Obama durante un acto el pasado lunes
Obama durante un acto el pasado lunes - reuters

Los republicanos toman la delantera a los demócratas con vistas a las legislativas en EE.UU.

El Partido Republicano logra más visibilidad en la campaña gracias, principalmente, al desgaste de Barack Obama

laura riestra
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No es un buen momento para Barack Obama. Cuando se produjo su primera elección, en el año 2008, fueron muchas las expectativas que se pusieron sobre «el primer presidente negro» de la historia estadounidense. Tantas, que resultaba casi imposible imaginar que, seis años después y con su último mandato ya terminando, titulares como « la popularidad de Obama cae a niveles mínimos», «Obama, peor presidente que George W. Bush», iban a ser los que acompañarían a su persona.

Se le ha criticado hasta la saciedad por un «no liderazgo» en el panorama internacional, acusándole de provocar que Estados Unidos haya dejado de ser la primera potencia y de haber permitido el actual avance yihadista y su objetivo de instaurar un califato islámico. Su tan ansiada reforma sanitaria no hace sino encontrarse con múltiples trabas que hacen que nunca terminen de verse sus logros y sí las dificultades que afronta y, pese a los últimos buenos resultados del paro -que se ha situado en niveles que no se veían desde 2008-, los electores no ven detrás de esa mejoría, que se extiende al crecimiento económico, a su actual presidente. De ahí que, tal y como apunta Cristina Crespo, directora de Proyectos del Instituto Franklin-UAH, parece que, pese a que Obama «era un perfil necesario y necesitado en la Casa Blanca, no ha llegado a cumplir las grandes expectativas que generó».

Conscientes de este panorama, los republicanos no han perdido el tiempo y buscan su primera «venganza» en las próximas elecciones legislativas del 4 noviembre. En ellas, si se cumplen las proyecciones, lograrán hacerse con el control del Senado, actualmente de mayoría demócrata. Esta cita electoral se celebra cada dos años y es tradicionalmente difícil para el partido del mandatario de turno, pero esta vez el contexto en el que se celebra hace todavía más complicado que el partido de Obama salga airoso: «Las «Mid-Term» se anticipan como un castigo al presidente Obama, pues no solo parece que cuenta con menos apoyo electoral de base, sino que además los propios candidatos demócratas se distancian de su líder y sus políticas sociales, intentando así no perder fuerza en el Senado», apunta Crespo.

«Los dos últimos años de su mandato serán para Obama un verdadero infierno si no cuenta ni siquiera con el Senado», señaló Larry Sabato, de la universidad de Virginia, que analiza semanalmente las evoluciones del mapa electoral en «Crystal Ball». Otro dato: según una encuesta de la consultora Quinnipiac de enero, de la que se hace eco la agencia AFP, el 66% de los estadounidenses tiene una mala opinión de los legisladores del partido del presidente. De ahí que, con el objetivo más inmediato centrado en el próximo 4 de noviembre, el Partido Republicano tenga puesta en marcha, desde hace tiempo, su maquinaria electoral con vistas a las elecciones de 2016.

Lo que está en juego ya

«La campaña nunca acaba, pero para ninguno. Quizá es cierto que puede parecer que los republicanos llevan ventaja ya que las «Mid-Term» les están ayudando a mejorar su campaña y visibilidad, pero todos piensan en 2016», explica Crespo, quien añade que, además, el Tea Party «ha resurgido como un movimiento extremo entre los conservadores republicanos», algo promovido también por los jóvenes del partido y que ha provocado que por eso «suenen más. «Candidatos jóvenes como Marco Rubio simpatizan con este movimiento».

Eso sí, evidentemente aún queda mucho por hacer y hasta que se conozcan los dos nombres definitivos de los candidatos que lucharán por llegar a la Casa Blanca pueden pasar muchas cosas. «En EE.UU. no existe un límite de tiempo para presentarse como candidato a la presidencia. En este momento no hay confirmado ningún candidato, pero es probable que en el primer trimestre de 2015 comiencen a presentarse tanto en el partido demócrata como en el republicano. Por otro lado, hay casos como el de la demócrata Hillary Clinton que lleva meses insinuando su candidatura», explica Crespo.

Nombres republicanos

Precisamente Clinton ha sido una de las que ha protagonizado un sonado distanciamiento con la política de Obama, dejando claras sus diferencias, en forma de memorias, con el presidente de Estados Unidos. Detrás de ello, son muchos los que han visto el primer gran paso hacia la oficialidad de su candidatura, algo que ella sigue sin confirmar ni desmentir. Eso sí, como apunta Crespo, «lo positivo de esto reside en que Hillary capte todas las atenciones de los medios y que genere la expetación que en su día pudo generar Obama». «El problema es que esta expectación se centre únicamente en responder a esta pregunta (si se presentará o no) y que repercuta en el interés de los votantes cuando esta se sepa. Entonces es cuando podrían surgen candidatos demócratas distintos, más jóvenes probablemente».

El caso republicano no es el mismo que el demócrata puesto que cuentan con un nutrido elenco de posibles candidatos, más de una veintena, jóvenes y, por lo general, extremadamente conservadores. «En las últimas elecciones el Partido Republicano demostró haber olvidado completamente el voto de las minorías. De modo que el candidato perfecto sería muy conservador e hispano. En estos momentos el partido ha demostrado que está dividido. Las políticas sociales de Obama también han ayudado a reforzar el frente más conservador y tradicional y esto es lo que están buscando también los votantes republicanos. Por ello, opino que es probable que elijan a un candidato con este perfil».

Eso sí, pese a que no hay claras apuestas, sí hay dos nombres que suenan con fuerza: Marco Rubio y Ted Cruz. «Marco Rubio es un candidato con un gran potencial; muy conservador e hispano. Sin embargo, le queda mucho por aprender y no sé si tendrá tiempo en los próximos años. Su juventud en este sentido va en contra debido a su falta de experiencia. Cruz tiene un perfil más senior y podría ser un gran candidato, pero no nos olvidemos de otros nombres como Jeb Bush. Ya sabemos que tradicionalmente los clanes familiares en la política norteamericana perduran. Así tendría algo en común con su posible contrincante y estaríamos ante un «Clinton vs Bush de nuevo», concluye Crespo.