«El Jardín de las Delicias», de El Bosco
«El Jardín de las Delicias», de El Bosco - abc

La Guerra Fría entre Patrimonio Nacional y el Prado sigue abierta

Espadas en alto por cuatro obras maestras de Van der Weyden, El Bosco y Tintoretto

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«El Jardín de las Delicias», de El Bosco (1500-1505), procedente del Monasterio del Escorial. «El Descendimiento», de Van der Weyden (hacia 1435), un encargo para la capilla de los Ballesteros de Lovaina (Bélgica). Fue adquirido por María de Hungría para la capilla del Palacio de Binche en el siglo XVI. Pasó a su sobrino Felipe II, quien lo colocó en la capilla del Palacio del Pardo hasta su entrega al Monasterio del Escorial en 1574. La «Mesa de los pecados capitales», de El Bosco (1490-1510). Adquirida por Felipe II, fue enviada en abril de 1574 al Escorial por el Rey, quien la instaló en sus aposentos privados. «El lavatorio», de Tintoretto (hacia 1547). Perteneció al Rey Carlos I de Inglaterra, pero fue adquirido por Alonso de Cárdenas para la colección de Felipe IV, quien lo destinó a la sacristía del Monasterio del Escorial. Estas cuatro obras maestras fueron depositadas en el Prado por la Junta Delegada de Incautación, Protección y Conservación del Tesoro Artístico Nacional en 1936 y formaron parte del «exilio» temporal de los tesoros nacionales por distintos lugares de España y Ginebra. «El Jardín de las Delicias» llegó al museo cuatro años antes por orden de Azaña. Por Decreto del 2 de marzo de 1943 quedaron establecidos como depósitos en el Prado.

En 1987, mediante un Real Decreto, se aprueba el Reglamento que desarrolla y ejecuta la Ley reguladora del Patrimonio Nacional, de 16 de junio de 1982. Esta institución tiene unas mil obras repartidas por distintos organismos. Cada dos años se han ido prorrogando los cuatro depósitos del Prado, a los que habría que añadir, según Patrimonio Nacional, otras dos tablas flamencas anónimas. Por su parte, el Prado también tiene obras depositadas en Patrimonio Nacional. Pero aquí bailan las cifras. Según esta institución, son una docena; según el Prado, una treintena.

Se abre la caja de los truenos

La apertura del Museo de Colecciones Reales, prevista para comienzos de 2016, abrió la caja de los truenos, pues provocó la reclamación por parte de Patrimonio Nacional de muchos de los depósitos. Entre ellos, los del Prado, pedidos por escrito por el presidente de Patrimonio Nacional, José Rodríguez-Spiteri. Ello ha provocado una Guerra Fría entre Patrimonio Nacional y Prado. La mala relación entre ambas instituciones quedó patente con motivo de la exposición que el museo dedica a Bernini. En su presentación, el director del Prado, Miguel Zugaza, dijo públicamente: «No han faltado suspense ni intrigas palaciegas». A buen entendedor...

Según el Prado, había solicitado siete obras a Patrimonio Nacional para incluir en esta muestra: entre ellas, dos piezas especialmente relevantes para el discurso expositivo: un «Cristo crucificado», encargado por Felipe IV para el Panteón Real del Monasterio del Escorial, y un modelo en bronce de la Fuente de los Cuatro Ríos de la Piazza Navona de Roma, que Felipe IV colocó en su despacho privado en el Alcázar de Madrid. «Desgraciadamente, Patrimonio Nacional no se ha sumado a este esfuerzo coral», se lamentaba Zugaza, quien trataba de quitar hierro al asunto: «Deseamos mantener las mejores relaciones con Patrimonio Nacional».

Alto el fuego

En la restauración de obras, sí se ha respetado, al menos, «el alto el fuego». Un «Calvario», de Van der Weyden, propiedad de Patrimonio Nacional, se está restaurando en los talleres del Prado. «Don Juan de Austria a caballo», de Ribera, del Palacio del Pardo, presente en la exposición, ha sido restaurado en el Palacio Real por Rafael Alonso, restaurador del Prado. Y las hermanas Dávila, también del Prado, están restaurando en el Palacio Real «La túnica de José», de Velázquez, y «El carro de heno», de El Bosco, ambas del Prado. Para rizar el rizo, el director de Colecciones Reales es José Luis Díez, exconservador del museo.

Ayer, Rodríguez-Spiteri tomó el guante y, a preguntas de los periodistas, declaró: «El tema del Prado... ¡Vaya! Yo soy diplomático. No hay ruptura en las relaciones diplomáticas con el Prado. Seguimos colaborando con este museo. Me he encargado personalmente de que el presidente del Patronato y el director del Prado estén invitados esta tarde a la inauguración de la muestra». Sobre la reclamación de las cuatro obras, dice que «forma parte de la reordenación y revisión de todos los depósitos de Patrimonio Nacional. Estamos en un proceso de negociación enormemente largo y complejo desde el pasado mes de febrero. Las negociaciones pueden tardar tanto como el cuadro de Antonio López. Una cosa es dónde están expuestos los cuadros y otra muy distinta su titularidad. Estas obras son propiedad de Patrimonio Nacional. Y la propiedad es de quien es».

Otra visión

Consultadas ayer por ABC, fuentes conocedoras del asunto daban otra visión completamente distinta de los hechos. Efectivamente, el pasado mes de febrero vencía el plazo para prorrogar por dos años más los cuatro depósitos citados. Pero, según dichas fuentes, se quiso alterar unilateralmente por parte de Patrimonio Nacional el texto a firmar y no se rubricó.

Responsables del Gobierno dicen que las obras se quedan en el Prado

La reclamación de las piezas preocupa, y mucho, al Prado, que se puso manos a la obra. Hasta cuatro dictámenes certifican la naturaleza jurídica especial de estos depósitos. Son depósitos «necesarios», no voluntarios. Ello quiere decir, según las mismas fuentes, que no se pueden levantar a petición de las partes, sino solamente a instancias del Gobierno. El Prado eleva varios escritos al Gobierno, el último y más extenso el pasado mes de junio. En él se argumenta que estas cuatro obras forman parte de la identidad artística e institucional del museo, que su naturaleza como depósitos indefinidos en el Prado quedó resuelta jurídicamente con el Decreto de 1943. Se advierte de que con la salida del Prado de estas piezas se iniciaría un proceso de desguace del museo, que haría peligrar el consenso político del 95. Se califica de irresponsabilidad y escándalo llegar a perder estas obras: sería para el Prado mucho más grave que perder el «Guernica» de Picasso. Desvestir a un santo para vestir otro.

Las mismas fuentes confirman a ABC que los más altos responsables del Gobierno han dicho que las cuatro obras se quedan en el Prado. La batalla política, pues, estaría ganada. Pero se quiere que lo que de momento es solo una confirmación verbal se ratifique por escrito para que el asunto quede zanjado definitivamente en el futuro. No se discutiría la titularidad de las obras, pero el depósito sería permanente. Lo dicho, las espadas en alto. Continuará...