Vista de Cómpeta, con la torre de la iglesia de la Asunción
Vista de Cómpeta, con la torre de la iglesia de la Asunción - PATRONATO DE TURISMO DE LA COSTA DEL SOL

GRAN SENDA DE MÁLAGALos tesoros desconocidos de los pequeños pueblos de Málaga

La Gran Senda de Málaga (35 etapas entre pueblos y pasajes) permite acercarse a los tesoros menos conocidos del patrimonio histórico de la provincia, desde pinturas rupestres a castillos árabes, cortijos históricos y dólmenes

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La Gran Senda de Málaga (GR-249) es una magnífica propuesta para conocer el interior de la provincia. Al recorrer cada una de sus 35 etapas, habrá ocasión de descubrir paisajes que siempre guardaremos en la memoria y decenas de pequeños municipios que nos sorprenderán por su patrimonio, gastronomía y turismo activo. En la Gran Senda está la belleza interior de una tierra a la que muchas veces solo hemos mirado desde la costa. Sin embargo, además de esos pueblos y paisajes, esta ruta es también un magnífico vehículo para mejorar el conocimiento del patrimonio cultural y de la historia de la provincia. Descubriremos pinturas rupestres, castillos árabes, cortijos históricos y dólmenes en pequeños pueblos de menos de 20.000 habitantes que merece la pena conocer.

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  1. Prehistoria

    Iglesia rupestre de Villanueva de Algaidas
    Iglesia rupestre de Villanueva de Algaidas - JOSÉ HIDALGO/PATRONATO DE TURISMO DE LA COSTA DEL SOL

    La costa malagueña ha sido habitada desde hace milenios y las pruebas de ello encuentran ya desde las primeras etapas de la Gran Senda. Es el caso de los yacimientos de los Poyos del Molinillo y de la Cueva de los Murciélagos (cerca de Frigiliana, ciudad que cuenta con un museo arqueológico) donde se han encontrado enterramientos de la Edad del Cobre y del Neolítico, incluido un cráneo muy bien conservado de un niño de 8 años, que apareció junto a su ajuar funerario. Ya en plena Axarquía, en Alcaucín, está la cueva del Boquete de Zafarraya, un pequeño pero muy interesante abrigo donde se encontraron herramientas de sílex paleolíticas. Muy cerca -en Periana- están los abrigos de El Romeral y Marchamonas, donde se ha encontrado arte rupestre esquemático: círculos, puntos, figuras antropomorfas… El Puerto de la Mina, entre Alfarnate y Alfarnatejo, también fue habitado durante la Edad del Bronce y allí se han hallado herramientas de sílex y un curioso disco de arenisca con motivos grabados.

    Tras dejar la Axarquía y recorrer la Comarca Noroccidental llegamos a Villanueva de Algaidas -lindante ya con la Comarca de Antequera-, muy cerca de la cual está la necrópolis de Alcaide, un interesantísimo conjunto de 21 tumbas subterráneas de la Edad del Cobre y la Edad del Bronce. No lejos, en Cuevas de San Marcos, está la cueva de Belda, habitada durante gran parte de la prehistoria.

    Ya en el valle del Guadalhorce encontramos la necrópolis del Cerro de las Aguilillas, un conjunto de siete hipogeos (tumbas subterráneas) construidas en la transición entre el III y el II milenio a. C., que muestran la complejidad que alcanzaron las sociedades de ese periodo. En este mismo valle está la cueva de Ardales, que es el gran exponente del Arte Paleolítico Andaluz. En ella podemos ver ciervas, bisontes y otros animales, además de otros motivos, como las poco frecuentes manos representadas en negativo. La visita a esta cueva puede complementarse con la del Museo de la Prehistoria del Guadalteba. Más adelante, en la comarca de Ronda está la cueva de La Pileta, que contiene uno de los mejores conjuntos de arte rupestre del Paleolítico Superior existentes en la península.

