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Elecciones europeas: fin de la hegemonía de la gran coalición en la nueva Europa del Brexit

Los corresponsales de ABC radiografían las campañas de las elecciones europeas en los cuatro grandes países de la Unión

Madrid | Berlín | París | Roma | BruselasActualizado:

En la noche del 26 de mayo dará comienzo una nueva era en la Unión Europea. Según los sondeos, por primera vez desde las primeras elecciones de 1979 los dos grupos hegemónicos, populares y socialistas, tradicional alianza en la Eurocámara en las decisiones estratégicas, no alcanzarán la mayoría absoluta y necesitarán el apoyo de otras familias políticas, hasta ahora de segundo orden.

En el debate de presidenciables de la Comisión celebrado el pasado miércoles en el Parlamento, el candidato principal de los socialistas, Frans Timmermans, abrió la puerta a una amplia alianza, «desde Macron hasta Tsipras», y a pactos para la lucha contra el cambio climático con la izquierda unitaria y los verdes. El próximo PE -que entre otras funciones se encarga de aprobar la legislación de la UE junto con el Consejo- va a estar mucho más fragmentado y la concurrencia final de los británicos hará no solo que los socialistas frenen su caída sino que el porcentaje de diputados euroescépticos ronde el tercio de los asientos. En las últimas elecciones, las formaciones nacional-populistas de Le Pen, Salvini, y compañía, no pasaron del 20% (de 751) y diseminados en grupos con intereses dispares.

Al contrario que hace cinco años, los «euroescépticos» ya no promueven la salida de la Unión tras el cenagal de las negociaciones del Brexit, sino amoldarla a sus intereses de forma más coordinada desde dentro. Fuentes europarlamentarias alertan de las consecuencias de un auge de estas fuerzas por encima de ese 33%, ya que podrían comprometer las decisiones que requieran mayoría cualificada: el nombramiento del presidente del PE, los comisarios y hasta la aplicación del artículo 7, el «botón nuclear» del bloque (iniciado contra Polonia) que prevé a largo plazo la suspensión del derecho a voto de un país cuando se constate una «violación grave y persistente» de los valores europeos recogidos en el Tratado de la UE.

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  1. El cambio climático, protagonista de la campaña en Alemania

    Las encuestas señalan que la CDU de Merkel obtendrá el 30% de los votos alemanes, en las europeas del 26 de mayo, y que será seguida por Los Verdes (19%) y los socialdemócratas del SPD (17%), pero todos los ojos están puestos en otro porcentaje, el 12% que los sondeos anuncian para Alternativa para Alemania (AfD), un partido abiertamente antieuropeo y que aspira a destruir la unión «desde dentro» y que amenaza incluso con sacar a Alemania del euro.

    El interés del electorado alemán por estos comicios europeos es mayor que nunca, un 56% dice estar «muy interesado» en respuesta al Politbarometer de la cadena pública de televisión ZDF, cuando hace cinco años esa misma respuesta llegaba solamente al 38%. Pero ese interés no lo suscita la presencia de AfD, sino el asunto que se ha hecho con el indiscutible protagonismo en la campaña electoral, que nos el otro que la lucha contra el cambio climático. Mientras AfD juega la carta del negacionismo, la CDU llama a la prudencia con carteles que dicen «salvad el diésel» y las manifestaciones de jóvenes cada viernes alimentan el voto verde.

    Estas europeas marcan en Alemania el punto de mitad de legislatura en el que la gran coalición acordó revisar su pacto de gobierno. La cláusula fue introducida como condición por el SPD, que se reservaba la carta de unas elecciones anticipadas tras la salida de Merkel de la política, pero la situación del Partido Socialdemócrata es desastrosa en las encuestas y no hace aconsejable esa opción para ellos. Merkel, por su parte, con este calendario en la mano, ha hecho sus deberes y ha ordenado una sucesión al frente del partido para que Annegret Kramp-Karrenbauer tome las riendas tanto de la Casa Konrad Adenauer como de la Cancillería de Berlín. El nuevo equilibrio de fuerzas en Europa determinará el siguiente paso a seguir y dará paso al preámbulo de la era post Merkel.

  2. Francia pierde peso e influencia en la Unión

    Los eurodiputados franceses estarán enfrentados a cara de perro, entre los que quieren reconstruir Europa (Emmanuel Macron) y los que la quieren destruir (Marine Le Pen), recortando una influencia nacional difuminada y «balcanizada».

    En el «reparto» de cargos (Comisión) que seguirá a la elección del PE, París corre el riesgo de ser víctima del nuevo «centro de gravedad» de la UE. Durante décadas, Francia fue el «centro» y obligada encrucijada entre la Europa del norte, y la Europa del sur, mediterránea. Con el tiempo y sucesivas ampliaciones, Alemania confirma su condición de «corazón» de Europa, cuando Macron ha conseguido enemistarse con toda Europa del este.

