Robots en las instalaciones de Unimate Robótica en Vigo
Robots en las instalaciones de Unimate Robótica en Vigo - ABC
El uso de robots se consolida en Galicia

La industria sueña con androides

Citroën, Inditex, Pescanova y otras muchas factorías tienen ya robotizados parte de sus procesos productivos

Según un informe de Caixabank el 43% de los empleos actuales tienen una alta probabilidad de automatizarse

SantiagoActualizado:

A unos dos años de alcanzar noviembre de 2019 —la época en la que se desarrolla la acción de la película Blade Runner inspirada en el libro de Phillip K. Dick , «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?»— los humanos no usan todavía replicantes como fuerza de trabajo. Pero los robots son ya una realidad consolidada en la industria gallega. Automoción, logística, conserva o naval son algunos de los sectores donde las máquinas llevan ya algún tiempo suplantando el trabajo que antes realizaban las personas.

«En los últimos años la implantación de robots ha dado pasos agigantados», relata Cástor González, gerente de la empresa viguesa Unimate Robótica, que se dedica a ayudar a otras compañías a incorporar este tipo de máquinas en sus procesos productivos. Entre 2003 y el 2016, el parque de robots ha pasado de 19.847 unidades a 34.528 en todo el Estado, según la última estadística de la Asociación Española de Robótica y Automatización, que no ofrece datos para Galicia. La fabricación de coches concentra casi a la mitad de todos ellos. Si a principios del siglo XX, el fordismo fue uno de los elementos clave para el desarrollo de la segunda revolución industrial, la automoción vuelve a anticiparse ahora en la llegada de la cuarta, también bautizada como Industria 4.0.

La planta de Citroën de Vigo no es una excepción. Más de 1.000 robots ensamblan y sueldan las piezas de la estructura metálica de los vehículos, en una zona de la fábrica donde casi ya no quedan humanos. Las máquinas también se encargan de pintar los coches y comienzan a realizar tareas en el montaje de las piezas de su interior. «Hay un menor grado de automatización porque hay operaciones muy complejas de robotizar, pero cada vez están entrando más robots», explica el gerente de Unimate, que tiene al grupo PSA entre sus clientes.

Los componentes que llegan a la factoría viguesa también han sido creados casi totalmente por este tipo de máquinas. Pero mientras en Citroën se usan líneas de producción de las que sale la carrocería prácticamente montada, en las auxiliares se emplean células unitarias de uno o dos robots que trabajan en una pieza concreta. La robotización ha llegado también a gigantes como Inditex, sobre todo en temas de logística, y otras industrias de alimentación y conserveras. «Las fábricas que finalizan sus productos dentro de una caja, suelen contar con robots a final de linea para mover el producto, ponerlo en palets y este tipo de operaciones», explica Cástor González. La viguesa Pescanova está ya ampliamente robotizada e incluso Abanca presentó recientemente su primer androide, que puede interactuar con clientes y ayudar en las labores comerciales a los trabajadores.

Si en las ensoñaciones futuristas de los años 70 y 80, los robots se solían presentar como aliados para que las personas disfrutasen de mayor tiempo de ocio, ahora el debate ha cobrado tintes muy diferentes. Preocupa el aumento del paro y la pobreza a la que podrían verse sometidos los que se queden fuera del mercado laboral. «El efecto sustitución está presente y de producirse, puede significar una destrucción de empleo, sobre todo en aquellos sectores y ocupaciones donde sea más sencillo este reemplazo», explica Alberto Vaquero, profesor de la Universidade de Vigo y Grupo de Investigación GEN (Governance and Economics Research Network). Vaquero indica que Citröen tenía en 1991 una plantilla de 7.800 personas y 470 robots. En 2015 las máquinas llegaban a 1.200 y los humanos habían descendido a los 6.000. «Cierto efecto sustitución se ha producido, aunque también se ha externalizado parte de la actividad», indica el economista. La OCDE señala que el 12% de los puestos de trabajo en España están en alto riesgo de desaparición por la robotización de la economía. Según otro análisis realizado por Caixabank, el 43% de los empleos del país tienen una alta probabilidad de automatizarse.

Cástor González, gerente de Unimate Robotics, prefiere ver el vaso medio lleno. Por su experencia en la implantación de esta tecnología, asegura que a corto plazo se destruyen empleos, pero las cosas cambian con el tiempo. «Las fábricas que hemos automatizado consiguen mayor capacidad productiva y productos de más calidad y al final acaban incrementando la plantilla». González se muestra convencido de que la robotización es el único camino para mantener la industria y frenar la deslocalización a países con mano de obra mucho más barata y ausencia de derechos laborales.

«Algunos trabajos desaparecerán, sobre todos los más mecánicos ya que los robots los hace más rápido, más barato y con menos errores que algunos operarios», reflexiona Vaquero, quien apunta que surgirán otros empleos. «En los próximos veinte años habrá nuevas profesiones que ahora ni siquiera pensamos, sobre todo aquellas basadas en la creatividad, complejidad o altos niveles de destreza, ya que son competencias que no pueden asumir los robots», asevera.

Impuesto

El economista, que vaticina que en unos 15 o 20 años ya estaremos inmersos en la cuarta revolución industrial, no se muestra partidario de aplicar un impuesto a los robots, tal como han propuesto desde el sindicato UGT o como recomienda el fundador de Microsoft, Bill Gates. «Tenemos un grave problema para el mantenimiento del Estado de Bienestar, pero esto no se arregla sometiendo a los robots a un impuesto», afirma el economista. Las directrices políticas van en el sentido opuesto y tanto desde la UE, como desde el Gobierno español o el gallego se está incentivando fiscalmente la automatización. Ante la robotización de la industria y la digitalización de la economía, surge también la propuesta de imponer una renta básica a los ciudadanos. «El problema es cómo financiar esta medida y los efectos negativos sobre la oferta de trabajo. Esto es, sería necesario encontrar el umbral que garantice una renta mínima para todo el mundo, sin que esto suponga un desincentivo a trabajar», reflexiona el investigador, quien afirma que este «tema está todavía en una fase inicial de estudio».