    Y aunque los monumentos megalíticos más célebres de la provincia sean los de Antequera, no son ni mucho menos los únicos. En El Burgo (Comarca de la Sierra de las Nieves) está el dolmen del Cerro de la Cruz Blanca, tumba colectiva de 5.000 años de antigüedad en la que se encontró un ajuar de herramientas de sílex y vasos de cerámica. Y en la Serranía de Ronda, entre Benajoar y Jimera de Líbar, está la necrópolis megalítica de Encinas Borrachas, un conjunto de tres sepulcros en galería (corredores recubiertos con grandes losas que llevan a cámaras funerarias) de entre finales del Neolítico y comienzos de la Edad del Cobre

  2. Feinicios, iberos y romanos

    Puente romano de La Molina
    Puente romano de La Molina - JOSÉ HIDALGO-PATRONATO DE TURISMO DE LA COSTA DE SOL

    Málaga es la Malaka fenicia, lo que nos indica la importancia que tuvo la provincia para el Mediterráneo occidental desde muy temprano y nos permite sospechar la gran cantidad de restos que por toda ella se encuentran, tanto de los propios fenicios como romanos o íberos. Es el caso de la villa romana del El Faro, en Torrox. Erigida en el siglo I, en una etapa de gran prosperidad en el litoral malacitano, contaba con su propia fábrica de salazones, además de termas, hornos de producción alfarera y una necrópolis

    Necrópolis de La Alameda
    Necrópolis de La Alameda

    Aunque los colonizadores mediterráneos habitaron sobre todo la costa, muy al interior también se encuentran restos. Por ejemplo, la villa romana de Auta, en plenas montañas de la Axarquía y ocupada entre los siglos I y III d. C. Quienes también habitaron estos parajes agrestes fueron los visigodos, como prueban las necrópolis de Alameda de Menchoro y Villanueva del Rosario. Ya en la Comarca Noroccidental, cerca de Archidona, está el oppidum íbero de Las Capacheras, uno de los mayores de la provincia. En Alameda, comarca de Antequera, está el yacimiento de El Castillejo, que cuenta con un centro de interpretación para ayudar al visitante a conocer un lugar habitado ya en la Edad del Cobre y en el que posteriormente se asentaron íberos y romanos (de cuya época se conservan incluso restos de unas termas). Otro asentamiento con mucha historia es el del Castillón de Gobantes, entre los valles de los ríos Guadalhorce, Guadalteba y Turón. El él se ve cómo el contacto con los colonos fenicios influyó la arquitectura y la cultura de los pueblos autóctonos que habitaban ese lugar, pobladores protoíberos que recibían vino y salazones de pescado de las colonias de la costa y que copiaron los diseños de las vasijas fenicias para almacenar sus productos agrícolas y comerciar con ellos.

    En la provincia de Málaga quedan pocos puentes romanos, así que destaca el de La Molina, en Ardales, muy cerca ya de la comarca de la Sierra de las Nieves. Algo más allá, en plena Serranía de Ronda, nos encontramos con el columbario romano del Cortijo del Moro (muy cerca de Benalauría), un mausoleo del siglo I d. C. que probablemente perteneciese a la familia propietaria de alguna villa cercana.

    Pero, aunque el interior estuviese también poblado, es cuando nos acercamos a la costa cuando vuelven a aparecer poblaciones de mayor tamaño. Por ejemplo, Lacipo (muy cerca de la actual Casares), una fortaleza de los habitantes autóctonos que los romanos convirtieron en ciudad. De ella se conservan restos de murallas, aljibes y de un gran edificio que probablemente fuese un templo.