    Durante décadas, Francia pudo beneficiarse de la complicidad de Alemania para hacer pasar proyectos propios, «matizados» desde Bonn y Berlin. Se presentó así mismo como líder de la «reconstrucción» de Europa en su ya «legendario» discurso pronunciado en la Sorbonne el mes de septiembre de 2017. Los proyectos macronianos no han tenido el éxito esperado. Angela Merkel ha subrayado su alejamiento relativo. Consecuencia fatal: las ideas francesas sobre Europa se han quedado pasablemente estancadas.

    La campaña electoral europea ha dejado al descubierto nuevos campos de minas inflamables.

    Emmanuel Macron tiene escasos y poco influyentes aliados europeos. No es nada previsible que el grupo liberal tenga mucha influencia en el PE, donde conservadores y socialdemócratas seguirán siendo fuerzas muy sólidas.

    Marine Le Pen aspira a liderar o formar parte del liderazgo de los ultra conservadores europeos, a quienes se presta un peso muy creciente en el nuevo PE. Sus amistosas relaciones con Vladimir Putin quizá compliquen tales aspiraciones.

  3. Italia corre el riesgo de verse más aislado con los populistas

    Italia es uno de los países que más se juegan en estas elecciones europeas. Si las ganan los dos líderes populistas, Matteo Salvini, secretario de la Liga, y Luigi Di Maio, al frente del Movimiento 5 Estrellas, Italia se convierte en una especie de «Brexit» enmascarado, es decir, no saldrá de la Unión Europea, pero en la práctica corre el grave riesgo de verse aislada, junto a países como Hungría o Polonia.

    La campaña electoral se está desarrollado con una dura batalla entre Salvini y Di Maio, lo cual es llamativo porque ambos son socios en el gobierno de coalición. Pero al polarizar toda la atención sobre ellos, han oscurecido por completo al resto de los partidos que concurren a las elecciones. Solo se habla de sus luchas con muchos golpes bajos e insultos, porque está en juego quién domina la acción del gobierno y se hace con la mayoría del electorado. Tras las elecciones, se espera un escenario muy incierto porque en los próximos meses podría caer el gobierno. La campaña se ha centrado en la inmigración, bandera electoral de la Liga, y sobre la idea de Europa. Salvini ha manifestado que los puertos italianos estarán cerrados a los inmigrantes, asunto en el que se muestra radical hasta el punto de enfrentarse al primer ministro Conte: «Es una materia del ministro del Interior y no tomo en consideración órdenes de Conte».

    En cuanto a Europa, defiende que sería mejor volver a las reglas anteriores al Tratado de Maastricht del año 1992, poniéndose así contra la UE y la moneda única. Salvini ha manifestado que estaría dispuesto a superar la regla del 3 por 100 de déficit impuesta en Mastricht y a llegar al 140 por 100 en la deuda pública (actualmente está en el 132,5 %). Tales declaraciones crearon alarma en los mercados y la prima de riesgo se disparó hasta 290 puntos. En estas elecciones Italia se juega su imagen, con el riesgo de verse más aislada.

  4. El partido de Farage lo tiene todo para ganar e influir

    Cuando el Consejo Europeo acordó conceder al Reino Unido una última prórroga del plazo del artículo 50 hasta el mes de octubre, el presidente Donald Tusk le recordó a los políticos britanicos su mejor consejo: «Espero que lo sepan aprovechar». Tusk es de los que aún mantiene la esperanza de que el Brexit pueda ser revertido de alguna manera -«todo es posible», ha dicho varias veces- en contra de la contumacia de la primera ministra conservadora Theresa May que ha seguido batallando sin éxito por consumar la salida del pais de la UE y que se ha visto obligada a convocar las elecciones europeas a pesar de todo.

    Según las encuestas, el nuevo partido del Brexit fundado por el histriónico Nigel Farage va a obtener una gran parte de los 72 diputados que aún le corresponden a Gran Bretaña, incluso más que la suma de conservadores y laboristas, que para su desgracia son incapaces de acudir a las urnas con una posición clara sobre si son o no partidarios de salir de la UE ni han sido capaces de ponerse de acuerdo sobre qué hacer con el acuerdo de salida.

    El peso de ese recuento sobre los próximos pasos en la política británica será sin duda esencial. Y, viceversa, en Bruselas los eurodiputados británicos pueden jugar un papel no menos importante. En principio, la prórroga se ha diseñado para que haya un desenlace antes del 1 de noviembre, que es la fecha en la que entrará en funciones la próxima Comisión Europea. Pero a la hora de ratificar a quien será el sustituto de Jean-Claude Juncker o la elección del presidente del Parlamento Europeo, la presencia de eurodiputados británicos puede influir de forma determinante. En primer lugar porque los diputados pro Brexit pueden actuar como gamberros obstruccionistas y también porque se va a reproducir el desequilibrio que supone que los laboristas irán a sumar en el grupo socialdemócrata.