El biólogo sueco Svante Pääbo
El biólogo sueco Svante Pääbo - EFE

Svante Pääbo: «Mi historia cultural es más importante que mi historia genética»

El investigador, fundador de la paleogenética y responsable del proyecto de secuenciación completa del genoma del neandertal, ha sido reconocido este año con el premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica

Oviedo Actualizado: Guardar
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Svante Pääbo (Estocolmo,1955) tenía sólo treinta años cuando la revista «Nature», la «Biblia» de la literatura científica, publicó su artículo sobre el aislamiento de ADN de una momia egipcia. El sueño de todo joven investigador. Y eso que para completarlo tuvo que trabajar a hurtadillas, por las noches y los fines de semana, para que su director de tesis no lo descubriera. Fue sólo el primer paso de una fulgurante carrera de este visionario, «profeta de la ciencia», en opinión de Juan Luis Arsuaga, que decidió encaminar su destino profesional lejos de los cauces normales de la investigación, hasta hacer posible lo que, a todas luces, parecía imposible: recuperar moléculas de especies extinguidas hace miles de años. Así nació la paleogenética, que nos ha brindado el conocimiento pleno del genoma completo de los neandertales. Ahora, el premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica está centrado en Atapuerca y cerca, seguro, de ofrecernos una de sus primicias.

Tengo entendido que su madre era química.

Sí, así es.

¿Eso hizo que quisiera ser investigador?

Sí, creo que fue mi madre la responsable. Yo crecí solo con mi madre y fue una gran influencia. Además, me llevó a Egipto cuando tenía doce o trece años y eso me impresionó muchísimo e hizo que me interesara en la arqueología y todo lo que la rodeaba.

Es curioso, porque siempre he pensado en los arqueólogos como gente que desentierra huesos, que está excavando permanentemente, que está hasta arriba de barro… y de repente me topo con usted, un arqueólogo del genoma.

(Ríe) Es una terminología que deberíamos usar más.

Sí, pero no estamos acostumbrados a tratar con muchos arqueólogos del genoma…

Recuperamos genomas de humanos extintos o animales que ya no existen e intentamos averiguar cosas del pasado que no podríamos saber estudiando huesos o herramientas de piedra. Podemos demostrar que, por ejemplo, nuestros antepasados sí se mezclaron con neardentales. Es un gran paso hacia adelante para poder entender el pasado. Está claro que el aspecto genético es sólo una parte de nuestra historia y existe el riesgo de volvernos demasiado filosóficos, porque quizás lo interpretemos como la historia verdadera. Como humanos, es posible que la historia cultural sea más importante. Yo digo que soy de Europa del Norte, pero si voy a Grecia y veo los templos, la acrópolis, siento que son mis raíces, las raíces de la democracia del mundo occidental. Mis genes no provienen de Grecia, pero, para mí, mi historia cultural es más importante que mi historia genética.

¿En serio? No esperaba eso de usted.

(Ríe) Sí, yo puedo ir a Grecia y decir que allí me siento europeo, pero mis genes a lo mejor vienen de Siberia, quién sabe. Realmente no deberíamos perder esa perspectiva.

Pues una de las cosas que le quería preguntar es, precisamente, si considera que su investigación influye, de algún modo, en los paradigmas actuales del mundo de la filosofía y las ciencias sociales.

Mmmmm… No lo sé. Creo que existe una gran división entre el mundo de la antropología social y la biológica. Yo mismo soy una persona muy empírica y pienso que deberíamos hacernos preguntas que nos permitan recabar datos para responderlas. Desde un punto de vista filosófico, pensamos en la condición humana de forma muy distinta y acerca de la sociedad, así que yo no diría que hay una gran influencia. Es algo que me preocupa. Debe ser un equilibrio entre ambas cosas.

¿Cómo se le ocurrió establecer ese vínculo entre la arqueología y el ADN?

