Reuters / Vídeo: Atlas

Trump mantiene un perfil bajo durante su visita a las víctimas de los tiroteos

El presidente se niega a restringir la venta de fusiles en supermercados

Enviado especial a El Paso (EE.UU.) Actualizado: Guardar
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Nunca un presidente ha sido recibido con tanto desafecto y acrimonia durante una visita oficial a supervivientes y familiares de los fallecidos en una masacre con armas de fuego en Estados Unidos.

Tras condenar el lunes por primera vez en toda su presidencia la lacra del supremacismo y los estragos de la violencia racista, Trump visitó este miércoles a las víctimas de las masacres de la semana pasada en Dayton -nueve muertos- y El Paso -otros 22- consciente de que había sido declarado persona non grata por muchos de aquellos a quienes venía a consolar. La Casa Blanca mantuvo el viaje en un secretismo insólito, informando únicamente de la llegada y salida del avión presidencial y trasladando a Trump y su mujer a los hospitales para visitas privadas de las que luego informó puntualmente una portavoz. En el pasado, Barack Obama y George Bush hijo aprovecharon días de duelo como el de ayer para dejarse ver con las víctimas e insuflar algo de esperanza a una nación a la que estas matanzas duelen pero ya no sorprenden.

«Este presidente nos ha llamado asesinos, vagos y violentos. ¿Qué viene a hacer aquí?», se preguntaba ayer con una ira penas contenida Alma Rosa Guerra, jubilada de 67 años, nacida en México pero ciudadana estadounidense de pleno derecho. «Es increíble tener que decir esto, pero yo siento que este presidente nos ha hecho más vulnerables, apuntándonos a cada rato con el dedo, día tras día, inventando todo tipo de infamias para construirse su muro». ¿Qué cree entonces que debería hacer Trump tras una tragedia como esta? «Nada, no puede hacer nada. Ya es tarde. Lo que debe hacer es irse, y como no se irá por su propio pie lo que tienen que hacer los demócratas es comenzar ya el "impeachment" [recusación en el congreso], echarle, ya, cuanto antes, que se dejen de excusas».

Un demócrata ha roto la norma tácita de no criticar al presidente en días de duelo nacional. Se trata de Beto O’Rourke, que de 2013 a 2019 representó a El Paso como diputado en El Capitolio y que hoy aspira a ganar las primarias de su partido para evacuar a Trump de la Casa Blanca en 2020. Ayer este político acudió a la protesta en contra del presidente y antes estuvo en el instituto de secundaria El Dorado donde le dijo a los niños: «El presidente quiere intimidaros, hacer que nos tengamos miedo unos a otros, exagerar nuestras diferencias, demonizar a los inmigrantes. No permitáis que lo logre». Horas antes, el presidente le había ordenado a O’Rourke que «calle ya la boca» a través de un mensaje en Twitter.

Trump, privado de los discursos o las reunión con votantes que tanto le gusta ver retransmitidos en televisión, habló brevemente con la prensa a su salida de Washington y, preguntado por los cambios que estaría dispuesto hacer sobre la tenencia de armas, dijo que de momento solo baraja la posibilidad de aprobar exámenes psicológicos y verificaciones de antecedentes más estrictos para poder comprar armas. «No quiero permitir que las pistolas lleguen a las manos de gente desequilibrada, rabiosa, enferma», dijo Trump, quien no quiere medidas más drásticas como prohibir la venta de fusiles de asalto en supermercados y tiendas. «No hay voluntad política para ello en este momento», dijo el presidente.

Puede que en Washington no haya ahora apetito para restringir la venta de armas en este país, pero aquí en El Paso las víctimas y supervivientes están convencidas de que la hora para hacerlo ha llegado. De hecho, en los otros dos Walmart que siguen abiertos en esta localidad que aún está de luto, varias decenas de empleados abandonaron ayer sus puestos momentáneamente para protestar contra la venta de rifles y pistolas por parte de la misma empresa para la que trabajan. En todo EE.UU., 4.750 sucursales de Walmat venden a día de hoy armas como las que luego se usan para estas ya habituales matanzas.

Cierto es que, aunque estos días guardan un perfil más bajo, el presidente también tiene partidarios que creen que es una injusticia culparle de estos episodios de violencia, que vienen de muy largo. Uno de ellos es, Leticia Carrillo, de 57 años, que ayer acudió a rezar ante las puertas del supermercado donde el sábado murieron 22 personas. Tras formar un corro y pedir en voz alta a Dios que acoja las almas de las víctimas, Carrillo pidió que no se haga política con esta tragedia. «El presidente no obligó a nadie a matar», dijo. «En el pasado habrá dicho lo que quiera, pero estoy segura de que él no quería que aquí muriera nadie».