  3. Al-Ándalus, la Reconquista y la Edad Moderna

    Vista de Cómpeta, con la torre de la iglesia de la Asunción
    Vista de Cómpeta, con la torre de la iglesia de la Asunción - PATRONATO DE TURISMO DE LA COSTA DEL SOL

    Las primeras (y las últimas) etapas de la Gran Senda, que transcurren junto a la costa, están marcadas por la presencia de fortificaciones construidas a partir del siglo XVI para proteger la costa de los piratas. Es el caso de las torres almenaras de Lagos y de Huit, ambas situadas cerca de Torrox. Luego dejaremos atrás la costa para adentrarnos en la Axarquía, que tiene aún un sabor morisco en la configuración de sus pueblos y de sus terrenos agrícolas, aunque las construcciones de esa época hayan ido desapareciendo. Aunque sí encontramos algunos alminares de ladrillo, como el de Salares, con su típica decoración en paños de sebka. Más abundantes son las iglesias y ermitas de los siglos XVI, XVII y XVIII, que encontramos en pueblos como Cómpeta, Canillas de Albaida o Sedella (en estas dos últimas localidades también encontramos puentes medievales). Pero si algo define el legado árabe en Málaga son los castillos. Ya en pleno centro de la Axarquía -concretamente junto a Alcaucín- nos topamos con un castillo que jugó un gran papel en la historia de la región: el de Zalía, que fue fundamental en la revuelta de Umar Ibn Hafsun contra Córdoba en el siglo X y en la revuelta morisca de 1569.

    Panorámica de la Plaza Ochavada, en Archidona
    Panorámica de la Plaza Ochavada, en Archidona

    Tras la Axarquía pasamos a la Comarca Noroccidental, cuya puerta es Archidona. Allí se refugió a mediados del siglo VIII huyendo de Damasco Abd Al-Rahman (es decir, Abderramán I) y allí fundó el emirato que se convertiría en Al-Ándalus. De esta época datan el castillo y la mezquita de Archidona (esta última convertida hoy en iglesia cristiana, el santuario de la Virgen de Gracia). Tras la Reconquista se construyó la Villa Baja de Archidona, cuyo centro neurálgico es la barroca Plaza Ochavada (siglo XVIII). No muy lejos, en Villanueva de Algaidas, está el convento franciscano de Nuestra Señora de la Consolación de las Algaidas, notable por su iglesia rupestre de estilo mozárabe (siglo XVI).

    Castilo de la Peña, en Ardales
    Castilo de la Peña, en Ardales

    En el valle del Guadalhorce están varias de las principales plazas fuertes de la provincia. El castillo de Álora, aunque muy transformado por el paso de los siglos (se abandonó en el siglo XVI y en 1818 fue destinado a cementerio), merece la visita. También interesante es el castillo de la Peña de Ardales, que cambió de manos múltiples veces durante la Reconquista. Pero realmente fundamental es el sitio arqueológico de Bobastro, un bastión natural rodeado de precipicios desde el que Umar Ibn Hafsun se rebeló contra los emires cordobeses. Una vez sofocada esa rebelión, Abderramán III construyó una gran alcazaba sobre la medina de Bobastro. El conjunto de viviendas (algunas de ellas en cuevas, otras con varios niveles), fortificaciones y edificios civiles forma una de las medinas más singulares de Andalucía. Y, como pasó tan a menudo por estas tierras, a los edificios musulmanes se superpusieron otros cristianos, como la curiosa iglesia rupestre del monasterio de las Mesas de Villaverde. Algo más adelante está el castillo del Turón, que fue una de las fortalezas árabes más importantes de los últimos siglos de Al-Ándalus y aún hoy conserva una gran estampa con los restos de sus murallas y sus siete torres en lo alto de un cerro.

