Monseñor Silvio Baez, visiblemente emocionado, durante la rueda de prensa en la que ha anunciado su marcha de Nicaragua EFE
NICARAGUA

El Papa Francisco traslada a Roma al Obispo auxiliar de Managua: «Necesita que salga del país»

Según monseñor Silvio Baez, azote del régimen de Ortega, la embajada de EE.UU. le había informado de la existencia de una amenaza de muerte contra él

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Un día después de que se cumplieran 10 años de la presentación de monseñor Silvio Baez como Obispo Auxiliar de Managua se ha conocido la noticia de que el Papa Francisco le ha reclamado para que se traslade a Roma por un tiempo indeterminado, según explicó el propio Baez este miércoles en conferencia de prensa, acompañado por el cardenal Leopoldo Brenes, Arzobispo de Managua. «Necesita que salga del país y que esté allá por un tiempo», indicó Baez.

El motivo de este traslado -que ha conmocionado a miles de seguidores y simpatizantes de monseñor Baez-, que tendrá lugar después de Pascua, podría ser la amenaza de muerte que se cernía sobre él, aunque no es la primera, según confirmó él mismo este miércoles: «Me llamaron para decirme que había un plan para asesinarme. La Embajada me lo comunicó a un nivel de alta certeza de la seguridad americana. Yo se lo comuniqué al cardenal (Leopoldo Brenes) y a la Conferencia Episcopal», aseguró.

Monseñor Baez ha sido un referente durante la crisis que sufre Nicaragua desde hace casi un año, cuando comenzaron las protestas, pues ha sido el azote del régimen sandinista y de su presidente Daniel Ortega. Baez ha sido amenazado de muerte y herido durante las protestas -en las que han muerto más de 300 personas y otras 800 fueron detenidas-, pacificador en duros enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad sandinistas y los manifestantes, como el ocurrido en la ciudad de Masaya el pasado verano; y tomó parte en la primera mesa de diálogo. En la segunda ya no participó, ni tampoco ningún representante de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, pues resultaba un observador incómodo para el régimen. En su lugar se sentó un embajador del Papa, Waldemar Stanislaw Sommertag.

Desde el principio de su intervención para anunciar su marcha, monseñor Baez, visiblemente emocionado en algunos momentos, quiso señalar que es completamente ajeno a esta decisión cuya «responsabilidad» es únicamente del Papa, señaló. «Yo no he pedido salir de Nicaragua. Quiero dejar claro que mi corazón siempre ha estado aquí, en mi tierra, en mi patria y en medio de mi pueblo». Punto en el que insistió dos veces. «Mi corazón seguirá en Nicaragua. Yo no he pedido salir. He sido llamado por el Santo Padre cuando fui ahora», indicó en referencia al viaje que acaba de realizar a Roma.

Esta petición por parte del Papa llevó al Obispo auxiliar de Managua «a experimentar un gran dolor, al no poder estar físicamente en medio de mi amado pueblo nicaragüense», según reconoció. Pero «no me voy a desentender de Nicaragua. Continuaré viviendo con fidelidad mi profesión de obispo. Donde vaya llevaré con orgullo el pabellón azul y blanco», los colores de la bandera de Nicaragua.

«Quiero dejar claro que mi corazón siempre ha estado aquí, en mi tierra, en mi patria y en medio de mi pueblo. No me voy a desentender de Nicaragua»

«Esta decisión que he asumido y aceptado con plena obediencia, ha hecho llorar a mi corazón», continuó, para luego recordar la década en la que ha ejercido como Obispo auxiliar de la capital nicaragüense. «Cómo no llorar después de 10 años de cariño, de confianza, de apoyo, de cercanía... Cómo olvidar a los niños, a los pobres, a los perseguidos, las madres de las víctimas de la revolución. No puedo olvidar a los que están en la cárcel. Llevo todo esto en mi corazón. No he hecho otra cosa en estos 10 años que servir a Jesús», subrayó. «Ahora, dentro de mí tengo que llorar con mucha tristeza al tener que dejar mi patria», dijo, con palabras entrecortadas por la emoción del momento.

Sin reproches del Papa

Sobre la decisión del Santo Padre, «al que seguiré con obediencia y fidelidad», quiso desligarla de su papel en la crisis que sufre Nicaragua. «El Papa no me hizo ni un solo reproche, ni una correción», afirmó Baez, que le hizo ver su opinión sobre el año de dolor que lleva sufriendo el país, «el via crucis que padece», y de los intentos por llegar «a algún tipo de solución».

Baez ha sido muy activo en las redes sociales a la hora de denunciar los excesos del Gobierno de Daniel Ortega y de su esposa y vicepresidenta del país, Rosario Murillo. «Le dije (al Papa) que este es un país secuestrado. Que todos los poderes fácticos están dominados por la mentira, la represión y la ambición». Se refirió al Gobierno de Ortega como un gobierno que «adora al Dios riqueza y al Dios dinero. Y por él sacrifica a los seres humanos».

«Le dije (al Papa) que este es un país secuestrado. Que todos los poderes fácticos están dominados por la mentira, la represión y la ambición»

Quiso dejar claro, además, que en Nicaragua «no hay enfrentamientos entre dos grupos. Hay un grupo idolátrico que sacrifica a los seres humanos, y tiene al pueblo crucificado», en referencia al gobierno sandinista, en el poder desde 2007 en lo que supone su segundo periodo gobernando (antes estuvo entre 1985 y 1990), que ha reprimido los derechos y libertades del pueblo nicaragüense.

Para concluir, monseñor Baez se refirió al tipo de Iglesia en la que cree: «La que no hace complicada la vida a la gente, la que está no solo al servicio de nuestros religiosos, sino de una sociedad nueva que colabora para construir seres humanos». Y desveló la Iglesia con la que sueña: «Una Iglesia menos diplomática y temerosa, una Iglesia más valiente». También señaló que prefiere una Iglesia que esté del lado «de los que no tienen voz, de las víctimas».

Por último, se disculpó por no haberse entragado más, por no haber luchado más, aunque, aseguró, «me voy con la conciencia tranquila de que he cumplido con la labor que se me encomendó».

Amenaza de muerte

En la ronda de preguntas, Baez fue cuestionado sobre la segunda ronda de diálogo, que concluyó la semana pasada sin llegar a acuerdos en temas como la justicia y la democratización del país -no se puso sobre la mesa el adelanto electoral, que piden los nicaragüenses y que el popio Baez ha defendido-, monseñor subrayó que era muy difícil llevarlos adelante «si no hay voluntad política». Y señaló que «la persona humana es el centro en la negociación. No se trata de salvar la economía». Mucha gente ha criticado que los principales representantes de la opositora Alianza Cívica, que se sentó a negociar con los represenates del gobierno de Ortega, eran empresarios y que no representaban los intereses de todos los sectores de la sociedad vicil.