Juan Guaidó y Nicolás Maduro
Juan Guaidó y Nicolás Maduro - Afp

«El tiempo de negociar con Maduro se ha acabado»

Dura advertencia del secretario de la OEA, Luis Almagro, y del secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, para que Maduro ceda el paso a la democracia

David Alandete
Caracas / WashingtonActualizado:

Ni Estados Unidos ni sus socios en la Organización de Estados Americanos (OEA) perdieron este jueves un minuto en su intento de reforzar desde el exterior al nuevo presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó. En una sesión extraordinaria del consejo permanente de esa organización multilateral, tanto el jefe de la diplomacia norteamericana, Mike Pompeo, como el secretario general de la OEA, Luis Almagro, proclamaron que el tiempo de «negociar con el régimen de Nicolás Maduro se ha acabado» y que a este sólo le queda apartarse y facilitar el regreso de Venezuela a la democracia.

En una ofensiva diplomática coordinada, EE. UU. pidió explicar mañana ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas las razones para reconocer a Guaidó. Se trata de un desafío en toda regla a China y Rusia, que mantienen su apoyo a Maduro y tienen poder de veto en ese organismo, que sería el más adecuado para aplicar sanciones o incluso autorizar una intervención armada.

Este jueves, el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, confirmó en la Casa Blanca que «todas las opciones están sobre la mesa». Su prioridad, en este momento, es «desconectar al régimen ilegítimo de Maduro de sus fuentes de ingresos». Para ello, el Gobierno norteamericano ha contactado con sus homólogos en la Unión Europea para que reconozcan también a Guaidó y no sigan apuntalando al régimen de Maduro. «Estamos hablando con nuestros aliados en Europa y en otros lugares para demostrar el amplio apoyo político que tiene la presidencia interina», dijo Bolton.

El consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump hacía estas revelaciones momentos después de que Pompeo, el secretario de Estado, apareciera en persona y por sorpresa en el plenario de la OEA para anunciar que EE.UU. sólo reconoce a Guaidó y es con su Gobierno con quien mantendrá relaciones diplomáticas. «El tiempo para debatir se ha acabado», dijo Pompeo. «La tiranía del ya difunto régimen Maduro ha asfixiado demasiado tiempo al país», añadió, antes de anunciar un paquete de ayuda humanitaria para Venezuela de 20 millones de dólares.

Almagro, el secretario general de la OEA, se sumó a ese rechazo a cualquier mediación, en una crítica implícita al apoyo que siguen brindando a Maduro países como México y Bolivia. «Ofrecer mediación sin hacer mención a acabar con la usurpación y la dictadura de Maduro ni condenar sus crímenes es ponerse del lado de un gobierno ilegitimo», dijo.

Represalias

En un tono extraordinariamente duro, Almagro advirtió de que «el que no quiere facilitar el proceso de redemocratización no debe entorpecerlo». «Aquí el tema a resolver no son diferencias sino redemocratizar el país. La salida de la dictadura y la usurpación. Aquí no hay violencia. Hay asesinatos del régimen y tortura del régimen», dijo.

Antes, la enviada de Maduro a la OEA, Asbina Ixchel Marin Sevilla, insultó a Guaidó llamándolo «dictador», «títere», y «rey». «Se cree soberano pero solo responde al poder de su amo, EE.UU.», dijo. A la Casa Blanca la calificó de «gobierno mafioso que trata a América Latina como su patio trasero y a nuestro país como un esclavo», sede de un poder «imperial, racista, supremacista y expoliador, guiado por la avaricia y el odio».

Por su parte, en Caracas Nicolás Maduro anunció el cierre de la Embajada de Venezuela en EE.UU. así como sus consulados en ese país, un día después de que anunciase la ruptura de laciones con Washington. Maduro dijo que «está de acuerdo con México y con Uruguay» en la necesidad de un diálogo con la oposición para llegar a una solución de la crisis.

Un día después de la proclamación de Guaidó, los venezolanos sintieron este jueves su esperanza renacer. «Hoy comienza la verdadera lucha de todos los venezolanos que ayer hicimos un juramento para rescatar la democracia de nuestro país», decía la escritora Thays Peñalver en un programa de radio matutino, resumiendo así el ánimo de los venezolanos.

Esa sensación de tener dos presidentes: uno legítimo y otro ilegal, es algo inédito y difícil de entender que los propios venezolanos tardarán un tiempo en aclarar la confusión. Mientras tanto la cotidianidad se impone y obliga a la gente a buscar comida y remedios para no morirse de hambre por la severa escasez de productos básicos.

Asegurar la retaguardia

Algunos negocios como las panaderías y supermercados amanecieron abiertos, pero las grandes tiendas de departamentos permanecieron cerradas ante el temor de los saqueos. En varias regiones del interior, los «colectivos», grupos armados apoyados por el régimen de Nicolás Maduro junto a los uniformados de la Policía Nacional Bolivariana se han puesto a saquear y disparar a las viviendas.

En los últimos tres días de protestas se han reportado 26 muertes de manifestantes, la mayoría por balas, así como 175 detenidos. Los «colectivos» chavistas acostumbran a ir en pareja en moto, disparando alegremente en la calle. Son un azote que el régimen los utiliza para sembrar el terror y la violencia.

En el frente de la búsqueda de apoyos internos, el presidente ilegítimo acudió ayer al Tribunal Supremo para escenificar el apoyo que le prestan los jueces de la máxima instancia. El presidente del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, Maikel Moreno, denunció que «se está gestando un golpe de Estado» en su país, en referencia a la «autoproclamación» del líder del Parlamento, Juan Guaidó, como «presidente encargado».

«Denunciamos que en Venezuela se está gestando un golpe de Estado con la anuencia de gobiernos extranjeros con un vasto antecedente de conspiración y promotores de guerra fraticida en la región», dijo el juez en un acto al que asistió el jefe del Estado, Nicolás Maduro, y otras autoridades.

Por su parte, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, acompañado del alto mando militar, reafirmó el respaldo que tiene el régimen por parte de las fuerzas armadas. El Gobierno de Maduro ya no confía en la tropa de soldados pues la mayoría ha desertado o ha pedido la baja de los cuarteles –unos 6.000– respondiendo así al llamamiento que ha hecho Juan Guaidó, con la oferta de la ley de amnistía que da garantías a los militares y funcionarios que contribuyan al restablecimiento del sistema constitucional.