Creo que se trata de la combinación de las experiencias que viví. Había empezado a estudiar egiptología, sabía que existían miles de momias que estaban muy bien conservadas. Luego, estudié biología molecular en el campo de la medicina, y existían nuevas técnicas que nos permitían replicar el ADN y las bacterias. Así que no fue un gran salto llegar a decir que quizás podíamos coger tejidos de las momias y replicar el ADN en las bacterias. Era puro sentido común llegar a esa conclusión.

Luego Ötzi apareció en su vida. ¿Le sigue guardando cariño?

Sí, claro, fue bastante increíble encontrar una momia de la Edad de Bronce en Europa. Tuvimos suerte de poder coger muestras y secuenciar una parte del ADN.

Y de ahí dio el salto definitivo: retrocedió 38.000 años y decidió usar el ADN para investigar los orígenes humanos.

Trabajamos muy duro para poder resolver el problema de la contaminación del ADN humano. Si una partícula de polvo o un fragmento de piel se introduce en tu experimento, tiene más ADN que los huesos que se identifican. Entonces, dejamos a un lado los humanos y decidimos estudiar los animales extintos: elefantes, osos… Eso funcionó. Muchas veces, esos animales estaban junto a neandertales, así que decidimos intentar hacer ese mismo estudio con los neandertales, y lo conseguimos. Tuvimos suerte de que el ADN mitocondrial que estábamos estudiando fuera muy distinto al de los humanos actuales, supimos que íbamos en la buena dirección.

¿Qué nos puede decir la paleogenética de cómo eran los neandertales y los denisovanos?

La paleogenética nos habla de su historia biológica, que comparten un antepasado común, de hace 400.000 años. Los neandertales estaban en Euroasia y sabemos que su ADN está en todos los que están fuera de África, mientras que el de los denisovanos en todos los que están en Asia, desde Japón, China, India... En Australia, hasta el 5% del genoma proviene de los denisovanos y el 2% de los neandertales. Pero hay tanto entusiasmo en relación a este campo que realmente no siempre acertamos.

¿Cuántas especies de humanos existían hace 50.000 años?

No me refiero a ellos como especies, porque no sé si lo eran, prefiero hablar de grupos de humanos. Sabemos que están los humanos modernos, los neandertales, los denisovanos, los hobbits, el Homo floresiensis de Indonesia. Eso lo sabemos específicamente. Además, hubo distintos grupos de humanos en África, pero no los conocemos muy bien. Luego, seguramente, hubo otras formas en Asia que descubriremos en el futuro. Estamos solos desde hace 30.000 años.

¿Y por qué sobrevivió el Homo sapiens?

No lo sabemos, y hay mucha especulación alrededor. Tiene que ver con el comportamiento de los humanos modernos, porque el resto de grupos desaparecieron. Pero no sabemos cómo ocurrió. Empiezo a sospechar que quizás los neandertales se fusionaron con los humanos modernos, y como había más al final todo el mundo se parece a los humanos modernos. Pero pudo haber distintas historias, distintos plazos, distintos lugares, y la interacción pudo haber variado. No existe una sola respuesta.

Teniendo en cuenta que es un científico que está en plena producción y aún cabe esperar de usted grandes descubrimientos, ¿en qué está trabajando ahora?

Una de las cosas más importantes en las que estamos trabajando es en Atapuerca, para intentar conseguir más ADN de los neandertales y sus huesos. También intentamos entender la función de algunos cambios en sus genomas.

¿Alguna primicia que pueda adelantarnos?

(Ríe) Oh, no, estamos todavía trabajando y no damos primicias.

A usted, que se pasa la vida sumergido en nuestro pasado, investigando en nuestros orígenes, ¿qué piensa del presente, cómo ve el mundo actual? ¿Y el futuro que nos espera?

(Ríe) Soy optimista.

¿En serio?

Sí, totalmente.

Bueno, le admiro.

(Ríe) Tiendo a ser optimista. Creo que los humanos, y podemos incluir a los neandertales y a los denisovanos también, han sobrevivido a muchísimas cosas en el pasado, desde glaciaciones a peligros y desafíos increíbles, así que sobreviviremos.

¿También a Trump?

Creo que sí (reímos).