Soldados del Ejército yugoslavo - wikimedia Vídeo: La "vía eslovena" de Torra recibe la crítica unánime de todas las formaciones políticas
Cataluña

La «vía eslovena» de Quim Torra para Cataluña: diez días de guerra, 60 muertos y ciudadanos «borrados»

El presidente de la Generalidad, quien sabe si por desconocimiento o provocación, asegura que la Guerra de los Diez Días debe ser el ejemplo a seguir para la Comunidad Autónoma

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De un tiempo a esta parte, los políticos españoles han tenido enormes meteduras de pata cuando se han lanzado a hablar sobre Historia. Recuerden, sino, el mensaje de Pablo Iglesias vía twitter en el que hacía referencia a la falta de higiene de los Reyes Católicos. O cuando ERC solicitó que la bandera con la cruz de San Andrés fuera retirada de las aeronaves del Ejército por considerarla un símbolo franquista. Pues bien, ahora a esta lista se suma el presidente de la Generalidad de Cataluña, Quim Torra. Quién sabe si por desconocimiento, o deseo de provocar, el dirigente autonómico afirma que el ejemplo a seguir por Cataluña en su búsqueda por la independencia debe ser el de Eslovenia.

«En Eslovenia nos dijeron que ellos lo hicieron y que nosotros también lo podemos hacer. La vía eslovena es la vía de la libertad. (...) Los catalanes hemos perdido el miedo. No nos dan miedo. No hay marcha atrás en el camino hacia la libertad. Los eslovenos decidieron tirar adelante con todas las consecuencias. Hagamos como ellos y estemos dispuestos a todo por vivir libres», aseguró el político catalán durante la presentación del Consejo por la República en Bruselas. Sin embargo, no habló sobre los 10 días de guerra que costó la emancipación del país balcánico. Tampoco hizo mención alguna a las más de 60 personas que perdieron la vida durante el conflicto. Y, por supuesto, no dijo palabra alguna sobre los ciudadanos «borrados»: las 18.000 personas que perdieron sus derechos como residentes en el estado de Europa del Este. Una flagrante violación de los Derechos Humanos.

La caldera de los Balcanes

Si uno atiende a los manuales de Historia Contemporánea de Europa, no tendrá que leer mucho antes de caer en la cuenta de la particular complejidad de los Balcanes. A lo largo de los siglos, este espacio, contenedor actualmente de 13 nacionalidades con sus filias y sus fobias en materia cultural y religiosa, ha sido el escenario de numerosas (y sangrientas) guerras. Desde el enfrentamiento contra el Imperio Otomano en 1912, hasta los sucesivos conflictos nacionalistas que redefinieron las retorcidas fronteras de Europa del Este a finales del siglo XX. Precisamente, dentro de este último grupo se encuentra la Guerra de los Diez Días (1991), con la que Eslovenia alcanzó la independencia.

A diferencia de Croacia o Bosnia, que se las vieron y se las desearon para emanciparse de Yugoslavia, Eslovenia alcanzó su objetivo con cierta rapidez. El gran apoyo a la secesión dentro de la, por entonces, región yugoslava quedó en evidencia durante el referéndum celebrado el 23 de diciembre de 1990 en el país balcánico, que tuvo una participación en torno al 90%. El 95% de los votantes optó por la escisión. Una cifra que queda a años luz de la cosechada por las fuerzas independentistas catalanas durante las elecciones de diciembre de 2017, en las que cosecharon menos del 50% de los votos.

A pesar de la amplia victoria secesionista, el Gobierno yugoslavo, afincado en Belgrado, no estaba dispuesto a poner facilidades. Más bien todo lo contrario. «El Gobierno Federal no legalizará los resultados de esta consulta , que no tendrá otro efecto que el de abrir una nueva etapa de tensión», aseveró el por entonces ministro de Justicia, Vlado Jambovski. Por su parte, el que fuera primer ministro esloveno, Lojze Peterle, aseguró que el Gobierno comenzaría a mantener conversaciones con Belgrado destinadas a encaminar el progresivo distanciamiento de Eslovenia. «Podemos vivir sin Yugoslavia», afirmó el dirigente.