    La Serranía de Ronda -si bien también conserva interesantes restos árabes- se define en cambio por el auge experimentado en el siglo XVIII. Esto se ve en municipios como Benajoán o Benalauría, en donde encontramos ermitas y edificios civiles de esa época. Pasada la Serranía de Ronda, de vuelta a la Costa del Sol, encontramos otro castillo, en este caso de origen ya cristiano: el de Ojén, levantado en el siglo XVI y que fue fundamental para sofocar la revuelta de los moriscos. Si era de origen árabe el castillo de Monda, actualmente reconstruido y convertido en hotel

  4. Edad Contemporánea: industria, minería y agricultura

    Balneario Baños de Vilo de Periana
    Balneario Baños de Vilo de Periana - PATRONATO DE TURISMO DE LA COSTA DEL SOL

    La Gran Senda sale de Málaga siguiendo el camino marcado por el ferrocarril costero que la comunicaba con la provincia de Granada, entre restos de estaciones y apeaderos. Por el camino van apareciendo los rastros de las primeras industrias que se crearon en la provincia; muchas de ellas eran ingenios azucareros, ligados a plantaciones de caña de azúcar cuya producción se modernizó e industrializó en los siglos XVIII y XIX. Es el caso del ingenio de San Rafael, en Torrox, o de la fábrica de miel de caña Nuestra Señora del Carmen, en Frigiliana. En esta última localidad también encontramos una curiosidad: la Casa Rudofsky, edificio vanguardista construido en 1970 como residencia de verano por el arquitecto austriaco Bernard Rudofsky. Y tras recorrer la Axarquía también encontramos antiguos trazados de vías férreas, en este caso las que iban de Málaga hacia Ventas de Zafarraya, hasta dar con uno de los primeros balnearios de la provincia: los Baños de Vilo (siglo XVIII). Más adelante encontraremos otros balnearios, basados en las aguas de gran carga mineral que surgían en algunos parajes: los de La Tosquilla, en Villanueva del Rosario, el balneario de Carratraca o los Baños del Duque cerca de Casares.

    Embalse de Guadalhorce
    Embalse de Guadalhorce

    Pero es en el valle del Guadalhorce se encuentran las que quizá sean las obras del patrimonio industrial más importantes que podemos encontrar en la Gran Senda: el conjunto de embalses que aprovechan este río (y el cercano Guadalteba) para generar electricidad. Si bien pequeñas infraestructuras hidroeléctricas («fábricas de luz») se encuentran por ríos de toda la provincia, son estos valles los que concentran los mayores embalses: el del Gaitanejo, el del Conde de Guadalhorce, el de Guadalteba, el de Guadalhorce… Imponentes obras iniciadas a mediados del siglo XIX y que se han ido recuperando para el turismo; por ejemplo, el muy popular Caminito del Rey o la tubería forzada que ofrece una vista que quita el aliento sobre el embalse de la Encantada. En las cercanías también hay paisajes mineros, producto de la explotación del cromo y el níquel en los siglos XIX y XX.

    Puente sobre el río Guadiaro
    Puente sobre el río Guadiaro

    El impresionante paisaje del Tajo de Ronda también tuvo su aprovechamiento económico, gracias a los molinos del Tajo, un conjunto de molinos hidráulicos harineros suspendidos en las paredes sobre el río Guadalevín, que luego se adaptaron para generar electricidad. El puente del ferrocarril sobre el Guadiaro es también una bella obra de ingeniería, a través del cual se llega a la sencilla pero bonita estación de tren decimonónica de Jimera de Líbar. Y con la vuelta a la costa de la senda hallamos los últimos paisajes mineros del recorrido: las de hierro y cobre en Genalguacil y Sierra Bermeja, la mina de plomo Buenavista y las minas de hierro y talco de la Sierra Blanca de Ojén. Ejemplos claros de la interacción entre el ser humano y el paisaje.

    Pero hay dos clases de patrimonio que no podemos enumerar por ser los ejemplos demasiado numerosos y repartidos por toda la senda -por toda la provincia, en realidad-, pero de los que es imposible no hablar. Nos referimos a los cortijos y a los molinos, tanto de aceite como harineros, tirados por animales o movidos por la fuerza de los ríos. Ejemplos fundamentales de arquitectura popular andaluza y de aprovechamiento económico que marcan la totalidad del paisaje de la Gran Senda de Málaga, de forma casi omnipresente.