tendido hacia este último punto de vista», apuntaba la autora este lunes a « The Telegraph». Y añadía después: «Más tarde, la Policía confundió a las mujeres sin hogar con prostitutas».

No hay que olvidar que, durante aquello aciagos días de 1888, se produjeron en Whitechapel 11 asesinatos con los mismos patrones, pero a Jack el destripador solo se le hizo responsable de cinco. Las conocidas como «víctimas canónicas»: Mary Ann Nichols (31 de agosto), Annie Chapman (8 de septiembre), Elizabeth Stride y Catherine Eddowes (30 de septiembre) y Mary Jane Kelly (9 de noviembre). Menos Stride, todas aparecieron con la garganta seccionada de izquierda a derecha, el rostro desfigurado, el abdomen abierto en canal, los órganos sexuales mutilados y el útero, el estómago o los intestinos extraídos.

«Firmado. Atrápame si puedes»

El 16 de octubre de 1888, cuando ya había muerto cuatro de las cinco víctimas, el presidente del llamado «Comité de Vigilancia de Whitechapel», George Alkin Lusk, recibió en su domicilio un paquete de nuestro protagonista que contenía medio riñón humano conservado en formol, con una carta titulada «Desde el infierno»: «Le envío la mitad del riñón que saqué de una mujer. La otra mitad la freí y me la comí, estaba muy buena. Puedo mandarle el cuchillo ensangrentado con que lo saqué sólo si espera un poco. Firmado. Atrápame si puedes».

Era ya tan popular que Scotland Yard y los principales periódicos británicos recibían multitud de misivas anónimas atribuyéndose la autoría de los asesinatos y confesando los firmantes que eran Jack el Destripador. Una de ellas, la recibida el 27 de septiembre de 1888 en la Agencia Central de Noticias de Londres, y dirigida al jefe de la policía londinense, fue la que bautizó al asesino en serie: «Mi cuchillo es tan bonito y afilado que quisiera ponerme a trabajar ahora mismo si tengo la ocasión. Buena suerte. Sinceramente suyo. Jack el Destripador», decía.

En mayo del año pasado, otra carta que se cree que fue escrita por Jack el Destripador en 1888 fue vendida por 22.000 libras (unos 25.000 euros) en una casa de subastas de Folkestone (sureste de Inglaterra). La misiva data del 29 de octubre del mencionado año, once días antes de que Mary Kelly, la última víctima, fuese asesinada. «Hay dos mujeres que quiero aquí. Mi cuchillo está en buen estado, es un cuchillo para estudiantes y espero que os guste el riñón. Soy Jack el Destripador», dice escrito.

Pruebas de ADN

A comienzos de 2014, Russell Edwards realizó una serie de pruebas de ADN a la prenda que llevaba una de las chicas durante su asesinado. Los resultados fueron sorprendentes. El investigador aseguró haber identificado al famoso Jack el Destripador. Sin embargo, sus conclusiones fueron desacreditadas a lo largo de estos cinco años, porque carecían del suficiente sustento histórico para ser consideradas válidas. En agosto de 2017, una nueva obra escrita por otro investigador, Robert Smith, afirmaba haber desvelado también el nombre y los apellidos del criminal de Whitechapel. Según este, se trataba de un comerciante de algodón de Liverpool llamado James Maybrick. Una de las principales pruebas aportadas fue el escrito de aproximadamente 9.000 palabras realizado por este en el que dejaba clara su culpabilidad: «Doy el nombre por el que todos ustedes me conocen, para que la historia pueda saber lo que el amor hace con un hombre nacido como caballero. Su servidor, Jack el Destripador».

Sin embargo, este texto, que fue analizado de forma pormenorizada en el libro « 25 Years of The Diary of Jack the Ripper: The True Facts», también fue puesto en duda. Se objetaba que su teoría no era más increíble que aquella que barajó la posibilidad de que Jack el Destripador fuese Sir Arthur Conan Doyle, el famoso creador del personaje de Sherlock Holmes. Esta última teoría también fue analizada en « Informe policial. La verdadera historia de Jack el Destripador», de Jesús Delgado Lorenzo.