Soldados de la Defensa Territorial realizandio ejercicios en 1991
Soldados de la Defensa Territorial realizandio ejercicios en 1991

Igual que al Gobierno de Belgrado, al ejército yugoslavo tampoco le hizo demasiada gracia el resultado del plebiscito. De este modo, se preparó para lo que pudiese venir desarmando a las unidades autonómicas de la Defensa Territorial. Estas fuerzas eran un remanente de la lucha contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial, que se mantenían activas por temor a un ataque soviético. Se las consideraba como una suerte de ejército regional, en este caso al servicio de los intereses de Eslovenia. Sin embargo, para principios de 1990, con la URSS a punto de desaparecer, se consideró que su pervivencia suponía un peligro innecesario. A pesar de esto, Eslovenia se las ingenió para sortear la prohibición y mantener un ejército clandestino listo para la lucha. Debían estar preparados para la guerra en el momento en que se produjese la declaración de independencia, la cual llegó el 25 de junio de 1991.

Hostilidades

Lo que vino después fue la guerra. Lo primero que intentaron hacer los dos estados fue asegurarse el control del territorio. El pueblo esloveno levantó barricadas destinadas a dificultar el paso de los carros de combate del JNA (Ejército Popular Yugoslavo) y en tomar el control de los puestos fronterizos, los cuales, no obstante, acabaron cayendo en su mayoría en manos de los soldados enviados por Belgrado el 27 de junio; el mismo día en el que se produjeron las primeras víctimas mortales, con cerca de nueve fallecidos según informó ABC.

Cuando las armas empezaron a resonar, Eslovenia realizó un llamamiento al diálogo. Sin embargo, el presidente de la nueva república, Milan Kučan, anunció el día 29 de junio que su territorio nunca volvería a formar parte de Yugoslavia. Según las horas y los días pasaban, se dejaba entrever que la victoria acabaría por caer del lado del lado de la nueva república, que contaba con un apoyo popular muy superior al de Yugoslavia. Las fuerzas de Defensa Territorial derrotaron al JNA en varias ocasiones, lo que llevó a que se tratase de acordar un alto el fuego. Aunque no sin oposición de los militares yugoslavos, que estaban convencidos de que podrían darle la vuelta a la situación.

Lo cierto es que, a pesar de las reticencias, los militares no tardaron en verse forzados a reconocer la derrota. El día 8 del conflicto (3 de julio) aceptaron la oferta de alto el fuego. Para entonces el conflicto se había cobrado más de 60 vidas (la mayoría de soldados yugoslavos) y había dejado más de 300 heridos.

El 7 de julio la guerra llega a su fin con la firma del acuerdo de Brioni. Según lo suscrito, Eslovenia tendría que esperar 3 meses para convertirse en estado soberano. Algo que importaba poco o nada, ya que la independencia quedaba garantizada. Yugoslavia se comprometía a retirar en ese periodo de tiempo todos sus efectivos de territorio esloveno.

Los ciudadanos «borrados»

El mismo día de la declaración de independencia de Eslovenia, la todavía república federal yugoslava dio orden a sus 200.000 habitantes procedentes de otros territorios de solicitar un permiso de residencia. Algo extraño, ya que todos ellos contaban con sus papeles en orden. Tenían seis meses para regularizar de nuevo su situación. Según se recoge en un reportaje del diario El País, 170.000 cumplieron con la demanda del Gobierno, 12.000 abandonaron Eslovenia y 18.000 «fueron borrados sin previo aviso» perdiendo tods sus derechos por el camino.

Entre los afectados por esta medida se encontraban principalmente nativos de otras repúblicas yugoslavas, como serbios, croatas o bosnios. A partir de febrero de 1992, todos ellos se convertían en ilegales. Muchos de ellos fueron enviados a sus países de origen que, como era el caso de Bosnia o Croacia, por entonces se encontraban en guerra.

«(Los borrados) perdieron su derecho a obtener un trabajo digno y legal, a obtener una pensión, a tener garantizada la asistencia médica o a tener garantizada una educación de calidad. En resumen, perdieron aquellos derechos que están garantizados en la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada en 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas», sostiene el historiador Marcos Ferreira Gallardo en el artículo «La Independencia de Eslovenia respecto a Yugoslavia (1987-1992)». Hizo falta una sentencia del Tribunal Constitucional esloveno, así como cierta presión internacional, para que el Gobierno balcánico comenzase a trabajar para solucionar la situación.