La placa de la calle Montera (arriba izquierda); varias prostitutas (arriba derecha); la esquina con Gran Vía a principios de siglo (abajo a la izquierda); y la única firma del grafitero Muelle que se conserva en Madrid - abc
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La mujer del cetrero de Felipe III que levantaba pasiones y que dio nombre a la calle Montera

A medio camino entre leyenda e historia se articulan las distintas versiones que explican la denominación de esta famosa arteria madrileña que conecta la Puerta del Sol con la Gran Vía

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A medio camino entre leyenda e historia se articulan las distintas versiones que dan nombre a la calle de Montera. Esta famosa arteria madrileña, que conecta la Puerta del Sol con la Gran vía debe su peculiar nombre al sombrero tradicional de los toreros, pero ¿sabes por qué tiene esta prenda una calle en Madrid?

La explicación más extendida es también la más sencilla. Antes de que los límites de Madrid llegasen a esta calle, se decía que el horizonte que se dibujaba desde esta calle hacia las afueras parecían los picos de una montera. De ahí que se le diera este nombre cuando se inauguró la vía.

Otro de los mitos sobre la calle nada tiene que ver con la indumentaria taurina, sino con la esposa de un montero mayor –oficio similar al de cetrero– de Felipe III, que vivía en esta calle. Su belleza era tal que despertaba las más ardientes pasiones entre los caballeros de la alta sociedad castellana. Según relata Francisco Azorín «Leyendas y anécdotas del viejo Madrid» todas las noches se citaban bajo su balcón hombres que intentaban cortejarla y se batían en duelo para llamar su atención. Esta mujer, sin quererlo, lograba congregar en su portal a caballeros, alguaciles –para poner orden– y curas –para dar la absolución «in extremis»–.

Pedro Répide en «Las Calles de Madrid» cuenta también que, cuando salía a misa, los galanes se daban estocadas a su paso para poder ganarse el privilegio de robarle una mirada. Sin embargo, ella rechazó a todos los hombres que la cortejaron. Nunca quiso saber nada de amoríos y se mantuvo fiel a su marido.

No obstante, su caso llegó a oídos del tribunal de la Santa Inquisición, que decidió intervenir para atajar el acoso a la dama. Mandó a un emisario al portal de la mujer para leer un edicto dirigido hacia las personas que «dieran ocasión a muertes violentas tras pretensiones lascivas». El Santo Oficio llegó a enviar una carta a la causante involuntaria de los entuertos. En el escrito la amenazaban con que recaerían contra ella serias consecuencias si no cesaban las disputas. Tanto insistió la Inquisición que la joven decidió marcharse para siempre de la Corte.

Pese a todo, ningún hombre pudo afirmar haber tenido relaciones con la dama. Su estancia en la Villa no se olvidó y, según cuentan, la calle donde se gestaron tantas trifulcas fue bautizada con el sobrenombre con que era conocida: «La Montera». Su popularidad y belleza ha llegado hasta nuestros días a través de los versos de Narciso Serra:

«Que si usiría viniera,

aquí de alcalde menor,

que es mucha calle, señor,

la calle de la Montera».

La «brabura» del Rey Sancho

Otra de las leyendas que explican la denominación de la calle tiene que ver con el Rey Sancho IV de Castilla. En el siglo XV en el que junto a la Puerta del Sol se arremolinaba el arrabal de San Ginés por la zona oriental del espacio que ocupa hoy en día la Puerta del Sol, una de las salidas del muro iba a parar a los olivares de los caños de Alcalá. Caños en los que bebió el Rey antes de entrar a Madrid.

Al «Bravo», como solían llamar al monarca se le cayó la montera, justo donde nace la calle. El Rey sacó a relucir el fuerte carácter por el que era conocido. Enfurecido echó en cara a sus vasallo que no se hubieran dado cuenta y que nadie se ofreciera a devolvérsela.

El pueblo madrileño, muy dado a las chanzas, en seguida acuñó dos dichos populares en alusión a esta historia: «Al pasar esta vereda, perdió el rey la montera» y «Como Don Sancho era bravo, caminó con grande enfado».

De calle de lujo a la prostitución

Desde comienzos del siglo XX la parte superior de la calle ha sido conocida por la prostitución. Sin embargo, dos siglos antes Montera era conocida como la vía del lujo. Una zona de paseo habitual para los personajes más elegantes de la ciudad.

A finales del siglo XIX, la calle Montera es testigo de las obras de ensanche de la Puerta del Sol. En 1920 el escritor Valle Inclánfija una escena de su obra «Luces de Bohemia» en esta vía, lugar donde se encuentra la «taberna Pica Lagartos».

En la actualidad, ya como vía peatonal desde 2009, la calle conserva los vestigios de la Movida Madrileña. Un dibujo de una espiral acabado en una flecha es el último recuero de de Juan Carlos Argüello (1966-1995), «Muelle», pionero del grafiti en España. El último grafiti del Bansky madrileño, nacido en el barrio de Campamento, todavía resiste en el número 30.