Marcial Lafuente Estefanía, durante la entrevista con «Blanco y Negro» de 1978
Marcial Lafuente Estefanía, durante la entrevista con «Blanco y Negro» de 1978 - ABC

Marcial Lafuente Estefanía: un «ángel rojo» en Chamartín contra las checas republicanas

El famoso autor de novelas del oeste fue concejal anarquista en Madrid y comisario político republicano, pero se jugó la vida durante la Guerra Civil para evitar el asesinato de decenas de presos y perseguidos por el Frente Popular

MadridActualizado:

El 1 de marzo de 1978, «Blanco y Negro» publicaba una larga entrevista con Marcial Lafuente Estefanía (Toledo, 1903-Madrid, 1981). « Escritor famoso, hombre desconocido», rezaba el titular. Nada menos que cuatro páginas para el novelista que vendió más de seis millones de ejemplares a lo largo de su vida. En una de las últimas preguntas, sin dar muchos detalles, comentaba: «Yo he pasado mucho miedo, el miedo que puede pasar un hombre al que le dicen a las 19.00 horas que lo van a fusilar a las 23.00. En aquellos momentos llamé a una hermana que me preguntó si llevaba el escapulario de la Virgen del Carmen, y me recomendó que, ya que había luchado como un mal español, muriera como un buen cristiano». No especificaba ni la fecha ni el lugar, pero como se advertía el artículo, «el autor de las más de dos mil novelas del oeste se ha empeñado durante años en no hablar sobre su vida [...]. Y su silencio se aceptaba como algo natural y lógico, no como un capricho de famoso».

«Dos cazadores en peligro», una de la novelas de Lafuente Estefanía
«Dos cazadores en peligro», una de la novelas de Lafuente Estefanía - ABC

Ahora, 75 años después de su debut, «La mascota de la pradera» (Ediciones Maisal), ABC saca a la luz una serie de testimonios que demuestran que, durante la Guerra Civil, Lafuente Estefanía se jugó la vida para evitar que, desde las filas de su propio bando, el republicano, se asesinara a decenas de presos y amenazados. «Mucha gente dirá que eran presos franquistas, pero no. Eran personas supuestamente desafectas con el Frente Popular, ya que les podían fusilar por cualquier razón: por ser ricos, por envidia o por lo que sea», asegura Pedro Corral, concejal del PP en el Ayuntamiento de Madrid, investigador de la Guerra Civil y responsable del hallazgo de los documentos oficiales que demuestran «la labor humanitaria del novelista a favor de las personas perseguidas en Madrid entre 1936 y 1939». A raíz de ello, su partido presentó este martes, en el pleno de la Junta Municipal de Chamartín, una propuesta para colocar en su casa una placa en recuerdo de Lafuente Estefanía que recibió los votos a favor de todas las formaciones en el pleno municipal. «Creemos que es justamente el tipo de figuras que debemos reconocer de una guerra en la que perdieron todos los españoles. Es verdad que unos más que otros, pero en definitiva todos pagaron un precio altísimo en ambas zonas», defiende la también edil popular en Chamartín, Isabel Martínez-Cubells.

El hallazgo se produjo cuando esta concejala pidió información sobre la composición de la corporación del antiguo pueblo de Chamartín de la Rosa (hoy barrio de Madrid) entre 1936 y 1939, tras conocerse la pretensión del tercer teniente de alcalde, Mauricio Valiente (IU), de rendir homenaje con otra placa a los concejales que rigieron este ayuntamiento desde la etapa final de la Segunda República hasta marzo de 1939. «Como incluía parte de la Guerra Civil, nos ponemos en guardia –explica Corral–, ya que tuvimos el mismo ejemplo en Hortaleza y resulta que sus concejales republicanos eran los mismos del comité revolucionario que decidía a quién había que asesinar en el pueblo».

