Soldados republicanos, dispuestos para disparar contra el enemigo - Martín Santos Yubero

Guerrilleros y saboteadores: los «malditos bastardos» republicanos que Franco odiaba

En su nueva obra, Alfonso López García analiza la evolución histórica de la guerrilla que combatió, con tácticas de comando, contra el bando nacional

Actualizado:

Hablar de la táctica de guerrillas evoca, de forma irremediable, a los hombres que se enfrentaron (mosquete y faca en la diestra) a los molestos soldados galos de Napoleón Bonaparte. Y no ya solo en Andalucía, sino también en lugares tan céntricos como los Montes de Toledo. Sin embargo, el término ha tenido mucho más recorrido en la historia de España. Así lo corrobora a ABC Alfonso López García. Periodista y profesor asociado de la Universidad San Pablo Ceu, publica un libro tan ameno como novedoso: «Saboteadores y guerrilleros. La pesadilla de Franco en la Guerra Civil» (Espasa, 2019).

El título lo dice todo. La obra -basada en su propia tesis doctoral- se ubica en nuestra contienda fraticida y se adentra en la figura de los guerrilleros. Unos soldados insubordinados, fanfarrones y despiadados; pero también unos combatientes que causaron estragos tras las líneas franquistas y que no dudaban en internarse en territorio enemigo para hacer saltar por los aires desde vías férreas hasta centrales eléctricas. Una suerte de «Malditos bastardos» de acento castizo que llegaron a obsesionar a Francisco Franco, como ha quedado constancia en los documentos oficiales.

-¿Podría hacer un retrato del guerrillero republicano en la Guerra Civil?

Fue evolucionando a lo largo de toda la guerra. En el 36, al inicio de la contienda, surgió el guerrillero defensivo. Era una persona que no podía escapar de las zonas franquistas y se quedó en la montaña sin hacer demasiadas acciones de sabotaje, intentando salvar su vida. En su mayoría fueron represaliados.

El que surgió poco después me parece más interesante. Llevaba a cabo un tipo de actuación exprés: estaba unos días en zona franquista y hacía todo el daño que podía antes de volver. Al principio era un combatiente desorganizado e insubordinado que luchaba por su cuenta. Ese es el guerrillero más típico, una persona muy ideologizada que odiaba lo que significaba Franco, el fascismo y la ayuda que recibía a nivel internacional el enemigo.

Poco a poco este combatiente se fue profesionalizando con la ayuda que tuvo del gobierno y de las diferentes facciones de izquierdas (que se pusieron de acuerdo a la hora de apoyar a estas partidas). Se llegó incluso a fundar una escuela de guerrilleros muy importante en Valencia, donde hicieron una suerte de “Formación Profesional” brutal en ámbitos como explosivos, orientación o electricidad. Eso hizo que se integraran en XIV Cuerpo del ejército en 1938, un auténtico hito militar.

-¿En qué consistía esta primera guerrilla defensiva?

Era una guerrilla que se escondía porque no quería formar parte de la nueva situación de su ciudad, dominada por el enemigo. Personas que intentaban salvar la vida como prioridad y que, solo si podían, hacían daño. Aunque también sujetos que no querían claudicar ni apoyar a las tropas franquistas. Al final, también repartían propaganda y saboteaban líneas férreas, pero de forma mucho más esporádica y mucho más sigilosa.

-¿Cuál era el perfil del guerrillero exprés que llegó a partir de 1937?

Muchos eran campesinos de perfil bajo en cuanto a cultura. Al menos al principio. Posteriormente, al integrarse en el Cuerpo del Ejército, hubo perfiles de todo tipo. Un ejemplo es que muchos de los voluntarios de la Brigada Lincoln fueron guerrilleros y tenían un nivel cultural más elevado. Al final hubo diferentes perfiles, aunque predominaba el hombre de campo, más rudo.

-¿Cómo era su carácter?

Protagonizaron muchos casos de insubordinación y daban multitud de problemas de disciplina. Provocaban trifulcas, se emborrachaban... También eran despiadados. Quizá por su forma de hacer la guerra. Sabían que cada incursión que hacían en territorio enemigo podía ser la última por lo arriesgado que era internarse en territorio enemigo. Por eso tenían un carácter salvaje. Se ganaron una fama de brutales y temidos.

«Los guerrilleros tenían un carácter salvaje. Se ganaron fama de brutales»

-¿Cuáles eran las acciones más habituales de la guerrilla exprés?

