Una tunecina reza junto al mausoleo de Mohamed Bouazizi, el joven vendedor de fruta cuya inmolación desató la Primavera Árabe - afp
opinión

El Nobel de Túnez, recompensa a una cultura de consenso escasa en el mundo árabe

El premio no será una vacuna contra los enemigos de este precedente democrático, fuera y dentro del país, pero sí un espaldarazo para avanzar en la buena dirección

Actualizado:

En medio de tanta mala noticia que llega del mundo árabe, Túnez ha vuelto a ser un foco de esperanza y ha mostrado una vez más el camino que deberían seguir sus vecinos. La concesión del premio Nobel de la Paz 2015 a los artífices de la única transición democrática surgida del «despertar árabe» tiene un elevadísimo valor simbólico.

El galardonado Cuarteto de Diálogo Nacional tunecino (formado por el sindicato UGTT, la Patronal, la Liga Tunecina de Derechos Humanos y la Orden de Abogados) evitó el colapso de la transición democrática en ese país en varios momentos críticos desde 2013. Esas organizaciones de la sociedad civil mostraron gran sabiduría y pragmatismo al tender puentes para el diálogo y la negociación entre rivales políticos enfrentados antes de que fuera demasiado tarde.

El inesperado Nobel tunecino es la merecida recompensa a una cultura del consenso, el compromiso, la inclusión y el pluralismo que tanto escasea en muchos países árabes. Túnez fue el primero de ellos en derrocar a un dictador de forma pacífica, en celebrar elecciones libres y competitivas y en redactar una Constitución democrática y laica salida del consenso.

Semejante reconocimiento debería servir de aliciente para que la propia sociedad tunecina consolide sus logros. También para que los países democráticos -empezando por los europeos, incluida España- hagan mucho más para apoyar a la única democracia árabe frente a las principales amenazas que la acechan: el descontento social que puede surgir del estancamiento económico y la violencia terrorista. Hasta ahora se han quedado demasiado cortos.

Túnez es el ejemplo de que la democracia puede calar en una sociedad árabe desde dentro. Por ese mismo motivo tiene numerosos enemigos, dentro y fuera, que no quieren que ese país sirva de precedente democrático en su entorno. El Nobel de la Paz no será una vacuna contra los peligros, pero sí un espaldarazo para avanzar en la buena dirección.