El presidente Donald Trump se reúne con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker - Reuters / Vídeo: Tregua en la guerra comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea tras la visita de Juncker a Washington

Juncker y Trump firman un acuerdo de intenciones que enfría la guerra comercial

Ambos líderes acordaron anoche en la Casa Blanca negociar un mejor tratado comercial con el objetivo de eliminar los aranceles

WashingtonActualizado:

En términos futbolísticos, la Unión Europea ha forzado la prórroga. El acuerdo alcanzado esta noche en Washington DC entre las delegaciones europea y estadounidense logra frenar, por el momento, la escalada de una guerra comercial que amenazaba con afectar gravemente a la economía de ambos socios. Jean-Claude Juncker se puede marchar de Estados Unidos con la tranquilidad de haber frenado la implantación de nuevos aranceles a los productos europeos, mientras Donald Trump podrá vender a su electorado que su táctica, vista como suicida incluso entre miembros de su propio partido, consigue resultados.

Trump y Juncker, en un acto que no estaba previsto, comparecieron pasadas las cuatro de la tarde (diez de la noche en España) en el Rose Garden de la Casa Blanca para leer un comunicado que establece algunas concesiones por parte de la Unión Europea y pone las bases para la negociación de un futuro tratado comercial, que un grupo de trabajo conjunto se encargará de monitorizar y llevar a la práctica. El presidente estadounidense definió la ocasión como de «un gran día» y olvidó el calificativo de «enemigo» que otorgó hace unos días a la Unión Europea al anunciar el comienzo «de una nueva etapa» de «estrecha amistad».

Según recoge el documento, Estado Unidos y la Unión Europea trabajarán con el objetivo de lograr la eliminación de aranceles y subsidios a la producción industrial, así como buscarán reducir barreras e aumentar el comercio en sectores como el farmacéutico, el químico, los productos médicos y la soja. Según anunció Trump, saltándose el guión pactado, «la Unión Europea va a empezar a comprar de forma casi inmediata una gran cantidad de soja». Un mensaje dirigido al sector agrícola de su electorado que está sufriendo las primeras consecuencias de la guerra comercial declarada por su presidente. De hecho, esta misma semana la administración Trump anunció ayudas por valor de doce mil millones de dólares a este sector, que ve con temor la prolongación de la guerra tarifaria y calcula pérdidas incluso superiores a la ayuda ofrecida por el presidente.

Otro de los puntos del acuerdo se refiere a la cooperación en materia de energía. La Unión Europea se compromete a comprar más gas natural licuado con el objetivo de «diversificar sus suministros de energía». De nuevo, Trump se salió del guión para anunciar que Europa «va a ser un enorme comprador». Posteriormente, sin especificar a quién se estaba refiriendo, Juncker añadió que la compra de gas americano «es un mensaje para otros». También acordaron comenzar a dialogar para reducir las trabas burocráticas, unir esfuerzos para proteger a las compañías europeas y estadounidenses, reformar la OMC (Organización Mundial del Comercio) y afrontar prácticas comerciales desleales, incluido el robo de propiedad intelectual.

Lo que de momento no parece inmediato, aunque forma parte de la voluntad de ambas partes, es la eliminación de los aranceles al aluminio y el acero que Estados Unidos empezó a aplicar el pasado 1 de junio y la eliminación igualmente de las «tarifas de represalia». Tal y como añadió Juncker en su breve intervención, que fue un repaso al compendio de acuerdos relatados por Trump, no se añadirán nuevos aranceles, aunque los ya establecidos seguirán vigentes mientras se mantengan las negociaciones. El presidente de la Comisión Europea se congratuló por haber logrado el que, según explicó, era su «única intención», la de lograr un acuerdo. «Y hoy hemos llegado a un acuerdo».

A falta de mayores concreciones, el pacto alcanzado entre ambas delegaciones en la Casa Blanca pone en suspenso la amenaza de Trump de subir hasta un 25% los aranceles a la importación de coches europeos, una medida que afectaría especialmente a Alemania, dado que la venta de coches supone el 28'4% de sus exportaciones a Estados Unidos.