En principio, las misiones fueron definidas por los mismos guerrilleros. Luego regularon algo que ya estaban haciendo. Lo más básico era volar puentes y líneas férreas para evitar la llegada de refuerzos y armamento a determinadas zonas. También hacían estallar desde centrales eléctricas hasta polvorines. Además, repartían propaganda, organizaban emboscadas e intentaban asesinar a oficiales contrarios.

Por último, también eran los encargados de evitar las evasiones y deserciones, que estaban a la orden del día. Si los guerrilleros veían a un compañero intentado pasarse al bando franquista, acababan con él. Eso les hizo también ganarse esa fama de despiadados entre aliados y enemigos. Unido a que estaban muy ideologizados, se ganaron el respeto (y el pavor) de los soldados franquistas.

Eran verdaderos comandos que se internaban en zona enemiga por la noche, causaban estragos y regresaban. Habitualmente en regiones que conocían. Pero todo les valía: dejar tachuelas en mitad del campo para pinchar las ruedas de los vehículos, hacer termos explosivos que estallaban cuando eran recogidos...

-Habla de asesinar a oficiales enemigos...

Sí. Esta tarea fue planteada por los “Grupos de la muerte” anarquistas. Una de sus misiones estipuladas era asesinar a altos oficiales o, llegado el caso, al mismo Franco. Pero al final quedaron en nada.

-¿Cómo iban equipados para una de estas acciones nocturnas?

Iban cargados con mucho peso porque la idea es que pasaran días en territorio enemigo para causar estragos. Llevaban explosivos, armas (las que tenían, algunas muy viejas), disfraces enemigos por si tenían que meterse en poblaciones, comida... Lo más llamativo era el tabaco, que era primordial. En algunas ocasiones incluso regresaban antes porque se les había terminado. Llevar todo eso era un problema por las largas caminatas que debían afrontar.

-¿Hasta qué punto eran una «pesadilla» para el franquismo?

Franco tuvo muchos problemas para detener sus acciones y para encontrar voluntarios que quisieran arriesgarse a controlar las zonas de paso. Les llegó a ofrecer militarización y un sueldo para que se animaran a ejercer esta tarea, pero nadie estaba dispuesto. Eso sería por algo...

Eran temidos. Hay que tener en cuenta que solían disfrazarse de falangistas para pasar desapercibidos y era difícil reconocerles. Eso desconcertaba mucho.

Es cierto que no fueron decisivos en el desenlace de la guerra, pero para Franco fueron un quebradero de cabeza. Él quería controlarlo todo y mandaba personalmente extremar la vigilancia con personal de garantías para que no se repitieran los actos de sabotaje. Estaba muy preocupado porque no entendía por qué no podía detener estos ataques. De hecho, este tipo de acciones le llevaron a cambiar muchos movimientos tácticos. Al final, incluso intentó crear sus propias guerrillas dentro los llamados grupos C. Eran muy parecidas a las republicanas, aunque menores en número. Si las primeras llegaron a alcanzar los 9.000 miembros, las suyas apenas sumaron 400 voluntarios (entre ellos, 125 falangistas).

-¿Llegaron a desesperar a Franco?

Desde luego, vistos los documentos, parece que las acciones guerrilleras le enfadaban mucho. Tenía que hacer frente a voladuras de vías de tren, destrucción de polvorines, ataques nocturnos... Por ello era recurrente que solicitara extremar la vigilancia, que se contratara a personal de garantías y que se esforzaran en que no volviera a ocurrir. Creo que estas acciones desgastaron la moral de Franco. La demostración es que, tras la guerra, no quiso integrar en el ejército a los cuerpos especiales de operaciones hasta los años sesenta. Muy tarde. Eso fue porque su forma de combatir le recordaba a la de los guerrilleros republicanos del XIV Cuerpo.

9-¿Recibió la guerrilla apoyo del gobierno?

Sí. Uno de los que más apoyo le dio fue Manuel Estrada Manchón, jefe del Estado Mayor Central, por los datos que estaba recibiendo. Sabía que causaban muchas bajas al enemigo.

También creyó en ella el presidente del gobierno de la República Francisco Largo Caballero, que estaba convencido de que podía dar un vuelco a la contienda con la acción guerrillera. Pensaba que todos aquellos partidarios de la república que se encontraban en el bando franquista se sublevarían si los guerrilleros les convencían.

