Imagen de Angela Merkel en un discurso pronunciado en septiembre de 2018
Imagen de Angela Merkel en un discurso pronunciado en septiembre de 2018 - AFP

Angela Merkel: la férrea líder de la Europa del siglo XXI

Canciller de Alemania desde 2005, ganó las elecciones por cuarta vez en 2017

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Angela Merkel, la mujer destinada a definir el cambio de siglo en Alemania y la Europa de las primeras décadas del XXI, llegó al poder por una suerte de azar político. Derribado su mentor, Helmut Kohl, por un escándalo de financiación ilegal del partido en el que la propia Merkel le propinó el empujón definitivo, sus colegas de la Unión Cristianodemócrata la vieron como un personaje de transición al que enviar a unas elecciones que no esperaban ganar. No se percataron de ciertas características de su figura política que no solo arrebatarían el poder a los socialdemócratas de Gerhard Schröder, sino que además conectarían con el electorado alemán en una especie de relación materno-filial durante cuatro legislaturas seguidas, características marcadas sin duda por la infancia y juventud de la joven procedente de la Alemania del Este. Su formación científica y pragmática, y su recta moral cristiana, digna de una hija de un pastor protestante que creció en el entorno hostil comunista, proporcionarían a los alemanes una sensación de seguridad política incluso en los momentos de mayor incertidumbre.

Angela Merkel se presentó a las elecciones de 2005 en sustitución de Helmut Kohl, descartado por un escándalo de financiación ilegal, y las ganó, como recoge ABC en su portada. Desde entonces no ha abandonado la cancillería.
Angela Merkel se presentó a las elecciones de 2005 en sustitución de Helmut Kohl, descartado por un escándalo de financiación ilegal, y las ganó, como recoge ABC en su portada. Desde entonces no ha abandonado la cancillería.

Merkel no tenía anclajes en ninguna de las familias conservadoras alemanas, pero forjó desde el principio una complicidad personal, basada en el respeto mutuo, con el que había sido mano derecha de Helmut Kohl, Wolfgang Schäuble. Resultó un matrimonio político estable. Juntos relanzaron la economía alemana, que en otoño de 2005 llevaba tres años incumpliendo el Pacto de Estabilidad europeo y sobrepasando el límite de déficit del 3% del PIB. Hoy Alemania recibe reprimendas del FMI por su excesivo superávit y disfruta de una de las mejores calificaciones de deuda del mundo.

En el plano internacional, la debilidad de Francia catapultó a Merkel a un liderazgo europeo que mantuvo con mano férrea las políticas de austeridad y reformas estructurales incluso en los años más duros de la crisis del euro. En un momento en que la UE se jugaba su existencia, Schäuble mantuvo hasta el final el pulso contra el griego Varoufakis en el Eurofin.

La del euro y los rescates, con su «no hay alternativa», fue solo una de las crisis superadas por Merkel. En la financiera de 2008 garantizó a los ahorradores: «Su dinero está seguro en el banco». Tras la de Fukushima, legisló el abandono exprés de la energía nuclear en Alemania. Tras el Brexit, que «significa Brexit», llegaron la del diésel, en la que se puso del lado de las empresas alemanas, y la de los refugiados, en la que convenció al país de que «podemos conseguirlo». Su último reto, todavía por resolver, es el ascenso de un partido populista y antieuropeo que ha devuelto al Bundestag a bochornosos momentos. De momento, Merkel opta por ignorarlos.