El organista Jean-Pierre Leguay

Jean-Pierre Leguay, organista de Notre Dame: «El incendio me dolió como perder a un ser querido»

El compositor detalla a ABC el alcance de los daños sufridos por el instrumento

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MadridActualizado:

Jean-Pierre Leguay (Dijon, 1939), músico y compositor, es uno de los organistas titulares del gran órgano de la catedral de Notre Dame, un instrumento imprescindible para el templo y que se teme que haya sufrido daños. En esta conversación telefónica, Leguay explica cómo ha vivido el trágico suceso, encarando el futuro con esperanza y comparando los hechos con la pérdida repentina de una persona querida.

¿Qué daños ha sufrido el gran órgano de Notre Dame?

Es demasiado pronto para saberlo con exactitud. Parece que, según una o dos personas que han podido subir a la tribuna, el órgano está bastante bien protegido, pero solo lo parece por el exterior. Tenemos la impresión de que no se ha dañado, que no ha sido inundado por el trabajo de los bomberos, pero hay que saber cuál ha sido el impacto que el agua y el calor en el interior de la catedral han tenido sobre él. Hay que hacer investigaciones minuciosas y profundas para saber si no hay piedras caídas o agua. Hay cosas que todavía pueden caer, y hay que consolidarlas y hacer todo tipo de gestiones. Nos agarramos a la esperanza de que el órgano no haya sido gravemente afectado, pero tenemos que esperar a las próximas investigaciones para estar más seguros.

¿Va a participar usted en esas investigaciones?

En un primer momento, las investigaciones van a ser realizadas por fabricantes de órganos, los que realizaron su última restauración hace seis años, y luego por técnicos e ingenieros. Después, probablemente los organistas se unirán.

¿Cuándo nació el gran órgano de Notre Dame?

Es toda una historia. Es como si me pregunta cuál es el siglo de origen de la catedral. Sabemos que los trabajos para construir Notre Dame comenzaron y después hubo ampliaciones y una gran restauración en el siglo XIX, con Viollet-le-Duc. El órgano es parecido. Según los archivos, la primera mención a la presencia de un órgano en Notre Dame se remonta al siglo XIV. No queda nada de ese órgano. Luego ha habido otros, porque siempre ha habido en la catedral uno o dos instrumentos. El ancestro del gran órgano ha sido varias veces modificado, ampliado, restaurado. En el instrumento actual hay varias capas o estratos, como en un yacimiento arqueológico. Hay una parte del instrumento que es de finales del siglo XVII, otra más importante, del XVIII, y otra todavía más importante, del XIX, de la reforma de Viollet-le-Duc. Es un instrumento de gran calidad y de una homogeneidad admirable, como sucede con algunos edificios que en su origen son romanos y luego se amplían y tienen una parte gótica. Los diferentes estratos se han sumado unos a otros, pero sin convertirse en una yuxtaposición de elementos extraños.

¿Qué se siente al tocar el gran órgano de Notre Dame?

He pasado 30 años participando en todas las actividades. Es un instrumento extraordinario. He tocado para la liturgia y también para otras actividades musicales, como la grabación de discos o conciertos. También escribía mi propia música y trabajaba sobre nuevas partituras. Trabajaba durante la noche para estar tranquilo en la catedral. Por el día es imposible, porque con 13 millones de visitantes cada año, no se puede. Hay demasiada gente.

¿Ha tocado el órgano solo en la catedral, durante la noche?

Sí. Y mis colegas también. Cuando queremos trabajar tranquilamente, vamos a la catedral cuando está cerrada y no hay nadie. Trabajamos por la noche.

¿Cómo ha vivido el incendio?

Puede imaginarse. Como una cosa terrible, brutal. Como si acabaras de dejar a alguien. Toqué el órgano hace quince días. Es como si pasas tiempo con alguien, le conoces bien, y unos días después descubres que ha tenido un accidente de coche y ha muerto. Una relación se corta de forma total, brutal y cruelmente. Hay algo que se detiene.

¿Estaba Notre Dame en buen estado?

Notre Dame está muy cuidada. Hay trabajos continuamente, porque los edificios de este tipo siempre tienen algún problema. En París hay mucha contaminación, y el turismo, que está bien, para las piedras y las pinturas también es una contaminación. Pero la catedral estaba muy conservada.

¿Qué música tocaría en un momento como este?

Elegiría un movimiento lento, un adagio o un andante, de un concierto para piano de Mozart. Música muy meditativa y a la vez con mucha esperanza para el futuro.