Vídeo: 544 personas perdieron la vida ahogadas en España en 2017 - ATLAS

«Llevamos 6 niños ahogados y el verano no hecho nada más que empezar»

La vicepresidenta de la Asociación Nacional de Seguridad Infantil revive algunas de las historias que más le han tocado emocionalmente

MADRIDActualizado:

La vicepresidenta de la Asociación Nacional de Seguridad Infantil, María Ángeles Miranda, revive aquí algunas de las historias de niños fallecidos por ahogamiento que más le han afectado, para hacer así hincapié en la importancia de la pervención ante uno de los problemas más importantes de estas fechas:

María, de 2 años, disfrutó de su piscina situada en una casita pequeña en la costa andaluza. El mediodía se presentó con el hambre que acompaña la emoción del chapoteo y el cansancio se apoderó de su menudo cuerpo. Después de dar buena cuenta del plato, mamá la llevó a su camita para recuperarse y afrontar mejor la tórrida tarde estival. En sueños intuyó que mamá y papá también descansaban en su habitación ajenos a la tragedia que se avecinaba. Y es que María, desafiando al calor o huyendo del mismo, se deslizó en silencio de su cama con un objetivo claro: seguir un rato más de diversión y juegos acuáticos. El final de la siesta para los padres de María no pudo ser más amargo, al descubrir su pequeño y liviano cuerpo flotando en el agua, inerte, sin vida…

Teresa y Pedro están emocionados, inauguran un nuevo hogar que tanto esfuerzo les ha costado conseguir. Se sienten dichosos por ofrecerles a sus hijos un hogar más amplio, con jardín y piscina donde poder jugar al aire libre y refrescarse en los veranos de la meseta castellana. Y para celebrar esta novedad organiza una barbacoa con la que inaugurar su jardín. La lista de invitados es amplia (amigos, familia y muchos niños compañeros de juego de sus hijos). Por fin llegó el día. La barbacoa es regentada por Pedro al que acompañan otros amigos, mientras Teresa enseña la casa por tandas. Los niños que prefieren el agua al fuego y a otras innovaciones decorativas disfrutan de un mediodía radiante y ruidoso en un ir y venir de conversaciones y risas. En un momento alguien da la voz de alarma ¡Enrique no se mueve!. El más pequeño del grupo, el hermanito de uno de los compañeros de juego de los hijos de Teresa y de Pedro no juega, no respira, nadie sabe qué hacer para devolverlo a la vida, solo llamar a emergencias que intenta por todos los medios arrebatárselo de los brazos de Tánatos, pero Enrique ya no volverá a disfrutar de la casa de los amigos de sus padres, se quedó para siempre en sus aguas silenciosas, frías y apáticas.

Klaus y Anne acaban de aterrizar en las cálidas y luminosas Islas Baleares dejando atrás por unos días la fría y nebulosa Dinamarca. Sus pequeños se merecen unas vacaciones donde disfrutar de juegos y sol. El hotel es como en las fotos de la agencia con jardines, dos piscinas (una de ellas infantil) y animación día y noche, por si fuera poco un pequeño paseo los acerca a la playa de aguas cristalinas. La pareja se dispone a deshacer maletas en la habitación con vistas mientras los niños impacientes de agua disfrutan de la piscina atestada de otros huéspedes de todas las edades. Las indicaciones de Klaus y Anne son claras: cuida de tu hermano, no os mováis de esta piscina infantil. Pero los niños impacientes por descubrir el imponente tobogán cubierto reservado a los más mayores deciden hacer una escapada a la piscina principal. Disfrutan de la espectacular bajada, se deslizan con una sonrisa hasta el final, hasta el final de sus recién estrenadas vacaciones. Es el último momento de su corta vida, un tobogán cubierto y el esfuerzo del socorrista por devolverles al principio del túnel.