Sentencia contra Lafuente Estefanía tras su detención al final al final de la Guerra Civil por el régimen franquista
Sentencia contra Lafuente Estefanía tras su detención al final al final de la Guerra Civil por el régimen franquista - ARCHIVO DEL TRIBUNAL MILITAR TERRITORIAL PRIMERO DE MADRID

En la documentación solicitada, Martínez-Cubells y Corral encontraron a un tal Antonio Lafuente Estefanía como tercer teniente alcalde y concejal de la CNT entre diciembre de 1936 y marzo de 1938. «Pensé que, si es quien yo creo, el famoso escritor, aunque le falte el Marcial, seguro que los franquistas fueron a por él por ser anarquista. Entonces consulté los sumarios que existen a presos del franquismo después de la guerra y veo que aparece en uno. Y descubro que, por la fecha de nacimiento y el nombre de sus padres, es el novelista», añade el investigador. Hasta ese momento no se sabía que Marcial Lafuente Estefanía había sido concejal de la CNT, antes de convertirse en el autor de novelas del oeste más famoso de España, con miles de títulos publicados que hicieron las delicias de varias generaciones desde los tristes años de la posguerra. Según indica el expediente de procesamiento, también luchó como voluntario en el Ejército Popular, entre el 5 de marzo de 1938 y el 28 de marzo de 1939, fecha en que se entregó a los franquistas en Ciudad Real, cuando la guerra ya estaba decidida. Pero nada de esto se supo durante décadas, gracias a la discreción del escritor, que ni siquiera durante la dictadura hizo alarde de sus heroicas acciones. «Su nombre es uno de los más populares de este país, pero, curiosamente, su popularidad no implica que sea uno de esos hombres cuya vida y milagros conoce el gran público», apuntaba «Blanco y Negro» seis años antes de morir en Madrid a los 81 años.

Lafuente Estefanía, en su casa de Arenas de San Pedro, durante la entrevista con «Blanco y Negro»
Lafuente Estefanía, en su casa de Arenas de San Pedro, durante la entrevista con «Blanco y Negro» - ABC

Los más sorprendente del sumario conservado en el archivo del Tribunal Militar Territorial Primero de Madrid, el número 36.194, es que está lleno de testimonios favorables de personas relacionadas con el bando franquista o supuestamente afines a su ideas, a pesar de que Lafuente Estefanía era anarquista. Estos defienden que el futuro escritor se había jugado la vida para evitar que fueran enviadas a las checas, esas cárceles irregulares creadas en la zona republicana para detener, interrogar, torturar o ejecutar a los sospechosos de simpatizar con Franco. El documento, firmado por 15 funcionarios del Ayuntamiento Ayuntamiento de Chamartín ya en el régimen franquista, destaca que siempre actuó «sin molestarles por sus ideas» y que «se distinguió por su lucha contra socialistas y comunistas».

Uno de ellos era el fiscal municipal del Juzgado de Chamartín, César Donoso Guilhou, detenido en febrero de 1937 cuando solo era un vecino y conducido al Ayuntamiento de la localidad, donde sus captores le anunciaron que allí pasaría la última noche de su vida. «Lafuente se opuso enérgicamente a cualquier represalia contra mí e hizo incapié (sic) en su oposición, cuando pretendieron buscar un coche para conducirme a donde fuera [...]. Dada la actitud excitadísima de los que me detuvieron, creyó oportuno no ponerme en libertad ni que los que me habían detenido volvieran a hacerse cargo de mí, para salvar mi vida», contaba.

Siete checas en Chamartín de la Rosa

Está documentado que la sede del Ayuntamiento de Chamartín de la Rosa –hoy Junta Municipal de Tetuán en la calle Bravo Murillo– fue uno de los siete edificios que fueron utilizados como checa en el antiguo municipio. Otra fue la del barrio de Las Cuarenta Fanegas, en las actuales instalaciones de la Guardia Civil en la calle Príncipe de Vergara, o la del Instituto Nebrija, en el actual colegio Nuestra Señora del Recuerdo. En ellas fueron ejecutados por las milicias del Frente Popular 53 vecinos de la localidad, cuatro de ellos mujeres. El más joven era un estudiante de 18 años. También fueron hallados ochenta cadáveres de personas no residentes en Chamartín, abandonados en las inmediaciones del cementerio o en la carretera de Francia.

