Obama, Clinton y Joe Biden, siguiendo en directo ayer la operación - WHITE HOUSE

Así cayó Bin Laden: «Geronimo, muerto en acción»

Fueron meses de preparación y sólo unos minutos de ejecución. En la Casa Blanca vivieron tensos momentos mientras seguían la operación protagonizada por los 79 soldados de élite americanos que mataron al terrorista más buscado

MADRID Actualizado:

La agonizante persecución de Osama Bin Laden siempre acabó con las manos vacías. Así fue durante años hasta que, el pasado mes de julio, agentes paquistaníes a las órdenes de la CIA siguieron a un Suzuki blanco por las calles de Peshawar, y apuntaron su matrícula. Uno de los hombres dentro del coche era el principal correo de Bin Laden, Abu Ahmed. La CIA siguió sus pasos. Por fin descubrieron el escondite del terrorista más buscado: una fortaleza en Abbottabad rodeada de muros y alambre de espino al final de una larga y sucia carretera a 56 kilómetros de Islamabad, la capital de Pakistán.

También le habían pinchado el teléfono. El equipo de la CIA encargado de liquidar al jefe de Al Qaida tenía claro que lo único que hacía vulnerable a Bin Laden eran sus mensajeros. Era demasiado inteligente como para dejar que soldados "rasos" de su red terrorista, o incluso altos mandos, conocieran su paradero. Aun así, el jefe supremo necesitaba alguien que llevara sus mensajes al exterior. Alguien a quien pudiera confiarle su vida.

Poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, varios detenidos confesaron a la CIA en sus cárceles secretas que existía un correo muy cercano a Bin Laden que respondía al nombre de guerra de Abu Ahmed. Cuando EE.UU. capturó al número tres de Al Qaida, Khalid Sheikh Mohammed, él mismo dijo conocer a ese hombre, pero negó que tuviera nada que ver con la red terrorista.

Tras la llamada y la matrícula del Suzuki blanco, en una oscura noche ocho meses después del pasado julio, 79 soldados de élite americanos a bordo de cuatro helicópteros entraron a la casa de Bin Laden. Hubo disparos. Uno de los helicópteros falló y no pudo despegar. Las autoridades paquistaníes esperaban órdenes de sus aliados en Washington mientras la fuerza de élite americana se apresuraba a acabar su misión e irse antes de que estallara un enfrentamiento directo. La operación se saldó con cinco muertos, entre ellos un hombre alto, con barba, que falleció de un disparo en la cabeza. Bingo. Ese hombre con el rostro ensangrentado era Bin Laden. Los americanos lo mataron 18 años después del primer atentado contra el World Trade Center de Nueva York, en 1993. Lo mataron sobre todo una década después del mayor atentado terrorista en la historia de EE.UU., el 11 de septiembre de 2001, cuando casi 3.000 personas murieron en directo, frente a los ojos de todo el planeta, en las torres gemelas.

Un miembro de los Navy Seals sacó una foto de Bin Laden muerto y se la pasó a un experto, que la introdujo en un programa de reconocimiento del rostro. Así acabó la más costosa y desesperante caza del enemigo público número uno de Occidente. Subieron su cuerpo a un helicóptero y lo llevaron hasta el mar para que nadie pueda encontrarlo jamás.

Redención, éxito, Historia

Redención, éxito y un capítulo asegurado en la Historia. Esas son las tres grandes conclusiones del final del terrorista saudí. Redención para los servicios de inteligencia americanos que, incapaces de dar con Bin Laden, han sido duramente criticados en la última década, con actos vergonzosos como sus interrogatorios en cárceles secretas. Éxito para los militares, que ya han entrado en su tercera guerra contra un país musulmán tras ver cómo sus soldados perdían la cordura en Abú Ghraib. Y un capítulo asegurado en la Historia para Barack Obama, que tiene pendiente el cierre de Guantánamo y cuya presidencia tocó el cielo en la noche del domingo, con su triunfal mensaje anunciando el dulce sabor de la venganza.

Según publica hoy la prensa estadounidense, las últimas semanas fueron una gran incógnita de escenarios negativos. “En todas las reuniones alguien siempre mencionaba el temido ‘Black Hawk derribado’, en referencia a la desastrosa batalla de 1993 en Somalia, cuando derribaron dos helicópteros americanos y murieron varios soldados en plena operación”, señala a The New York Times un alto funcionario de la Administración Obama. También falló la misión para rescatar a los rehenes secuestrados en Irán en 1980.

Tres opciones para matar a Bin Laden

Así, las opinones en la Casa Blanca se dividían entre quienes querían lanzar la operación y quienes pensaban que lo mejor era esperar, seguir monitoreando la casa de Bin Laden hasta asegurarse de que realmente estaba allí u optar por bombardear el lugar, corriendo menos riesgos. Al final Obama descartó bombardear (haría más daño y no podrían asegurarse que realmente alcanzaban a Bin Laden) y se decidió por el asalto de las fuerzas de élite Seals, con dos helicópteros siguiendo cada paso de los comandos en caso de que algo fallara.

Todo estaba preparado para el domingo por la tarde. Los militares en sus puestos en Pakistán. Los asesores de Obama en sus sillas en la "Situation Room" de la Casa Blanca, desde donde seguirían la operación. El director de la CIA en su cuartel general de Washington. La mayoría del tiempo lo pasaron en silencio. Sus rostros en la foto que ha dado la vuelta al mundo lo dicen todo: la cara de piedra de Obama, el gesto de preocupación de Hillary Clinton, la incertidumbre en la mirada del vicepresidente Joe Biden, con un rosario en las manos.

“Los minutos parecían días”, recuerda John O. Brennan, jefe antiterrorista de la Casa Blanca, que insiste en las "agallas" del presidente. Y recuerda: "Ahí teníamos a Bin Laden, viviendo en una mansión de más de un millón de dólares, en una zona muy alejada del frente. Esto nos puede dar una idea de lo falsos que han sido sus mensajes durante años".

«Geronimo EKIA»

Un examen de ADN también sirvió para asegurarse de que se trataba del líder de Al Qaida, comparando el ADN del muerto con el de su familia. Además, un funcionario de Defensa asegura que una de las esposas de Bin Laden identificó su cuerpo a las fuerzas americanas.

El nombre en clave de Bin Laden era “Geronimo”. Obama y sus asesores seguieron las explicaciones de Leon Panetta, el director de la CIA, a través de una videoconferencia desde su despacho al otro lado del río Potomac.

- “Han alcanzado el objetivo", dijo Panetta, para unos minutos después afirmar: “Geronimo EKIA” (Enemy Killed In Action; enemigo muerto en acción).

En ese momento se hizo el silencio en la Situation Room, hasta que el presidente lo rompió con dos palabras: "Lo logramos".