El Rey Mohamed VI durante un desfile en Rabat
El Rey Mohamed VI durante un desfile en Rabat - EFE

Veinte años de reformismo inacabado y desigual de Mohamed VI

La reconciliación política, el Código Familiar de 2004 y la reforma de la Constitución de 2011 marcan el camino de la modernización de Marruecos

Enviada especial a RabatActualizado:

La capital de Marruecos, Rabat, es una ciudad en continua construcción. Grúas, andamios, ladrillos...es la vista predominante de esta urbe con pretensiones de convertirse en un lugar de referencia. Igual que Rabat, el país lleva veinte años en un proceso de modernización económico, político y social.

Marruecos lleva años siendo percibido como el gran país del Magreb. Más aún si se compara con los países de la zona, sumidos en disturbios e incluso guerras civiles.

Para analizar el Marruecos actual es necesario echar la vista atrás veinte años cuando el 30 de julio de 1999 el Príncipe heredero se convertía en Mohamed VI. A su llegada al trono, el joven Monarca, entonces apodado el «Rey de los pobres», generó grandes expectativas de cambio. «El proceso de modernización se puso en marcha ya en los últimos años del reinado de Hassan II, pero es cuando llega Mohamed VI cuando esa dinámica se acelera», asegura para ABC Omar Azziman, consejero del Rey y hombre fuerte en la política marroquí.

Los primeros años fueron los más fructíferos para la modernización del país, pero tras los atentados de Casablaca en 2003 la transición política pasó a un segundo plano y el Rey se erigió como el garante para la estabilidad y el desarrollo del país reforzando los valores musulmanes, bajo el paraguas de un islam moderado.

Reconciliación política

La llegada al trono del hijo primogénito de Hassan II apuntaba al advenimiento de una nueva era, teniendo como ejemplo la transición española y el temor a una deriva «a la argelina».

Entre sus primeras medidas fue expulsar del tablero al ministro del Interior y hombre fuerte de su padre, Driss Basri, uno de los principales responsables de los «años de plomo» del país durante el reinado de Hassan II.

«En aquel momento se dio un paso hacia delante para el respeto de los derechos humanos con la creación de la Instancia Equidad y Reconciliación, un organismo para el esclarecimiento de la verdad sobre los abusos cometidos tiempo atrás», comenta Azziman.

Pero el gran cambio tuvo lugar en 2011. En el contexto de la primavera árabe, que derrumbó regímenes en Túnez, Egipto y Libia, el monarca llevó a cabo una reforma profunda de la constitución. «En esta nueva constitución se habla de democracia participativa, la capacidad del jefe de gobierno de promulgar leyes, de igualdad entre hombres y mujeres», comenta Nizar Lbraka, líder del partido Istiqlal, partido en la oposicón y formación más longeva en el parlamento marroquí.

«El ascensor social, roto»

«A pesar de los avances conseguidos en materia política, en derechos sociales y económicos aún queda mucho por hacer», señala Azziman. Según el índice de Desarrollo Humano de la ONU, Marruecos se encuentra en el puesto 123, solo dos por encima que hace 20 años. Además, una de cada tres personas aún es analfabeta, y es que la educación sigue siendo la asignatura pendiente del Reino alauí.

Actualmente, hay cuatro millones de pobres en una población de más de 35.

«En Marruecos, el ascensor social está roto, con la precariedad de la educación y el gran nivel de desempleo, sobre todo juvenil, no existe una situación de mejora del nivel de vida», asegura Lbraka, quien fuera ministro de Finanzas entre 2012 y 2013. Esta es la principal preocupación en Marruecos: el alto paro entre los jóvenes por el que siete de cada diez se planteen emigrar.

Según los organismos pro derechos humanos, ya no existen cárceles secretas y la tortura es una práctia excepcional. Pero la crisis del Rif en 2017, supuso una vuelta de la represión, donde la policía prohibió todo tipo de manifestaciones y organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch aseguran que el país tiene «presos de conciencia».

Los derechos de la mujer también ha sido uno de los avances en estas dos décadas. Con el Código Familiar de 2004, se acercó a los dos cónyuges a una situación de igualdad, por ejemplo a la hora de pedir el divorcio, antes no permitido a la mujer.

«Pero la desigualdad no existe solo en el matrimonio, también está en lacalle, en los salarios y sobre todo en la mentalidad de los ciudadanos», afirma Asma Lamrabet, teóloga y doctora que ha dedicado su trabajo en el estudio sobre las mujeres y el islam. «Las leyes son muy importantes, pero también hay que educar, algo que no se ha hecho. Educar en la igualdad y en la lectura reformista del islam», señala la teóloga.

En el Reino aún existen líneas rojas: el islam, la Monarquía, y la integridad territorial (con el eterno problema de la soberanía del Sahara Occidental) son temas tabú. Además la organización Reporteros sin Fronteras denuncia una generalizada autocensura y falta de independencia en los medios de comunicación.

A pesar de ello, la mayoría del pueblo marroquí apoya al Monarca como conductor de la reforma del país. El Rey sigue siendo el jefe supremo del Ejército, guía de los fieles y del poder Ejecutivo y Legislativo, por lo que investigadores como Mohammed El- Katrii analista del «Conflict Studies Research Center,» de Reino Unido denomina al régimen como una «democracia monárquica» y no una «democracia real»

Con todo ello, la modernización del país es incontestable, lo que ha permitido al Reino convertirse en un referente en la zona norte de África y un país emergente en el contexto internacional.