Restaurante Abama Kabuki, en el hotel Abama
Restaurante Abama Kabuki, en el hotel Abama

Los mejores restaurantes de Tenerife para acertar seguro

El crítico gastronómico de ABC viaja a Tenerife para elaborar una guía con los último y lo mejor de la gastronomía de la isla

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Desde hace unos años en Tenerife cada vez se come mejor. La acertada labor del Cabildo insular con un exitoso plan de gastronomía que permitió recuperar y potenciar la cocina popular y al mismo tiempo apoyar a los jóvenes cocineros tuvo mucho que ver con el gran paso adelante que ha dado la cocina tinerfeña, por cantidad y por calidad referente gastronómico de las Canarias. Aunque hay buenos restaurantes de cocina insular, curiosamente casi todos los más destacados corresponden a cocinas foráneas

Allí están, por ejemplo, dos de los mejores establecimientos de cocina japonesa de España, Kazán y Abama Kabuki, ambos con estrella Michelin. El primero, en el centro de Santa Cruz, la capital, es fruto del empeño de un médico y gastrónomo, Fran Relea, que no ha reparado en gastos hasta tener un restaurante de alto nivel basado en el empleo del mejor producto posible, parte del cual importa directamente desde la península. Producto excelente y sentido común son las claves de esta casa. Uzusukuris de caballa y jengibre fresco y de salmonete en salpicón, sashimi de toro con wasabi fresco, cigalita en dos tiempos: el cuerpo en crudo, en un niguiri, y la cabeza, sin las pinzas, frita para comer de un bocado... y un gran nivel de niguiris que se completa con una bodega de nivel. El segundo está emplazado en el sur de la isla, en el lujoso hotel Abama. En este caso el asesor gastronómico es Ricardo Sanz, bien conocido por sus dos Kabukis en Madrid y el mejor representante de la cocina de fusión hispano-japonesa. Este está en la línea de sus hermanos madrileños pero con muchas incorporaciones de productos locales, especialmente los buenos pescados de las costas tinerfeñas. Calidad impecable, cortes muy logrados, presentaciones perfectas, y mucha imaginación en las elaboraciones.

El equipo de El Rincón de Juan Carlos
El equipo de El Rincón de Juan Carlos

También en el hotel Abama está otro de los estrellados tinerfeños, M. B, que cuenta con dos macarrones de la Guía Roja. Las iniciales M.B. corresponden a las de Martín Berasategui, asesor gastronómico del restaurante en el que ejerce como jefe de cocina uno de sus mejores discípulos, Erlantz Gorostiza. Espacio de lujo, detalles cuidados al máximo y un equipo de sala muy profesional. En cuanto a la cocina, mantiene la impecable línea de Berasategui pero Gorostiza aporta su propia personalidad y apuesta mucho por el producto canario. Otro restaurante de obligada visita es El Rincón de Juan Carlos, en Los Gigantes, el punto de la isla más alejado de la capital. Los hermanos Padrón (Juan Carlos cocinero, Jonathan pastelero) ofrecen una cocina con una línea personal muy definida. Juegan con habilidad con los caldos y jugos para darle intensidad a los platos en los que siempre son protagonistas los productos locales aunque en elaboraciones abiertas a todo el mundo. Manejan bien la sala y la bodega las esposas de los cocineros, María José y Raquel.

Las Aguas, en el hotel Bahía del Duque
Las Aguas, en el hotel Bahía del Duque

En otro lujoso hotel del sur de la isla, el Bahía del Duque, encontramos el restaurante Las Aguas, con el cocinero de La Gomera Braulio Simancas, que se dio a conocer en una modesta tasca de las afueras de Santa Cruz: El Silbo Gomero. Las suyas son recetas muy actuales basadas en el producto y en la tradición canaria, en las que juega con las hierbas y las especias de las islas, muchas de ellas cultivadas por él mismo. Una atractiva visión actual de la cocina canaria. También en un hotel del sur, el Jardín Tropical de Costa Adeje, hay un punto de interés gastronómico, Las Rocas. Muy interesante la oferta, exclusivamente marina, de Jorge Peñate. Producto de calidad, técnica y elegancia a partes iguales, combinadas con un exquisito tratamiento del punto de los pescados. Fondos potentes y el recetario tradicional canario como base. Peñate, aventajado discípulo de Braulio Simancas, ganó el campeonato de cocineros de Canarias en 2014

Retornando a la capital, La Posada del Pez es un pequeño restaurante situado en la localidad de San Andrés, muy cerquita de Santa Cruz. El cocinero gallego, Carlos Villar, y su mujer, la barcelonesa Silvia Puertas, que tiende con enorme amabilidad y eficacia la sala, lo hacen muy bien. Buen producto, tratado con acierto, en una línea que apunta más a lo tradicional. Destacan los platos de cherne negro. Villar se ha asociado con el joven peruano Tadashi Tagami para abrir, en la parte baja de La Posada, Abikore, un restaurante con una cocina muy personal, con toques nikkeis.

El clásico entre los clásicos de Santa Cruz es El Coto de Antonio, imprescindible para quienes busquen cocina tradicional. Imprescindibles sus mojos con papas y el popular queso isleño frito con confitura de palma. Es, además, uno de los lugares más recomendables para descubrir el peculiar puchero canario. Suelen tener también camarones, que abundan en las aguas profundas que rodean Tenerife. Otra especialidad es el cabrito frito, que se sirve con papas negras «arrugás». Y para rematar, el dulcísimo y contundente huevo mole. Por último, apunten también San Sebastián 57, junto al mercado, con una interesante revisión de la cocina tradicional tinerfeña y a la vez bar de vinos.

En el norte de la isla, un par de apuntes de interés. En el Puerto de la Cruz, Brunelli’s, la apuesta personal del alemán Wolfgang Kiessling, propietario del hotel Botánico y el Loro Parque. Entusiasta de la carne, ha apostado por llevarla a Tenerife, donde apenas tenía presencia. Grandes piezas que importa desde la Península y otros lugares del mundo que aquí se maduran en seco durante unos 30 días mediante un avanzado sistema de cámaras y se asan en un horno muy especial, el estadounidense Southbend, capaz de llegar a los 800 grados. El sitio, colgado sobre el mar, es además especialmente bonito. Y muy cerca, en La Matanza, La Bola, donde Jorge Bosch actualiza con sentido común el recetario tradicional isleño inspirado en los guachinches populares.