Llegó a idear una operación masiva para utilizar a la guerrilla como enlace con este pueblo “dormido”. En principio, el objetivo era que la población se alzara contra Franco en Extramadura, aunque luego extendió sus pretensiones hasta Málaga, Teruel o Jaén. Pero evidentemente no se consiguió.

«Franco tuvo muchos problemas para detener sus acciones y para encontrar voluntarios que quisieran arriesgarse a controlar las zonas de paso»

-¿Por qué se intentó profesionalizar a los guerrilleros?

Por varias causas. La primera era evitar comportamientos como la insubordinación o las borracheras. Pero también se pretendían idear nuevas tácticas para lograr sorprender a unos soldados franquistas cada vez más acostumbrados a enfrentarse a la guerrilla. Por ello, las partidas se fueron integrando en diferentes grupos y batallones a lo largo de la Guerra Civil. Así, hasta que se adhirieron al XIV Cuerpo del ejército en 1938. Aunque, más allá de adscribirles a una unidad, lo que se buscaba era darles un entrenamiento mejor.

-¿Lograron convertirles en soldados de élite?

Crearon tres escuelas de formación: en Cataluña, en Madrid y en Valencia. La mejor y más reconocida fue la última, ubicada en Benimamet. En ella estudiaban tácticas de guerrilla, cómo manejar todo tipo de explosivos, electricidad... Todo ello, para lograr convertirles en un grupo de élite. Estos centros contaban con la ayuda de instructores soviéticos.

La idea era evolucionar siempre. Y lo lograron. Pasaron, por ejemplo, de destruir las vías férreas a aprender a utilizar un explosivo retardante que se adhería a las ruedas del tren cuando pasaba y, por tanto, causaba el doble de daño. Fueron avanzando en el conocimiento de la guerra exprés. Toda esta instrucción era similar (con ciertas salvedades) a la que, en la actualidad, se da a los cuerpos de operaciones especiales. Con todo, es llamativo también que, dentro de esta instrucción, había asignada una hora para dormir la siesta.

-¿Cuál fue la acción guerrillera más destacable de la contienda?

La más exitosa fue la liberación del fuerte de Carchuna, en Granada, en mayo de 1938. Allí, un grupo de guerrilleros logró rescatar a unos 300 prisioneros que estaban presos y los devolvieron a zona segura. Solo hubo dos bajas. A Franco le dolió especialmente.

A nivel personal, eso sí, las acciones que más me llaman la atención son las de sabotaje pacífico. Fueron las más poéticas y, hasta ahora, eran inéditas. Estaban protagonizadas por trabajadores del bando franquista que boicoteaban las bombas a sabiendas para que no explotaran. Además, incluían mensajes de ánimo en ellas como “Soy de los vuestros”, “Estas bombas no explotan” o “Los explosivos que pasen por mis manos no explotarán nunca”.

Soldado republicano, preparado para el combate
Soldado republicano, preparado para el combate

-¿Terminó la guerrilla tras la Guerra Civil?

Una vez que terminó la contienda, algunos siguieron luchando en la Segunda Guerra Mundial. Aunque otros decidieron quedarse y convertirse en maquis, un fenómeno muy estudiado. A nivel internacional, el guerrillero español Alberto Bayo entrenó a Fidel Castro y al Che Guevara, lo que les permitió derrocar a Batista. La guerrilla también llegó a los Estados Unidos mediante los voluntarios que volvieron a su país tras 1939. Estos aleccionaron a futuros guerrilleros para integrarlos en la OSS, el germen de la actual CIA. Se puede decir que España tuvo mucho que ver con la creación de esta organización.

Al final, España fue un banco de pruebas para este tipo de guerrilla. Una guerrilla que fue exitosa en cuanto al estudio de su metodología, más que a nivel efectivo.

-¿Cómo debe recordarles la historia?

No debemos recordarles como un ejemplo a seguir, porque cometieron todo tipo de atrocidades (igual que el enemigo). Sí debemos verles como el inicio de un cambio de paradigma a nivel mundial que comenzó en España. Durante la contienda inquietaron mucho al bando franquista. Tras ella, exportaron su forma de combatir al mundo.

En todo caso, me gustaría dedicar un espacio especial a todos aquellos que se arriesgaron a inutilizar armas y explosivos. Hasta ahora eran personas cuya labor se desconocía y que, muy probablemente, fueron ejecutados por los servicios secretos franquistas. Es seguro que mucha gente vive hoy gracias a que ellos se arriesgaron.