Una mujer ondea una bandera tunecina durante la jornada electoral de ayer
Una mujer ondea una bandera tunecina durante la jornada electoral de ayer - afp

¿Por qué Túnez logra seguir enarbolando la bandera de la Primavera Árabe?

La guerra en Siria o Libia, el golpe militar en Egipto o la inestabilidad en Yemen afianzan al país magrebí como única esperanza de esas revoluciones

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Los colegios electorales cerraron este domingo tras los comicios parlamentarios en Túnez sin una participación masiva pero, lo que no es menos importante, sin que se registraran atentados o incidentes de consideración. El país que abriera en diciembre de 2010 la espita de lo que acabó conociéndose como Primavera Árabe es el único país sacudido por ese movimiento donde la transición parace estar superando los numerosos obstáculos que tenía por delante.

Solo mirar a las guerras en Siria o el vecino libio, la vuelta al pasado que supuso el golpe militar en Egipto contra los Hermanos Musulmanes o la inestabilidad trufada de amenaza terrorista en Yemen es suficiente para que el país magrebí se afiance como la esperanza de ese movimiento revolucionario.

Túnez, a diferencia de Libia, ni siquiera se ha planteado prohibir el regreso a la escena política de antiguos hombres fuertes del régimen del depuesto Ben Alí. Algunos de ellos comparten incluso formación política (Nidá Tunis) junto a opositores históricos.

Esa macedonia que supone Nidá Tunis protagoniza el espectro electoral junto a los islamistas moderados del partido Ennahda, liderado por Rachid Ganuchi, un opositor que regresó aclamado del exilio nada más escapar Ben Alí a su refugio en Arabia Saudí.

Ennahda venció en las urnas en las primeras elecciones libres de las que disfrutó el país desde su independencia en octubre de 2011, cuando se eligió la Asamblea Constituyente. Pero la inestabilidad en los meses siguientes, con presiones de células del entorno de Al Qaida o de los yihadistas de Ansar Sharia y hasta el asesinato en la capital de dos conocidos opositores de izquierda, llevó a los islamistas moderados a dejar paso a un Ejecutivo provisional guiado por tecnócratas.

Esa es una de las claves para entender por qué Túnez no ha soltado las riendas de la transición. Es más, el propio Ganuchi, aun siendo consiciente de su influencia, aseguró en mayo a ABC en una entrevista que nunca se va a postular como presidente.

Las parlamentarias de este domingo y las presidenciales del próximo 23 de noviembre será claves para que el país magrebí logre afianzar esa transición hacia la estabilidad democrática y que aquellos que salieron a la calle contra el régimen de Ben Alí, que nunca ocultó su animadversión a los islamistas, se den por satisfechos.