Escolares en un centro público de Valencia
Escolares en un centro público de Valencia - ROBER SOLSONA
Educación

El Gobierno valenciano «espía» qué idioma hablan los alumnos en el recreo

«Asesores lingüísticos» controlan si estudiantes y padres hablan la lengua valenciana en 32 lugares fuera de clase

VALENCIAActualizado:

La polémica por el espionaje en los patios de colegio tolerada por la Generalitat de Cataluña gobernada por Quim Torra para saber si los alumnos hablan en catalán o en castellano lleva camino de reproducirse más al sur, donde la Consejería de Educación dirigida por Vicent Marzà (Compromís) parece haberse inspirado, una vez más, en la hoja de ruta de los independentistas. En su caso, disfrazado con la figura de unos «asesores lingüísticos» y una nueva herramienta, un cuestionario para evaluar cómo se comunica en 32 situaciones diferentes fuera de las aulas.

«Nos están llegando llamadas comentándolo, no tenemos aún el documento con los 32 puntos, pero nos parece una locura lo que está pasando, tenemos derecho a expresarnos como queramos, decidir la lengua en que queremos que estudien nuestros hijos y hablen entre ellos», señala Sonia Terrero, representante de la federación provincial alicantina de AMPA Gabriel Miró. En ese cuestionario se evalúa incluso si se usa el valenciano en el comedor, en la graduación de los alumnos, en una fiesta en el colegio o en las reuniones de las madres y padres. «Se les está yendo de las manos, cada vez va a más y preguntar por todo eso lo vemos abusivo, lo denominan el ámbito interrelacional y no solo se refieren a los alumnos, los padres también, detalles como los menús o las notas de nuestros hijos... se están sobrepasando, el cuestionario habla incluso del informático que diseña la página web de los centros, unos extremos exagerados», opina.

eL El director general de Política Lingúística, Rubén Trenzano, reunido con los representantes de Escola Valenciana, en una imagen difundida en su web
eL El director general de Política Lingúística, Rubén Trenzano, reunido con los representantes de Escola Valenciana, en una imagen difundida en su web - ABC

En julio, el director general de Política Lingüística, Rubén Trenzano, se reunió con los responsables de Escola Valenciana, una entidad conocida por organizar encuentros culturales los fines de semana en municipios de toda la Comunidad Valenciana, en la que estrecharon «líneas de colaboración», según destacaron los asistentes. Una de las reivindicaciones que le pusieron sobre la mesa al dirigente autonómico fue precisamente «contar con un mayor número de asesores lingüísticos». ¿El objetivo? «Hay que facilitar más información al equipo docente y aclarar las dudas que las familias puedan tener, por ejemplo, en relación a la idoneidad de matricular a las niñas y a los niños en escuelas que garanticen más asignaturas en valenciano». De hecho, Escola Valenciana se llevó un premio de la Plataforma per la Llengua, la organización acusada de espiar en los colegios catalanes.

«Los asesores lingüísticos llevan un par de años, según ellos asesorando, según el profesorado, les obligan a que los carteles del centro estén en valenciano, se quiten en castellano, que se les hable en los pasillos en valenciano a los niños; si se dijo que el modelo educativo era trilingüe, no entiendo que ahora sea valenciano, valenciano y valenciano, lo que quieren es anular el castellano», relata la portavoz de la FAPA Gabriel Miró. Esta forma de «meter presión» hace ver a muchas familias una estrategia de imitar tics del «procès», sobre todo cuando hace unos días se publicó que el Consell valenciano sigue «regando de subvenciones el nacionalismo catalán» presente en este territorio, recuerda Terrero.

Para colmo, no hay profesorado de valenciano y el curso pasado algunos alumnos empezaron el año y lo terminaron sin docente en esta asignatura. «Señor Marzà, tan dictador es el que prohibe una lengua como el que la impone», es el duro mensaje de la representante de esta federación alicantina, en la que se declaran «en contra de todo adoctrinamiento, ni religioso ni lingüístico» y anuncia que seguirán «luchando y reivindicando» en caso de que se utilice este cuestionario.

Aunque en referencia a la tolerancia frente al movimiento LGTBI, el conseller Marzà declaró este domingo que «los profesores han de ser lo suficientemente capaces de hacer pensar a sus alumnos para que puedan cuestionarlo todo, incluso la ideología de sus padres».

Por su parte, un lector de ABC -J. M. Lorente- apunta en la misma dirección que la FAPA Gabriel Miró. «Con la indolente permisividad de las autoridades del Estado, Vicent Marzà, el individuo más estalinista de todo el Gobierno valenciano y a la sazón consejero de Educación, ha ordenado a los colegios que le informen sobre qué lengua se usa fuera de las aulas, a saber: en los recreos, en las reuniones con padres, en el claustro de profesores y durante el descanso de los maestros», opina.

Y señala la antes citada entidad cultural: «Resumiendo, una red de espías denominada Escuela Valenciana, organización a la que están adscritos un número importante de maestros pancatalanistas. Se repite el mismo comportamiento que en Cataluña, pero aquí, en la Comunidad Valenciana, con el agravante de que lo que se pretende imponer no es el valenciano, nuestra lengua, sino el catalán».

Finalmente, este lector reclama el libre derecho a elegir el idioma. «Todo esto es irrelevante, no va de qué lengua es más útil en esta realidad de aldea global. No. Esto va de libertad, o mejor dicho, de la perdida de ella», concluye.

Presión a los exentos

Una segunda demanda de Escola Valenciana al director general de Política Lingüística pide que anule las «exenciones» de aprender valenciano en zonas mayoritariamente castellanohablantes, como en el sur de la provincia de Alicante, en comarcas como la Vega Baja. «Quisieron hacerlo ya y no se ha materializado legalmente, pero cuando un alumno quiere pedir la exención, le ponen trabas. También hacen dudar a su familia porque les presionan, les dicen que es su futuro, que no van a llegar a ningún sitio... y otras barbaridades que hacen dudar a la familia», denuncia Sonia Terrero.

Y a los que siguen adelante y quedan exentos del valenciano, les persigue «la presión incluso dentro de clase: el docente les apremia a apuntarse en valenciano y el alumno se siente tan incómodo que acaba aceptando».