El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont - EFE
Editorial ABC

Ni caso a Puigdemont en Europa

Nadie del Gobierno danés asistió a la inauguración, lo que no es un buen primer paso para el reconocimiento internacional para el proceso de independencia catalán

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El Gobierno catalán tuvo ayer en Dinamarca otra prueba de que su plan para separar a Cataluña de España es ignorado en el ámbito internacional, salvo por Maduro, lo cual dice mucho del «procés». El presidente de la Generalitad, Carles Puigdemont, se quedó solo en la inauguración de la «embajada» catalana en Copenhague. Teóricamente, esta delegación servirá de apoyo a los acuerdos comerciales con Cataluña, pero realmente se trata de una nueva iniciativa de la diplomacia separatista que dirige con escaso éxito Raül Romeva. Nadie del Gobierno danés asistió a la inauguración, lo que no es un buen primer paso para el reconocimiento internacional para el proceso de independencia catalán. La UE y otros actores mundiales han hecho saber a los dirigentes nacionalistas que no reconocerán una declaración unilateral de independencia y que el plan separatista no tiene apoyo en el Derecho internacional. El régimen actual del derecho de autodeterminación no permite la ruptura de la integridad territorial de los Estados, menos cuando quienes la promueven son quienes ostentan uno de los ejemplos más importantes de autogobierno regional, como es el caso catalán. El rechazo por la comunidad internacional se hará más evidente tras la publicación del proyecto de «ley de transitoriedad». Con el rigor aplicado por Bruselas a Polonia por su reforma judicial, el Poder Judicial de la onírica « República catalana» sería calificado por la UE como propio de una dictadura.

Sin apoyo legal, ni legitimación social, ni reconocimiento internacional, los nacionalistas catalanes están poniendo al Estado en la necesidad de adoptar medidas drásticas. Por ahora, sería oportuno que el ministro Montoro pregunte cuánto ha costado la nueva «embajada», porque es dinero destinado a la independencia. Es decir, una malversación de fondos.