El verano en Madrid es maravilloso para un grupo de adolescentes de la misma comunidad de vecinos. La piscina de su edificio les permite disfrutar, refrescarse y socializar haciendo frente común. La piscina se encuentra vallada con puerta y cerradura. Tiene horario limitado pero los vecinos hacen la vista gorda ante la incipiente juventud. Empieza a oscurecer y es hora de volver a casa, cansados, mojados pero felices corren uno tras otro cada uno a su hogar pasando al lado de Sofía y su pequeña Lucía de 4 años que acaban de llegar del centro comercial. Mientras mamá descarga la compra, acuerdan que Lucía disfrute de los columpios de la zona comunitaria, pero ¡solo un momento que aún tenemos que hacer la cena! Sofía impaciente por la tardanza de la pequeña deja las bolsas y va a buscarla a la zona acordada pero Sofía no está en los columpios: una puerta abierta la deja flotando en el agua boca abajo sin aire, sin pulso.

Daniel, de 3 años, era feliz en sus primeros días de vacaciones escolares, en unos meses dejaría la escuela de pequeños para convertirse no solo en alumno del cole de los mayores, sus padres también le habían explicado que en breve ejercería de hermano mayor de Mario, el bebé que crecía en la barriga de mamá. A todas estas novedades, Daniel se acostumbraba en casa de sus queridos abuelos, que además de ser más grande que la suya, tenía una preciosa piscina para el solo…por lo menos hasta que llegara su hermanito. Y el ansiado día llegó una mañana de verano, mamá y papá se despidieron de Daniel con la promesa de que volverían con el bebé en brazos. El pequeño distrajo las novedades como mejor saben hacer los niños: jugando y disfrutando de la piscina mientras los abuelos nerviosos ante la llegada de una nueva alegría para sus vidas, estaban pendientes del teléfono y otros quehaceres de bienvenida. Mario llegó al mundo a gritos, mientras Daniel se ahogaba en silencio.

Estas cinco historias son reales, han sucedido en España en los últimos años y aunque hemos variado los nombres reales, todas las personas tristemente protagonistas de cada una de ellas terminaron su relato con «solo fue un momento», aunque no quieren reconocer que antes de la tragedia su cabeza pensó «a mí no me va a pasar». Solo en el último año son 25 (aproximadamente) las historias como las de Daniel, Mario, Sofía, Lucía, Klaus, Anne, Teresa, Pedro, María… detrás de cada una de ellas hay un silencio, el que va asociado al ahogamiento infantil, el que acompaña toda la vida a sus familias, a sus amigos, y a toda la sociedad, porque cada vida que se queda en el agua de forma evitable es una tragedia que debemos hacer nuestra, a la que debemos poner remedio y solo hay una forma de hacerlo: con prevención.

Teniendo en cuenta que le grupo de riesgo entre los más pequeños son los menores de 5 años (con escasa o nula percepción del riesgo, y en pleno desarrollo del control corporal) y que más de la mitad de ahogamientos infantiles se producen en piscinas privadas por no evaluar los riesgos y adoptar soluciones debemos volver a recordar el decálogo de seguridad infantil en piscinas y la campaña en redes con el HT #OjOPequealAgua de difusión de mensajes de prevención. Este año ya llevamos seis niños ahogados y el verano no ha hecho más que comenzar.

Por todos ellos, no podemos dejar de escribir una última historia, tan real como las anteriores pero menos difundida por ser... atemporal.

Álvaro disfruta de las vacaciones de Navidad en casa, hace frio pero el sol de invierno calienta tímidamente la urbanización de casas adosadas muy parecidas entre ellas tan diferentes como sus habitantes. Roberto es el vecino de la familia de Álvaro, siempre atento y divertido con el pequeño, le deja jugar con un gran scalextrix y alguna consola, la casa de Roberto es la única de la urba que tiene piscina. Álvaro sabe cómo llegar hasta Roberto, el hueco entre los setos que separan sus casas es suficiente para el paso de su menudo cuerpo infantil. Roberto no está en casa, pero Álvaro decide esperar a que llegue, el aburrimiento y el frío lo empujan a correr por el borde de la piscina, calentando los motores del coche que conducirá a través de los mandos de la consola de Roberto. Los padres de Álvaro llevan horas buscando a su hijo desaparecido, los servicios de emergencia del municipio despliegan todos sus efectivos, mientras el pequeño ha concluido su carrera en el fondo frío de una piscina en invierno.

IMPORTANTE: Las piscinas son para el verano, la prevención para todo el año. No esperes a proteger tu piscina con los primeros días estivales, es muy posible que no llegues a tiempo.