Testimonio de un preso de la checa del Ayuntamiento de Chamartin protegido por Lafuente Estefanía
Testimonio de un preso de la checa del Ayuntamiento de Chamartin protegido por Lafuente Estefanía - ARCHIVO DEL TRIBUNAL MILITAR TERRITORIAL PRIMERO DE MADRID

Como concejal, el futuro escritor se enfrentó también al alcalde del Frente Popular, Eusebio Parra Ruiz, por la desaparición de otro vecino. Tres meses antes, el hermano de la víctima había presentado una instancia al Ayuntamiento para saber algo de su paradero, pero el alcalde se exculpó diciendo que había recibido órdenes de la Junta de Defensa de Madrid de entregarlo a la Dirección General de Seguridad. Según los documentos consultados por ABC, nuestro protagonista exigió la formación de una comisión de investigación y acusó a un compañero de haber ordenado su ejecución. En la transcripción hecha en el libro de acta de las sesiones puede leerse: «Lafuente dice que José Arias fue detenido y fusilado sin que se sepan las causas por las cuales se adoptó esta determinación ni la persona que lo ordenó». Y apunta después como causa una venganza que la víctima se negara a pagar una cantidad a cambio de que el ayuntamiento retirara una denuncia contra su finca: «El edil pregunta a la Alcaldía si tiene el recibo de la entrega del prisionero, pues parece desprenderse de todo esto una inmoralidad al cometerse un delito vituperable por la cantidad de 600 pesetas».

Después de su paso por el Ayuntamiento de Chamartín de la Rosa, el 5 de marzo de 1938, se marchó como voluntario y sirvió como comisario político de batallón en Los Yébenes, donde se trasladó con toda su familia, antes de entregarse a los franquistas el 28 de marzo de 1939. En el sumario consultado por ABC, también se encuentran testimonios favorables al futuro autor procedentes de las autoridades franquistas de la localidad toledana. Su alcalde, Toribio Pedraza, señaló que había contribuido, «con su influencia y oportuna intervención, a evitar atropellos que se querían cometer contra personas de orden y de derechas». Otra vecina declaró que «había protegido a su tercer hijo y otros derechistas de las infinitas persecuciones». Y un tal Lucas Manzano, a quien el literato nombró su conductor y escondió en propia su casa, «como a un hijo», al saber que estaba amenazado. El chófer, cuyo padre había sido fusilado, testificó que no se separaba del anarquista «ni en las horas de la noche que solíamos pasar bajo el mismo techo, por el temor (por mi parte) a ser detenido». Fue en aquella época donde conoció al dramaturgo Enrique Jardiel Poncela, quien le aconsejó que, si iba a escribir, lo hiciera para que la gente se divierta, porque «es la única forma de ganar dinero con esto».

Pena de muerte

Tan solo cinco días después de acabar la Guerra Civil, ya detenido, salió también en su defensa el alcalde franquista de Navahermosa: «A su oportuna intervención se debe que no se verificaran algunos fusilamientos», decía este en otro documento. Su nombre: Marcial Aguilera. «¿Y si eligió este nombre para firmar las novelas como homenaje a este hombre, en vez de el suyo propio, Antonio?», se pregunta Pedro Corral.

En el consejo de guerra celebrado en Las Salesas el 31 de julio de 1941, el fiscal franquista solicitó para Lafuente Estefanía la pena de muerte. Finalmente fue condenado a 20 años, porque se reconoció su «buen comportamiento». Tres meses después, a 12. Y en noviembre, a prisión atenuada en su domicilio, que pronto estableció en Arenas de San Pedro (Ávila). Dos años y medio pasó en prisión, un tiempo que aprovechó para comenzar a escribir usando el papel higiénico y un lápiz. «Nací al wéstern en 1939 porque me ofrecieron un hospedaje gratuito en el “hotel” Ocaña de cinco estrellas –señalaba con sarcasmo en la entrevista–, un lugar muy curioso porque, con lo ancha que es Castilla, solo disponíamos de 30 centímetros para dormir». Fue allí, entre rejas, donde parió su primera obra, «La mascota de la pradera», publicada en 1943, cuando ya era libre. Y de ahí, al éxito absoluto, a pesar de que le denegaran siempre un lugar en los libros de literatura. «No aspiro a la Academia, pero me han leído chicos y grandes. Lo que pasa es que a los mayores les da vergüenza reconocerlo», dijo.

Lafuente Estefanía, escribiendo en su casa de Arenas de San Pedro, en 1978
Lafuente Estefanía, escribiendo en su casa de Arenas de San Pedro, en 1978 - ABC