El expresidente brasileño Lula da Silva
El expresidente brasileño Lula da Silva - EFE
CLAVES DE LATINOAMÉRICA

El tapón de Lula: 6 veces candidato, 40 años como líder

El liderazgo patrimonialista de Lula ha dejado espacio a la candidatura del extremista Bolsonaro

Actualizado:

Luiz Inácio Lula da Silva lleva 43 años en la vida pública brasileña, desde que en 1975 se convirtió en presidente del sindicato de obreros metalúrgicos. Lidera el Partido de los Trabajadores desde hace 38 años (ahora desde una presidencia honorífica, pero igualmente influyente) y ha sido ya candidato a la presidencia en cinco ocasiones (fracasó en 1989, 1994 y 1998; ganó en 2002 y 2006).

Que Lula haya querido ser candidato en 2018, como principal dirigente del PT, muestra el patrimonialismo con que muchas veces en Latinoamérica se desempeñan los liderazgos políticos y los cargos públicos (y del que se deriva una imponente corrupción que ha engullido al propio Lula).

En prisión desde el pasado abril para cumplir una condena de doce años por delitos de corrupción, Lula vió cómo este mes el Tribunal Electoral anuló su candidatura para las elecciones presidenciales, que se desarrollarán en dos vueltas el 7 y el 28 de octubre. Lula presentó luego un recurso ante el Tribunal Supremo, pero ante la evidencia de que lo perdería, este mismo martes, cuando terminaba el plazo legal, finalmente ha tirado la toalla y ha cedido el puesto a su candidato a vicepresidente, Fernando Haddad, exalcalde de Sao Paulo.

Quizás esperando algún resquicio legal que le permitiera seguir en su huida hacia adelante, buscando probablemente una inmunidad que le sacara de la cárcel, la actitud del expresidente ha podido dar impulso a la campaña del ultraderechista Jair Bolsonaro, por la falta de una renovación efectiva al frente del Partido de los Trabajadores y la incertidumbre sobre la propia candidatura de Lula.

Ascenso de Bolsonaro

Desde el PT se lamentan que alguien con un discurso tan extremo siga creciendo en las encuestas (a finales de agosto Bolsonaro tenía una intención de voto del 19%, frente al 39% de Lula, aunque se supone que aumentará debido a la ola a su favor levantada por el atentado que sufrió el viernes), cuando en realidad la cuestión del «tapón Lula» ha propiciado en parte esa situación.

Lo normal en una democracia saludable es que Lula hubiera propiciado hace ya tiempo un recambio. La ley obligó a Lula a no estar más de dos mandatos seguidos como presidente (2003-2010); entonces designó una sucesora (Dilma Rousseff) con suficiente falta de carisma político como para permitir luego el regreso de él mismo. Los medios informaron que Lula estuvo tentado de presentarse a las elecciones cuatro años después, pero lo dejó para cuando Rousseff concluyera su segundo mandato... solo que Rousseff se vio apeada del poder en 2016 en un «impeachment» enmarcado en la corrupción de los casos Petrobras y Odebrecht que también ha arrollado a Lula.

Personalismos

El deseo de perpetuarse como máximo líder político es un mal que se ha extendido en Latinoamérica, donde inicialmente las constituciones nacionales prohibieron la reelección presidencial y donde la ola democratizadora que arrancó en la década de 1980 permitió la reelección pero con limitaciones. Fue sobre todo el bolivarianismo el que rompió con estas últimas, propiciando liderazgos a perpetuidad, como en Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Como advierte un amplio estudio sobre la reelección presidencial en Latinoamérica, esos cambios han perjudicado la salud democrática en la región. Lula no trató de cambiar las leyes para permanecer un tercer mandato, pero sí ha ido contra la ley electoral para intentar volver a la presidencia.

Si ya los poderes de los presidentes latinoamericanos son especialmente fuertes («reyes con el nombre de presidentes», decía Bolívar, como recuerda un reciente artículo de la Revista de Pensamiento Iberoamericano, donde se indica que son sistemas con «forma presidencialista, fondo monárquico»), qué cabe esperar de presidencias especialmente prolongadas o reincidentes.

Por lo demás, la vida política brasileña está especialmente llena de personalismos, con una sopa de letras de partidos a la medida de múltiples candidatos, prontos al transfuguismo en función de pactos políticos y posibles financiaciones.

[El autor es director del centro de estudios estratégicos Global Affairs de la Universidad de Navarra]