Consumo

El motivo que nos hace comprar décimos de Lotería de Navidad sin parar

Expertos han llevado a cabo un análisis psicológico sobre el por qué de esta acción: envidia preventiva

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Diciembre es el mes del «todo vale», en el que el consumo está justificado bajo el paraguas del denominado gasto social. Regalos, comidas con compañeros, amigos y familiares, decoración y ropa para cada una de las celebraciones, acciones solidarias y por supuesto, lotería que se han convertido en una de las partidas más importantes del gasto navideño de las familias. Comprar décimos de lotería nos hace sentir bien y nos envuelve en ilusión, esperanza y alegría colectiva.

Pero hay otro factor importante que puede hacer que la compra de boletos no acabe nunca: la envidia preventiva y la demostración de superioridad. Los expertos de Top Doctors explican en qué consisten, así como cuáles son los motivos y los perfiles más definidos (y los más vulnerables) de los compradores de lotería en esta época navideña.

«Las decisiones de compra las tomamos desde el hemisferio emocional del cerebro. Realmente no importa si el día 22 se resulta ganador o no, los sueños y deseos que se generan hasta ese día fomentan nuestra compra compulsiva», explica la psicóloga sanitaria María Elvira Vague Cardona.

Los cinco perfiles psicológicos

Existen complejos procesos psicológicos detrás de cada apuesta como las emociones, las motivaciones o las actitudes entre otros. La psicoterapeuta Marisol Rodríguez Gutiérrez hace un repaso por los principales perfiles de jugador de azar:

El explorador y aventurero. Le gusta arriesgar grandes cantidades de dinero, sin aplicar la lógica, y no se deja guiar por supersticiones. No tiene límites para jugar y no teme apostar.

El competitivo. Se trata de aquella persona que solo juega para ganar. Para este perfil de jugador, no obtener el resultado que deseaba, supone un importante desasosiego.

El estratega. El azar no entra entre sus planes. Juega buscando combinaciones numéricas y usando la razón a la hora de apostar, sin dejar espacio a fórmulas aleatorias.

El amigo. Disfrutar de la experiencia del juego son sus premisas. Y aunque este jugador busca la experiencia compartida con familiares y amigos, suele sentir envidia preventiva y, por lo tanto, a la hora de jugar a la lotería suele tener muy presente el pensamiento «y si toca a los demás», apostando por miedo a quedarse fuera del reparto.

El supersticioso. Recurren a amuletos, apuestan un día en particular, juegan siempre los mismos números, etc. Todo para demostrar que están por encima de la suerte. Este tipo de jugador está influenciado por las tradiciones y por la educación recibida. «La superstición es un caso particular de un fenómeno psicológico llamado “Ilusión de control”, que es la tendencia a comportarse como si se pudieran controlar los sucesos aleatorios, como los juegos de azar», afirma Vague.

Los perfiles más vulnerables

El ser humano juega básicamente por dos motivos: por diversión y para demostrar su superioridad. Es en este punto en el que aparece la superstición como forma de intentar controlar e influir en el devenir de los acontecimientos. Cómo voy a comprar solo un décimo, y si toca la lotería en el bar donde desayuno todos los días, y si sale el número que jugué el año pasado… Son algunos de los pensamientos que prácticamente todo el mundo se ha planteado alguna vez a la hora de comprar lotería de navidad.

Sin embargo, las personas más vulnerables, como podría ser el caso de los enfermos de TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), son más susceptibles de sufrir crisis según se acerca el día, ya que esos pensamientos supersticiosos se agudizan. «Tienen muy presente el denominado ‘pensamiento mágico’, es decir, la idea reiterada de convertir lo posible en lo probable», afirma Silvia García Graullera, psicóloga clínica.

También las personas que sufren Trastorno Bipolar deben tener especial cuidado durante las fases de euforia y exaltación. «Si el periodo navideño coincide con momentos de positivismo pueden llevar a cabo un gasto descontrolado en lotería, ya que pueden llegar a estar convencidos de que conocen el método infalible para que les toque la lotería», afirma García. Asimismo, supone un periodo en el que se produce un porcentaje elevado de recaídas de pacientes con adicción al juego.

Y, ¿qué pasa después del 22 de diciembre?

Llega el 22 de diciembre y conocemos si hemos sido vencedores o vencidos. «Los ganadores se ven envueltos por una sensación de satisfacción, euforia y alegría, las cuales se van haciendo más profundas a los 3 días del sorteo, cuando comienza a salir de un estado de desrealización. Es recomendable que no difundan el resultado, y sigan durante un tiempo su vida personal y profesional tal y como era hasta el momento», explica el psicólogo Héctor Galván.

«Asimismo, es importante no confundir la ilusión con intuición o premonición, ni depositar en la posibilidad de que nos toque la lotería la solución a todos nuestros problemas y la motivación de nuestra vida, porque si no aparecerán sentimientos de frustración, arrepentimiento e incluso ansiedad por no haber resultado premiados», concluye.

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