Un niño, en una de las camas del hospital Banadir de Mogadiscio - E. s. molano

Banadir, el hospital de la hambruna somalí

Medio centenar de niños ingresan cada día en el centro. «La realidad es dramática», reconoce uno de sus enfermeros

ENVIADO ESPECIAL A MOGADISCIO Actualizado:

Como a la mayoría de niños de su edad, la única preocupación vital de Omar Aden era el fútbol. Su campo de juego era infinito y sus sueños, también. Anoche, el joven fallecía víctima de malnutrición. Tenía solo siete años.

Quien debe poner voz a la historia es su madre: Hallim. «Hace doce días abandoné la localidad de Kuntuwarey (Lower Shabelle) junto a mis nueve hijos. La sequía era feroz y ya no teníamos nada que comer. Tres de ellos (incluido el pequeño Omar) se quedaron en el camino», asegura la joven a ABC.

Cerca de doce horas después de su fallecimiento, el cuerpo inerte del pequeño somalí descansa todavía en una cama del hospital Banadir, el mayor centro médico de Mogadiscio, la capital de Somalia. Su escasa familia -el padre falleció también hace diez días- no dispone de suficientes emolumentos para transportar el cadáver hasta el cementerio.

«[Las organizaciones internacionales y ONG] mandan tratamientos, pero no completos, ni de manera regular. Y apenas preguntan por nuestras necesidades», denuncia la doctora Lul Mohamud, directora del área de pediatría del hospital, quien asegura que -cada día- entre dos y tres niños mueren en el centro víctimas de malnutrición.

Awson Hassan conoce a la perfección esta historia. Hace tan solo unos días fallecía uno de sus hijos tras huir a la desesperada de la hambruna que sufre el sur de Somalia. Hoy, se obceca por la supervivencia del menor de ellos.

Más de 29.000 niños muertos

«Las milicias de Al Shabab no dejan a la población que abandone las zonas de sequía. Sin embargo, ya no tenemos nada que comer y el ganado se muere», asegura Hassan, quien cada día vela el cuerpo de su hijo, enfermo de sarampión. Los signos de malnutrición son igualmente visibles en su cuerpo.

Según estimaciones del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., más de 29.000 niños menores de cinco años han muerto en los últimos noventa días. De igual modo, desde enero, al menos 300.000 personas han abandonado el país huyendo de la sequía y los enfrentamientos armados.

«De mis doce hijos, cuatro han muerto y dos de ellos se encuentran en grave situación», asegura Moallid Mufo, un somalí que ronda la cincuentena. «No tenemos casa, ni familiares en la zona, estamos totalmente perdidos».

«La realidad es dramática»

En el hospital Banadir, la situación no es inusual. Como reconoce Abdi Haniz, uno de sus enfermeros, «cada día, entre 40 y 50 nuevos niños ingresan en este hospital. La realidad es dramática».

Sin embargo, los problemas no se limitan a la malnutrición. Según denunciaba este martes Naciones Unidas, de los cerca de 200.000 menores de edad que han emigrado a zonas urbanas o a los campos de refugiados fronterizos, tan solo el 30 por ciento se encontraba bajo algún régimen de escolarización. De igual modo, en dos de las regiones especialmente afectadas por la sequía (Lower Shabelle y Bay), se calcula que hasta el 50 por ciento de los maestros no volverán a sus puestos de trabajo cuando se inicie el nuevo curso escolar.

Porque acabada la hambruna, el futuro continuará hipotecado.